sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
  • Texto curaturial
  • Artistas Expositores

    Pietro Consagra (Mazera del Valle 1920- Milán 2005)

    Arnaldo Pomodoro (Morciano de Romaña 1926)

    Gió Pomodoro (Orciano de Pesaro 1930- Milán 2002)

    Mauro Staccioli (Volterra 1937)

    Giacomo Benevelli (Reggio Emilia 1925)

    Marco Lodola (Dorno 1955)

    Alberto Ghinzani (Valle Lomellina 1939)

    Fausto Melotti (Revereto 1901-Milán 1986)

    Emilio Vedova (Venecia 1919 – 2006)

    Marcello Pirro (Apricena 1940)

    Iginio Balderi (Pietrasente 1934)

    Kengiro Azuma ((Yamagata – Japón 1926)

    Virgilio Guidi (Roma 1891- Venecia 1984)

    Angelo Bozzola (Galliate 1921)

    Eugenio Carmi (Génova  1920)

    Alex Corno (Milán 1952)

    Giancarlo Sangregorio (Milán 1925)

    Texto curaturial

        

    PEQUEÑAS OBRAS DE ARTE DE GRANDES MAESTROS

    La exposición de esculturas italianas de la segunda mitad de 1900, que es organizada por los Institutos Italianos de Montevideo y Buenos Aires, vio por primera vez la luz en Egipto y Túnez, despertando gran interés, ya sea al Mahmoud Khalil Museum de El Cairo que al Palais Keireddine, Museo de Túnez.

    La colección es en “formato de bolsillo”, constituida por obras de pequeñas dimensiones, justamente para facilitar el transporte y el montaje en los distintos museos del mundo. Privilegiamos las expresiones más maduras y representativas de los artistas más notorios, activos en Italia. Los nombres son todos de prestigio, desde los grandes maestros de fama internacional, como Melotti, Consagra, los hermanos Pomodoro, a figuras de gran relieve, pero tal vez menos conocidas fuera de las fronteras italianas, como Benevelli, Bozzola, Ghinzani, Sangregorio, Pirro, solo por nombrar algunos, hasta las últimas generaciones representadas en esta exposición por Corno y Lodola.

    Esculturas pequeñas y livianas, aún las fundidas en bronce o hechas con el material de Miguel Ángel, el mármol blanco de Carrara. Y algunas hechas en vidrio (Carmi, Rinaldi), o en materiales inéditos como las resinas o el plexiglass (Lodola),  el papel (Vedova) o la madera de balsa (Guidi).

    Realizadas en láminas o varillas de latón, de cobre o de plata, ensambladas o soldadas; atormentadas por el calor de la llama oxhídrica o repujadas con antiguas técnicas.

    La escultura se muestra como lengua viva, capaz de comunicar emociones, más con la sutileza y la liviandad (pienso a los textos de Italo Calvino dedicados a Melotti) que con la magnificencia monumental de ciertas obras de carácter celebrativo que estamos acostumbrados a ver colocadas en las plazas de las ciudades del mundo.

    Pequeñas dimensiones, bocetos, proyectos. A veces obras preparatorias para desarrollar en escala mayor. Como por ejemplo los “Tambores de lluvia” de Marcello Pirro, pensados para el teatro La Fenice de Venecia, para un ballet del coreógrafo Maurice Bejeart. Sólidos geométricos plateados, dorados y laqueados que los bailarines debían tocar con efectos musicales.

    Musicales como el “Contrapunto piano” de Melotti, casi un pentagrama de elementos móviles (cadenas, bolitas, arbolitos estilizados), libres para moverse con cada soplo de viento.

    Otras obras muestran casi con orgullo sus humildes orígenes: trozos de hierro reciclado y ensamblado (Alex Corno) jerarquizados por los barnices o por el oro que reviste  la hélice de barco del homenaje a De Chirico de Marcello Pirro.

    Pietro Consagra pinta con témperas sus “Bifrontales”, como si fueran un falso mármol y perfora sutilísimas láminas de acero listas para inflarse como velas en el mar.

    El arte de los creativos contradice de hecho un concepto obvio: la escultura pesa...

    En cambio esta puede ser liviana e ingrávida como los pensamientos, como el aire inteligente que llena los vacíos de los moldes.

    Operación conceptual en la cual Bozzola y Bonomi, un anciano y un joven, son maestros.

     El gran Virgilio Guidi alude con perfiles calados en madera de balsa a las “Figuras en el espacio” de sus pinturas. Singular es la obra minimalista de Vedova, una caja de fósforos, que le fue entregada junto a otros grandes maestros internacionales para ...”Encender el cielo de  esperanza”. La obra se expuso en el museo de Jerusalén en 1993 en la muestra “Paz entre los olivos”,  organizada para estimular el diálogo entre dos pueblos en lucha.

    Escultura incluso como arte política, cargada de valencias simbólicas y de mensajes. Como las dos estelas de Arnaldo Pomodoro y de Alberto Ghinzani.

    La primera escrita en un lenguaje misterioso, la segunda, mórbida como una bandera hinchada por el viento.

    El color, como en las esculturas arcaicas de todas las civilizaciones, vuelve a tener vigencia y agrega contenidos “para leer” en los vidrios serigrafiados de Carmi.

    Escultura como provocación y desafío; estímulo intelectual. Pero también afirmación de sí misma, objetual y concreta. Especie de invitación a ocuparse del mundo, de la naturaleza y del hombre. Mucho más que la pintura, muchas veces solamente decorativa y sin compromiso. Trabajo complejo, hecho, a menudo, por  varias manos. Con la ayuda de fundidores conocedores del oficio, en el pasaje de la cera al yeso y al bronce; de carpinteros y soldadores, de maestros del vidrio, capaces de manipular la arena fundida por el fuego. Todos coautores – actores de un arte que ocupa el espacio, lo transforma y deja su huella. No diversamente de los tótem primitivos. Hoy sustituidos por la televisión...

     Giorgio Forni

    Fundación Sartirana

    Arte Castillo de Sartirana (Pavia)

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