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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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URUGUAY
ALPUY
Tacuarembó (Uruguay)
29 de enero de 1919
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ELBIO
BERGALLO
Paysandú (Uruguay)
29 de diciembre de 1918 |
JORGE
CENTURIÓN
Entre Ríos (Argentina)
6 de setiembre de 1916
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MARÍA
FREIRE
Montevideo (Uruguay)
7 de noviembre de 1917 |
"TOLA"
INVERNIZZI
Montevideo (Uruguay)
21 de setiembre de 1918 |
ANTONIO
LISTA
Montevideo (Uruguay)
24 de octubre de 1910 |
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ANDRÉS
MONTANI
Lavalleja (Uruguay)
29 de junio de 1918
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AMALIA
NIETO
Montevideo (Uruguay)
3 de agosto de 1910 |
JAVIER
NIEVA
Madrid (España)
3 de diciembre de 1915
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ALCEU
RIBEIRO
Artigas (Uruguay)
13 de diciembre de 1919 |
FRANCISCO
SINISCALCHI
San José (Uruguay)
10 de agosto de 1914 |
ALFREDO
TESTONI
Montevideo (Uruguay)
1º de junio de 1919 |
Texto
curaturial
Mi
reconocimiento y mi homenaje a los maestros Uruguay Alpuy. Elbio Bergallo, Jorge
Centurión,. María Freire, Tola Invernizzi, Antonio Lista, Andrés
Montani, Amalia Nieto, Javier Nieva, Alceu Ribeiro, Francisco Siniscalchi y
Alfredo Testoni y a través de ellos, a toda la generación que
ellos representan, sin discriminación de posturas ni de edades.
A
las puertas de los tan mentados nuevo siglo y nuevo milenio sería ideal
un instante de reflexión respecto de la forma de abordar este tiempo
que se anuncia. Sin duda las generaciones más jóvenes asumirán
la experiencia sin transición, puesto que el ritmo acelerado de cambios
en el que se han gestado como individuos relacionados con el mundo los ha condicionado
a la pérdida de su capacidad de asombro. Un criterio general de consagración
de lo nuevo como valor en sí mismo ha regido desde hace algunas décadas,
lo cual ha traído corno consecuencia la revelación y el eclipse
vertiginoso de las novedades que, sucesivamente, son reemplazadas por otras
novedades, siendo éstas con frecuencia sólo reciclajes de lo que
fue real innovación hace mucho tiempo. Más allá de esos
rápidos procesos, se desarrolla la lenta pero segura acción del
tiempo histórico que, ignorando la persistente labor de los media, discrimina
implacable lo eventualmente anecdótico de lo perdurable.
Por otra parte el vivir enseña a ver
y la proyección de distancia hace a la mirada más abarcativa.
El tiempo elimina las especulaciones, dando certezas. El resultado de las
experiencias no es acumulativo; la sumatoria no produce adición de
adyascencias, sino un resultado final que tamiza, mezcla, depura y se distancia
de sí mismo para observarse a la luz del propio y subjetivo tiempo
transcurrido. El presente entonces, pierde pie sin la existencia del pasado:
la anulación de un hecho del pretérito más remoto haría
caer en forma concatenada una serie de eventos sucesivos hasta llegar al presente,
a la manera de naipes que, empujándose unos a otros, se desmoronaran
en secuencia.
La máxima "Estamos parados sobre
los hombros de gigantes" me ha parecido siempre la expresión de
una realidad cada vez más tangible. El mundo se yergue sobre sus titanes
y ve más lejos: la dimensión, la capacidad movilizadora, la
fuerza persistente y la voluntad inquebrantable hace de ellos mitos ejemplarizantes.
Los personajes míticos permanecen en el imaginario de los hombres,
enriquecidos de anécdotas que se convierten en leyendas y de obras
que devienen objetos sagrados. La imaginación transmuta en entelequias
lo consagrado por el tiempo y aun por la ausencia física.
Sin embargo, existen mitos asequibles pues,
consagrados por el tiempo, aún luchan por resolver y viabilizar su
inquietud de creación, tal vez la máxima: el arte. Nuestro cotidiano
nos privilegia con la presencia de nuestros propios titanes. El haber marcado
hitos en la plástica nacional a través de décadas, habiendo
representado en muchos casos a las vanguardias; el ser los jalones con los
cuales nuestros artistas recibieron mucho camino andado, pero fundamentalmente
el de ser referentes ineludibles, faros a la manera de Baudelaire, les confiere
calidad titánica. Hombres y mujeres, maestros no por derecho de veteranía,
sino por haber estimulado mundos creativos en sucesivas generaciones jóvenes,
siendo ellos mismos luchadores incansables en pos de la develación
de su propia verdad, permanentes empecinados en su labor creativa. La búsqueda
constante es la justificación de la vida de cada individuo. Rubinstein
tenía noventa años cuando renovó su contrato como director
musical en la Unesco y Miguel Angel emprendió a pintura del Juicio
Final siendo octogenario. Siempre he pensado que el artista es un creador
compulsivo, lo es voluntariamente, pero también a pesar de sí,
lo cual lo convierte en un seguidor obediente de su propio genio sin que existan
óbices. Pintura, escultura, gráfica, fotografía, los
lenguajes son desafíos para el grupo de los grandes empecinados.
Lamentablemente Oriente se ha convertido en
una caricatura mediatizada para consumo masivo, pero su premisa de veneración
hacia la sabiduría de los mayores debería tener valor universal
. Comentó una de las artistas homenajeadas: "ser viejo no es ningún
mérito", sin embargo la vida de un artista, si larga y proficua,
mira el pasado, el presente y el futuro como uno continuidad creativa, y torna
a su obra en factor decisivo para la construcción y definición
de una cultura.
Debo confesar que no fue tarea fácil
el delimitar en las dos primeras décadas del siglo un homenaje a artistas
"grandes" y "empecinados", período temporal estanco
y arbitrario, puesto que, bordeando el límite, quedaban excluidos artistas
que admiro tanto como a los invitados, pero el ampliar la franja etaria hubiera
desbordado la capacidad del espacio predestinado a la muestra Por otra parte,
la localización o la comunicación con varios artistas comprendidos
en las premisas resultó imposible en razón de distancia y sin
existencia de mediación, en tanto otros artistas han abandonado su
labor en pos de otros valores entendidos como prioritarios. A los ochenta
y seis anos en oportunidad de su última gira, el Maestro Segovia anunció
su retiro confesando: "la guitarra está cansada".
Estos doce artistas pertenecen a una generación
que hizo su entrada triunfal en los años 40, manteniendo medio siglo
después una constante de calidad productiva, conscientes del rol que
el arte desempeña en sus vidas, aunque lo bastante humildes en el retacear
del rol que su arte ha desempeñado en las vidas de otros artistas.
Una importante generación de plásticos que se manifestó
en inquietudes abstractas y figurativas; que nucleó a artistas en el
Taller de Torres García, definitivamente instalado en Montevideo desde
1934; en destacados Grupos ("Carlos Federico Sáez", "Los
Ocho", entre otros) y que vio el nacimiento de hacedores que hablaron
de sí mismos y de su visión del mundo en forma solitaria. Más
allá de la discriminación simplista entre figuración
y abstracción, diríamos que los criterios de enfoque o de concepción
del mundo variaron de lo universal a lo particular. El Taller de Torres García
adoptó pautas estéticas universalistas en iconografía
americana, sentando los bases de un arte nacional que aún hace escuela.
El concretismo llevó la abstracción a sus últimas consecuencias:
despojo de subjetivismo y búsqueda netamente plástica de trasfondo
filosófico. Otros artistas cultivaron y desarrollaron su obra a partir
de la realidad o de su realidad, logrando asimismo una excelencia dentro de
las metas propuestas. También esta protoclasificación podría
caer en el esquematismo, si no se considerara que la búsqueda de un
artista conduce a su iconografía por caminos imprevisibles y que las
etiquetas son compartimientos estancos que no responden generalmente a la
realidad del Arte, aunque no es ocioso recordar la existencia de creadores
que no agotan una línea de investigación en el lapso de una
vida, produciendo variaciones a manera de enriquecimiento de un mismo universo.
Si la influencia de Europa fue grande y varios
de estos artistas se formaron con maestros de ese continente, no es menos
cierto que la incidencia del medio espacio-temporal Latinoamericano tenía
un peso real y aún no se producía el fenómeno de la globalización
y su deificación de los massmedia como negadores de la identidad.
Los he entendido como representativos de una
importante faceta de nuestra cultura, considerando que su prestigio obvia
mayores comentarios, dando por implícita la poderosa imagen visual
que la obra de cada uno de ellos evoca. Consideré que no necesitan
presentación y que un curriculum resultaría redundante, dado
el peso especifico de cada nombre. Un pequeño cónclave de mitos
asequibles, ésos que respondieron a la invitación con un: "¡Con
mucho gusto. Muchas gracias!"
Escuché a un joven extranjero asombrarse
ante un fenómeno de la cultura uruguaya: los artistas deben hacer acto
de presencia en forma periódica, pues de lo contrario se los olvida.
Pensé que si estos artistas de larga trayectoria viven en sus mitos,
sería una suerte de paradoja que se los congelara en un pasado del
que sólo pueden volver para soltar un par de máximas y enseñanzas.
Nuestro tiempo ha aprendido a valorizar a los jóvenes dándoles
oportunidades de difusión y reconocimiento, razón ampliamente
justificada que no debe implicar, sin embargo, el olvido de la casi totalidad
de los artistas que trascienden la cuarentena. Creo en el crecimiento de cada
artista a través de la búsqueda permanente que no se agota ni
merma con el transcurrir del tiempo, siendo el caso de los artistas de quienes
hoy se trata, el de actores-testigos del Uruguay modernista y del Uruguay
posmoderno, lo cual los convierte en gigantes con suficiente visión
proyectiva como para abarcar un período de más de medio siglo
de arte nacional. Sería atinado por parte de los jóvenes el
escucharlos con atención, para una prudente toma de conciencia de que
nuestra historia del arte no comienza en los años 70.
Una muestra de excepción para disfrutar
de los mitos-artistas, grandes por derecho y empecinados por ineludible compromiso
consigo mismos. Un humilde homenaje a todos quienes construyeron una etapa
fundamental del arte nacional y aún pugnan por dirimir su lucha interior
con el demonio de la creación.
MARIA E. YUGUERO