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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Andrés
Barboza
1975 - Nace en la Ciudad
de San José de Mayo.
Estudios:
1991 - Comienza sus primeras
experiencias con la fotografía.
1993 - Ingresa al Cuerpo de Bomberos, en donde se desempeña como fotógrafo
hasta la actualidad.
1993 - Se vincula al Foto Club Uruguayo y toma Clases con el Fotógrafo
y Docente Jorge Ameal.
1995 -Concurre al Taller de Dibujo y Pintura del Museo Departamental de San
José, teniendo como Docente al Artista Plástico Sergio
Viera.
Toma Clases de Historia
del Arte impartidas por la Profesora María E. Yuguero.
Asiste a Talleres de Grabado
a cargo del Profesor Oscar Ferrando.
1997 -Colabora con el Museo Departamental de San José, en el Proyecto
y ejecución de dos murales actualmente emplazados
en el Corralón Municipal.
2000 - Asiste a Clases de Cerámica, dictadas por el Profesor Ricardo
Pickenhain, en la Ciudad de San Carlos - Departamento de
Maldonado.
2001 - Concurre a Talleres de Fotografía Creativa a cargo del Fotógrafo
Álvaro
Percobich.
2006 - Participa en el Primer Encuentro de Escultores,
de la Ciudad de Trinidad -
Departamento de Flores,en donde realiza una
escultura emplazada en el Parque
Ecológico "Dr. Rodolfo Talice", de esa localidad.
Muestras Colectivas:
- Museo Departamental.
- Sala Eduardo Carbajal de la Ciudad de San José de Mayo.
- Centro de Artistas Plásticos de Montevideo.
- Sala de Exposiciones de Remates"La Fragua", San Carlos - Maldonado.
- Concurso "Correspondencia" 2002 - 2003, Sala de Arte "Carlos
F. Sáez" MTOP.
- Muestra de Esculturas, Sala de Arte "Carlos F. Sáez" MTOP.
Muestras Individuales:
- 2003 Sala de Eventos
de "Libros Del Astillero" - Montevideo.
- 2005 Museo " San Fernando" - Maldonado.
La
razón más sencilla del expresionismo es la romántica efusión
del yo. Si expresar conlleva necesariamente la tónica subjetiva - la
develación de lo oculto afectivo e intransferible -, tan vívida
como la patencia del yo es la visión del mundo que trasunta sine qua
non cualquier hecho cultural, convirtiendo al yo en nosotros aquí y ahora.
Por este motivo el ser espontáneo implica una forma de romanticismo,
tanto como la contención racional una suerte de clasicismo, en ambos
casos tratándose de una tendencia privativa circunstancial o genérica.
La manifestación espontánea de las interioridades
de un artista plástico aflora esencialmente en formulaciones, línea,
color, volumen, habida cuenta de que el abigarramiento de un plano, el uso de
ciertos colores, el movimiento o torsión de una forma concluyen en una
temperatura afectiva, en una representación de lo íntimo: una
superficie densamente barroca, una profusión de colores saturados o la
flexión violenta de una figura generan intenso dramatismo como tónica
psicológica de una obra.
Fenómeno en especial interesante es presenciar el pasaje o el lento discurrir
de un artista formado en el respeto a ciertas pautas torresgarcianas hacia un
concepto más espontáneo de las configuraciones, al punto de sufrir
un deslizamiento a una neofiguración expresionista sólo parcialmente
suscriptora de una paleta baja que se violenta en forma drástica con
desafiante frecuencia. Andrés Barboza habiendo alcanzado un nivel destacable
en sus obras escultóricas realizadas en madera - lenguaje que le ha permitido,
quizá en mayor medida que su pintura, dar a conocer sus primeros escarceos
artísticos - ha desarrollado paralelamente una sensual sensibilidad por
el color, a partir del tono mensurado y arribando al estallido cromático.
La referencia a la figura humana es grotesca o sintética
y se reconoce, del mismo modo que en sus esculturas, por una vaga voluntad de
similitud marcando presencia en sus rasgos más lexicalizados. Tosquedad
de formas, pasión desbordada y sutileza de sentimientos, símiles
de figuras garabateadas por hombres primitivos o por niños, destinadas
a expresar delicadas emociones: figuras recortadas por líneas negras,
como en el caso de sus pioneros, los expresionistas alemanes de la primera década
del siglo XX y alteración de las proporciones (sinécdoque, elisión
e hipérbole). "Niño con pájaro" o "Serenata
a la luna" pudieron haber ilustrado un cuento de Andersen o de Grimm. Todos
sus cuadros sugieren una realidad mágica ubicada más allá
de la imagen y de la realidad cotidiana: sus claridades y sus oscuridades, sus
colores luminosos y sus evanescencias son emanaciones de mitos, destellos de
lo imposible, reflejos de lo poético. Una caverna tan mítica como
la de Kiefer deja asimismo el sabor amargo de lo intuido como amenazante, metonimia
desde la latencia de lo cultural, desde el pasado olvidable pero recordado,
que atrae pero se rechaza, superyo frenando al ello.
De hecho Barboza utiliza poco más que los colores
básicos para describir subjetivamente su propio interior, pero la paleta
baja ha elevado su temperatura y ha perdido su barrera de contención
clásica, explayándose hacia lo restallante, lo resplandeciente
eufórico, hacia el gesto desesperado, tenso, crispado, pasionalmente
intermitente o hacia la actitud pausada, lenta, embrutecida o anonadada. Es
clara su afinidad con Kandinsky, con los informalistas europeos de posguerra
(Fautrier, Burri, Tapiès) y con los expresionistas abstractos americanos
de los años 50´: Pollock, Kline, Gorki. La textura de arenado y
el collage remiten a los europeos, tanto como los chorreados, los gestos, los
salpicados, los grafismos citan a los americanos. Las figuras reposan sólidas
sobre la línea base horizontal de las pinturas o se crispan nerviosas,
agitándose por toda la superficie del cuadro determinando así
ritmos que se enfatizan compulsivos en pinceladas blancas o negras, luces o
relámpagos en proximidad fingiendo avanzar desde la profundidad por superposición
de planos a la manera de Pollock.
La causalidad y la casualidad, disyuntiva de un mayor
o menor acercamiento a su pasado de parentesco torresgarciano, son caminos que
Barboza transita o descarta según el principio de la expresión
libertaria, cada vez más desenfadado, más desafiante, más
tendiente a no volver la cabeza, fijando la mirada en nuevos horizontes formales:
la mancha de tenor pasional - aun cuando se trate de colores teóricamente
fríos - y el gesto hiriendo el plano de las telas. Las obras se abren
lujosas, pequeñas joyas restallantes: amarillos resplandecientes, destellos
blancos. El signo ocupa un lugar de privilegio en estas pinturas, conciso, incisivo,
enigmático en clave de cultura antigua, resabio quizá del TTG
o del expresionismo abstracto, tanto como la línea oblicua, de uso ocasional,
generando tensiones al responder a un ordenamiento y desmañándose
caótica ante la supresión de las barreras constructivas de contención.
Esa suerte de violencia formal se trueca en delicados sentimientos, espíritu
etéreo, amplitud cósmica y suavidad incorpórea: difuminadas
galaxias, espacios interestelares y ocurrencias en la Vía Láctea
son apenas sugerencias de una refinada resolución plástica. Toda
esta imperceptible actividad lejana redunda en imágenes de mansa armonía,
no desmentida por la belleza emanada desde el acelerado dramatismo o desde la
alegre excitación de otras obras, como es el caso de "Los músicos".
Las esculturas de Andrés Barboza son rústicas,
eventualmente vestidas de colores básicos - ya que no totalmente cromáticas
- y en su mayoría total o parcialmente fieles a las premisas torresgarcianas,
pero sin duda sus pinturas son la forma más representativa de una intensa
y personal visión del mundo, apasionada expresión de sí
y tamiz visual de diversos asuntos esencialmente opuestos a las inquietudes
constructivistas: "La Boda", "Pájaro Luctuoso", "Escalera
al Cielo" , "Niño con Pájaro", "Expresión
Oculta", "Serenata a la Luna", "En el Nido", "Desconcierto",
"Enigma" son algunos de los tópicos que llenarían de
santo furor al TTG. Una saludable y poco común actitud, la de la autenticidad
que salva etapas sin que cada de ellas signifique una categoría superior
en términos de realización estética, sino una forma de
ser acompasada a cada instancia vital.
El pintor Barboza es un artista - dos categorías
de difícil reunión - aún joven, pero probablemente destinado
a cumplir un rol de relevancia en la plástica nacional, en tanto perdure
su compromiso consigo mismo y con la autenticidad de su expresión; lo
demás será competencia del tiempo y de la persistencia de su talento.
MARIA E. YUGUERO