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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Federico Arnaud
1970 Nace en Salto (Uruguay)
Taller de Dibujo y Pintura con el maestro Daniel Amaral (Salto-Uruguay) 1988
/ 1990
Taller de Pintura con el maestro Clever Lara (Montevideo-Uruguay) 1991 / 1994
Taller de Escultura con el maestro José María Pelayo (Montevideo-Uruguay)
1991 / 1997
Formación en Artes Plásticas, 2º año en la Escuela
Nacional de Bellas Artes (Universidad de la República Oriental del
Uruguay) 1993 / 1994
Profesorado en Comunicación Visual, 2º año Instituto de
Profesores "Artigas" (Uruguay) 1994 / 1996
EXPOSICIONES INDIVIDUALES:
1995 «Vestigios» Museo de Arte Contemporáneo (Montevideo, Uruguay)
1998 «Los Martirios del Corazón» Colección Engelman - Ost (Montevideo, Uruguay)
2000 «El juego de los milagros», Museo de Arte Americano de Maldonado, (Uruguay).
«Ternura non cotizo», Centro Cultural La
Paloma, Uruguay.
2001 «Modus Vivendi», Sala de Arte "del Paseo" (Montevideo, Uruguay).
2002 «El cuerpo del Pan», Le Pavè dans la Mare (Besançon, Francia)
2003 "Paisajes", Sala "Carlos F. Sáez" MTOP (Montevideo, Uruguay)
PRINCIPALES EXPOSICIONES
COLECTIVAS:
1993 Evento Cultural «La Movido» Museo y Archivo Histórico Municipal, Cabildo
de la ciudad de Montevideo
1994 «Sexta Muestra de Plásticos Jóvenes» Coco Cola, Salón Subte Municipal,
Portones Shopping y Museo de Eduardo Arte
Americano de Maldonado (Uruguay) 1995 «20 Años de Taller» Taller Clever Lara,
Atrio Municipal, Intendencia Municipal
de Montevideo (Montevideo, Uruguay). «Premio United Airlines para el Arte
Joven del Uruguay» (artista seleccionado),
Museo de Arte Americano en Maldonado, Uruguay
1996 Cotty Perlas y Federico Arnaud, Alianza Francesa de Montevideo. Bienal de lo Primavera (artista seleccionado) Salto, Uruguay. «Premio United Airlines paro el Arte Joven del Uruguay» (artista seleccionado) Museo de Arte Americáno en Maldonado, Uruguay
1997 Muestra de Arte Cristiano. Galeno Latina (Montevideo, Uruguay)
1998 «Virgenes y Santas» del Paseo, solo de arte (Montevideo, Uruguay). 7ª Bienal de la Primavera (Salto, Uruguay). Asamblea de Plásticos Jóvenes. Palacio Legislativo (Montevideo, Uruguay)
1999 2da BIENAL DEL MERCOSUR, Usina de Gasómetro (Puerto Alegre, Brasil). ler Bienal de Peñarolenses en el Arte, Latu (Montevideo, Uruguay)
2000 «Sur 4» exposición colectiva, Galeria Principium (Buenos Aires, Argentino). Arte Contemporáneo Uruguayo Centro Cultural Recoleta (Buenos Aires, Argentina). Premio Paul Cezanne, Subte Municipal (Montevideo, Uruguay)
2001 Fragancias Textiles, Museo Archivo Histórico Nacional Cabildo (Montevideo, Uruguay).
2002 Salón Nacional de Artes Visuales. MNAV (Montevideo-Uruguay).
Cambium con madera de artistas, Museo Zorrilla (Montevideo-Uruguay)
La idea del Tango, Bankhaus Löbbcke &Co. (Munich-Alemania)
2003 La idea del Tango, Sociedad Germano Iberoamericano (Frankfurt-Alemania)
La idea del Tango, Instituto Cervantes (Viena-Austria)
La idea del Tango, Instituto Iberoamericano (Berlín-Alemania)
PREMIOS Y MENCIONES
1994 Primer Premio, Sexta Muestro de Plásticos Jóvenes, Coco Cola
1997 Primer Premio «Rafael Barradas» Séptimo Concurso de ArteCristiano
1998 Gran Premio Azahar, 7ª Bienal de la Primavera (Salto, Uruguay). Mención
de honor, Asamblea de Plásticos Jóvenes (Montevideo, Uruguay)
1999 Premio Adquisición, Primer Bienal Peñarolenses en el Arte (Montevideo, Uruguay)
2000 Segundo Premio Paul Cezanne (Montevideo, Uruguay)
2002 Mención Honorífica Salón Nacional de Artes Visuales (Montevideo-Uruguay)
El tiempo humano es restringido. Dada su condición de medida de todas las cosas, el hombre cotejado con el afuera observa la perdurabilidad natural sintiendo en sí el tránsito irremisible del tiempo, reflejado asimismo en la endeblez de sus creaciones.
Desde el concepto de romanticismo decimonónico el artista ha asimilado su propio estado de alma al paisaje, acogedor y auspicioso o frío y distante en su magnificencia impertérrita. El paisaje urbano, gris y horizontal se presenta explayado, nostálgico de ausencias y lejanías. Captado en un instante de su discurrir lineal, el tiempo se congela en la imagen fotográfica y permanece allí, hurtado al devenir y descontextualizado de la realidad, siempre cambiante. Ese trozo de vivencia siempre pasado - tanto como el instante recién transcurrido - se aleja sumergiéndose en la vaguedad inconmesurable de lo sin retorno, y se integra al mundo contemplado, convirtiéndolo en pura esencia desmaterializada y al de quien contempla afectivamente un pretérito ajeno.
Los recuerdos sufren un proceso quasi físico de desleimiento, similar al de la fotografía, registrando colores vivos paulatinamente virados al sepia y concluyendo en una casi ausencia de color. El blanco y el negro en transición a través de gamas de grises son negaciones de lo vital y lo empírico presentes, plenitud de alegrías y dolores marcados a fuego, iniciando su proceso de decoloración sobre la constante del pneuma, aire vital que insufla la permanencia hasta que su ausencia marca el inicio de su ingreso a la contemplación y al recuerdo ajenos. Aire-espíritu que exhalado por última vez, abandona esa deteriorada envoltura física, suerte de valija portadora de paisajes vivenciales, y asciende para integrarse a un mundo imponderable, concebido en el imaginario del único ser que aspira a perdurar.
Con frecuencia el blanco y el negro se integran al mundo de los sueños, forma de evasión hacia una pseudo libertad de ser auténtico. Si el sueño es un tránsito hacia un tiempo sin pautas, el viaje es el desplazamiento espacial a través del paisaje, movimiento hacia el cambio de visiones urbanas y cotidianas y movimiento ilustrado en el tiempo, de por sí irreversible (siempre existe una puerta que ya no volveremos a abrir). Si Grecia antigua, cultura apologética de la vida, pintó a sus templos y esculturas de colores vivos, esos que el tiempo hizo desaparecer para librarnos íconos emblemáticos en su despojada blancura, blancos bajorrelieves representando síntesis fragmentarias de paisajes a veces sólo velados de tintes oníricos, concebidos como acromáticos, se colocan en el otro extremo temporal: la pérdida de la exultancia vital.
Barcos, viajes, adioses y alejamiento de los paisajes cotidianos, en los que la ropa se agita secándose al sol, como pañuelos de despedida. El paisaje a proximidad disminuye a la distancia, fundiéndose a la línea del horizonte en tonalidades agrisadas como antiguos recuerdos. Federico Arnaud interioriza paisajes montevideanos o exterioriza su interioridad de tránsito temporal. Situado en el lugar existencial desde donde ya se puede contemplar el camino transitado, el artista se observa en la piel henchida de recuerdos, de sueños pasibles de ser destruidos y en las valijas cargadas de paisajes, la complejidad del pasado simplificada en imágenes tan esenciales y simbólicas como pequeños relatos del mundo onírico. La sencillez formal en bajorrelieves y objetos, en imagen fotográfica de un Montevideo que fue, imponen por su despojo preñado sin embargo de una fuerte carga emotiva. Si los elementos propios de un clima de festejo ocupan en el espacio un papel protagónico, su tratamiento propone una lectura que contradice su principio festivo. El cuestionamiento del presente constante, siempre arrojado a un pasado en el que cada nuevo instante se incorpora para alejarse lento como un barco, progresivamente distante de la costa y desde el cual la costa se distancia en forma paulatina, viaja a través de toda la propuesta.
Blanco y negro, grises, ausencia de color, ausencia de cada cosa que ya no es, ni será sino en diferente forma. Las valijas (cajas de herramientas del escultor) aprisionan instantes fijados en modelados de formas esquemáticas y vagas en su gruesa textura, para transportar las nostalgias indefinibles de quien siempre se va o tal vez no. Constante en la obra de Arnaud es esa tónica de vacío, del partir en un discurrir temporal montevideano, librando íconos que nos significan, reflejando de esta forma al mundo en sus emociones más directas. Los espacios requeridos por el escultor valorizan cada objeto presentado con una impronta subjetiva y cada imagen representada desbordando el plano en un juego de volumen sugerente, sin desprenderse en forma realista o contundente sobre el espacio de la instalación. La elección de una antigua imagen fotográfica de lejanías ciudadanas, panorámica de lo inmaterial, coloca al contemplador en el clima onírico de vaguedades afectivas que invariablemente despierta el pasado en la sensibilidad uruguaya. El artista no es sino el eco de una cultura ineludible y espontánea por natural, que si por momentos intenta volverse contra sí misma, sólo consigue el respaldo de argumentaciones que se desvirtúan en el paisaje cotidiano o en la experiencia directa de asomarse a una ventana y ver.
Nuestra cotidianeidad en espacios introspectivos o urbanos, lo irreversible conmemorado en cada aniversario que congratula eufóricamente el distanciamiento del inicio de la vida y la aproximación a su fin. En tanto, las vidas ajenas transcurren superpuestas o entrecruzadas con la propia, transitando los paisajes del abandono y de los sueños, pasado y futuro de lo que ya no será y de lo que no es.
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