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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Gerardo Acuña
1987- Ingresa al Taller de Clever Lara
1988- Ingresa la IEC. Estudia CT de Arquitectura.
1996 a la fecha- Dicta clases de dibujo y pintura en su taller Libertad Libros.
1998- Ingresa como ayudante en el Taller de Clever Lara
EXPOSICIONES COLECTIVAS:
· 1993- Museo abierto San Gregorio de Polanco - Obra Mural Taller Clever Lara.
· 1994- Treinta pintores uruguayos - Galería "Corriente Alterna"- Lima, Perú.
· -Segunda obra mural San Gregorio de Polanco- Tanque de OSE- Taller Lara.
· -Colonia del Sacramento.
· 1995- "Tres Jóvenes Artistas"- Galería Libertad Libros.
· Paseo de la Matriz.
· "20 Años del Taller Lara" Atrio Municipal.
· Subte Municipal.
· 1997- "Gente en Obra 2" Taller Lara, LATU
· -"Integrarte" Bienal de Paso de los Toros Tacuarembó.
· "Por los Derechos de los Niños en Uruguay" Galería Latina, UNICEF-
· -"Premio Philips" Museo Memorial de América Latina, San Pablo- Ecuador.
· 1998- "Caras y más Caras" Asociación Cristiana de Jóvenes.
· 2000- "Carlos Federico Sáez" MTOP., Beca Batuz
EXPOSICIONES INDIVIDUALES:
· 1993- Museo de Arte Moderno Palacio Gallino, Salto-Uruguay.
· 1997- Galería Libertad Libros.
"En sus remotas páginas (del Emporio celestial de conocimientos benévolos)
está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador,
(b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos,
(g) perros locos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como
locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello,
(l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen
moscas."
Jorge Luis Borges (Otras inquisiciones. El idioma analítico de
John Wilkins)
Si bien Gerardo Acuña experimenta una especial
atracción por el tema de los bestiarios simbólicos y moralizantes del Medioevo,
la creación de su zoo imaginario no parece corresponder a las antiguas premisas,
sino a una personal concepción axiológica, más próxima a Borges que a la ética
cristiana.
Asociados al Apocalipsis y a la Leyenda Dorada
(relatos de vidas de santos casi desconocidos), los Bestiarios surgen durante
el Paleorrománico como representaciones (esculturas o ilustraciones) de animales
reales o imaginarios, símbolos de vicios repudiables a los ojos de la Iglesia
o de virtudes ejemplarizantes. Estas bestias, herederas de las mitologías,
se constituyeron en tratados no sólo alegóricos sino misceláneos e iconológicos,
al modo de la literatura de emblemas. A lo largo de la historia poblaron de
gárgolas el exterior de las catedrales góticas, encarnaron instancias de la
alquimia y de las tradiciones esotéricas, protagonizaron historias sagradas,
fábulas, cuentos infantiles, novelas, relatos de viajeros, leyendas folklóricas,
narraciones de Poe, Borges, Cortázar, entre tantos otros escritores y se consagraron
en vedettes del cine de terror desde el hombre lobo y el Conde Drácula, hasta
los personajes de "La Isla del Dr. Moreau", Allien y los Gremlings. Animales
reales en pie de igualdad con dragones, salamandras, basiliscos, fénix, unicornios
han sido portadores de mensajes más o menos auspiciosos, más o menos adventicios,
más o menos crípticos.
Acuña admira este imaginario en su expresión
medieval: creatividad desbordante, crédula ingenuidad, formas caprichosas,
colores restallantes en las miniaturas, sesudas y éticas clasificaciones de
lo mítico, representaciones maniqueas de lo espiritual paradisíaco o lo infernal
demoníaco. Sus bestias, sin embargo, no ventilan cualidades o defectos, no
alardean mensajes, no se agitan o contorsionan, no encarnan impúdicamente
el pecado del color restallante o de la forma sensual. Tampoco intentan enseñanzas
o advertencias: sólo están allí, ordenados en tres series que definen actitudes
psicológicas humanas, la espera, el sueño y lo inquietante. Animales de posturas
esquivas, sin ojos que permitan leer intenciones, descifrar caracteres o discernir
pensamientos. Sin embargo, parafraseando a Borges, se podría decir que este
zoo está conformado por una sola categoría de huéspedes: "animales sin ojos,
que esperan". La absoluta mayoría exhibe indiferente al contemplador el mismo
pelaje (o plumaje) de color celeste agrisado, parcialmente rayado. Bípedos
o cuadrúpedos, el rasgo es irrelevante, tanto como la perspectiva más o menos
abarcativa de animales inidentificables, a veces visualizados o contenidos
en un gran plano cinematográfico del detalle (pars pro toto). Esta óptica
heterodoxa, elegida con una inexplicable escala de valores, parece concretar
una intención de carácter oscuramente semántico y atractivamente plástico:
textura pictórica del tronco, cuello o quizá fragmentos indiscernibles de
un animal imposible.
Espacios delimitados dentro del plano bidimensional
desempeñan roles estrictamente formales, rectángulos símiles de cuadros dentro
de cuadros, aunque en ocasiones esas formas contengan a otros animales no
totalmente desvinculados de los ubicados en primer plano, quizá de hecho en
complicidad. Estas bestias zancudas e imposibles son sin embargo tratadas
como reales, puesto que volumétricas en su respuesta a una luz mortecina y
agrisada acorde al contexto. Simples en su turgencia, diríanse formas henchidas
de aire que se disuelven etéreas en sus extremos o zonas periféricas. Sin
duda estos seres inquietantes resultan en su incógnita especialmente atractivos
por tributarios de una labor de oficio determinante de estos efectos. El artista
hace a la postre de sus animales pretextos para un despliegue de pinceladas
estrictamente ordenadas, cortas, largas, paralelas, entrecruzadas; de esfumados;
de fundidos; de texturas resultantes de complejas redes de confluencias y
divergencias, generando dinamismos que contradicen la actitud pasiva de las
bestias. Los fondos sobre los que se recortan las criaturas están planteados
en términos abstractizantes, manteniendo los tonos grises, celestes, verdosos,
azules, acerados (sólo ocasionalmente cálidos), que deslizan en chorreados,
enfatizando de esa forma la ficción de la narrativa. Sólo algún toque blanco,
rojo o una difusa tonalidad rosa cumplen roles compositivos rompiendo la monotonía
del color frío. Por doquiera el estatismo, la monocromía, la ceguera, la indiferencia
hacia el observador.
Algunas obras de pequeño porte, de por sí más
intimistas, se resuelven con frecuencia en imágenes de animales que no parecen
esperar intrigantes o soñadores en un contexto austero y cabal, sino se diría
responden a una búsqueda de mayor belleza formal tal vez por inscribirse en
espacios algo menos claustrofóbicos, suerte de paisajes atrabiliarios. Una
profusa aplicación de claridad en líneas, punteados, evanescencias generando
un clima onírico (sólo parcialmente buscado en las obras de mediano porte)
resignifican a los animales en constelaciones de luminiscencias intermitentes
y remotas. El formato reducido permite a Acuña una expresión natural más cómoda,
tal vez debido a su propia su modalidad circunspecta, poco propensa a la grandilocuencia,
si bien tampoco los animales representados en mayor tamaño incurren en arrogantes
prosopopeyas, sino que mantienen un inquietante silencio preñado de revelaciones
en compás de espera.
Es prerrogativa de su creador el conocer la
razón de la espera de sus criaturas y el fijar el momento de satisfacción
de sus expectativas, aunque estas instancias no tengan carácter de certezas.
Gerardo Acuña crea un moderno bestiario, expresión de sí mismo y de sus obsesiones,
tratándose de un mundo que él ha desarrollado durante años. La visita a este
zoo provoca desazón, habida cuenta del hermetismo de estos personajes, que
no parecen tener la más mínima intención de comunicar razones al espectador,
pero en compensación éste tendrá la posibilidad de acercarse a una nueva galería
de bestias concebidas en el contexto de las sociedades contemporáneas, no
ejemplarizantes sino tal vez testimoniales de una expectativa de cambio, actitud
francamente positiva en un tiempo de hedonismo conjugado en un eterno presente.
María E. Yuguero