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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Osvaldo Bat
Mondoutey
1945_
Nace en Montevideo - Uruguay
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Estudios 1964-65 Recibe clases de teoría del color, geometría del espacio y perspectiva aplicadas al dibujo arquitectónico en el Instituto de Enseñanza de la Construcción U.T.U.1969 Realiza trabajos de talla en madera y dibujos al carbón con orientación autodidacta.1970 Visita museos en San Pablo y Río de Janeiro- Brasil.1976 Concurre a la Escuela de Cinematografía para aficionados en La Habana-Cuba.1977 Vinculado a la Brigada Artística Hermanos Saiz de Santiago de Cuba, retoma el trabajo de talla en madera.1980 Visita museos en Paris-Francia, hecho que lo estimula hacia la expresión gráfica.1985 Aborda el dibujo en forma sistemática y personal.1987 Ingresa en el taller del Maestro Guillermo Fernández en Montevideo, en el cual estudia hasta el año 1992. |
Levedad
es el atributo intrínseco a la acuarela, considerando en ella sus más
delicados y vagarosos efectos, escogidos dentro del amplio espectro de sus posibilidades.
De densidad maleable, es una sustancia diáfana, de exquisita transparencia
y caprichosa volubilidad, sin descartar, sin embargo, diferentes texturas de
aplicación de la técnica, resultantes en imágenes de consistencia
material variable, en ocasiones similar al óleo, condensadas al grado
de inhibición de las características más representativas
e inherentes a la acuarela. Técnica de antigua prosapia - de hecho, la
más antigua - habida cuenta de que las pinturas rupestres son justamente
acuarelas, de incontrastable riqueza en cuanto a efectos visuales, pero de uso
estrictamente restringido debido a su complejidad devengada del indomeñable
itinerario de la materia acuosa. Ese carácter fortuito limita el acceso
de los artistas al nivel de excelencia técnica y aun de solvencia, razón
por la que en este campo es común la chapucería y escaso el número
de sus creadores.
Osvaldo Bat es uno de esos raros artistas amantes
de lo material inasible. Tintas y acuarelas juegan un papel fundamental en su
obra, generosa fluencia de configuraciones abstractas, siempre fluctuantes en
su búsqueda de espacios imprevistos. Un lenguaje comunicativo de clave
confidencial, propiciado por el pequeño porte de las obras, casi susurros
al oído del contemplador, modalidad diríase indeclinable en un
hombre de hablar quedo y maneras pausadas, circunspecto si no lacónico.
Por una suerte de compensación, su obra se subvierte en efusiva emotividad
y alegre condición, desinhibida hasta la picardía insinuada a
media voz.
En ambos casos, acuarelas y tintas, la tónica
general es de sutil uso del color, fina aplicación del material y consecuente
claridad de luces difuminadas e inexplicables. Bat plantea en ambas modalidades
superficies muy compartimentadas en formas irregulares, retazos con frecuencia
demarcados por líneas negras, produciendo el efecto de vista aérea
de un paisaje multicolor. Las formas parecen haber surgido en forma fortuita,
nacidas por mor de sucesivos descubrimientos ordenados por una intuición
holística. Cromatismos sutiles, pero vivos. Esta vivacidad se enmarca
en una sensibilidad de resonancias folklóricas, como memorias de vitales
diseños mexicanos, quizá cerámicos, expresionistas en su
abstracción. Los trazados demarcatorios de cada fragmento se integran
a grandes líneas orgánicas que recorren los cuadros en forma de
suaves ondulaciones, blandos itinerarios. Suerte de collages ingenuos en su
planteo fragmentado, a veces cubriente de todo el plano y a veces sólo
retazos de color distribuidos por algunas zonas del cuadro sobre fondo monocromo,
devienen superficies en las que los espacios atribuidos a cada color se invaden
entre sí por efecto de la volubilidad del medio acuoso, generando finas
evanescencias y caprichosas diluciones. No dejan de sorprender las vagas alusiones
a la realidad, extemporáneas apariciones de personajes sintéticos
o pueriles: se cree adivinar figuras definidas, de límites precisos y
quizá hasta se descubra alguna y se espere encontrar más. Estas
configuraciones describen en forma esquemática, casi geometrizada a la
manera del medioevo, figuras humanas y animales no exentas de humor: un juego
de descubrimientos y sorpresas con remembranzas de las imágenes infantiles
que invitaban a encontrar la imagen oculta en una gran madeja de líneas.
Las tintas cálidas, presentadas en tonos
de marrón, gris, rosa, sufren los mismos tratamientos formales que las
acuarelas: pequeñas zonas circunscriptas, de bordes recortados por línea
de contorno o liberadas, fluctuantes e irregulares por ausencia de contención,
cobrando la verdadera dimensión y posibilidad del medio técnico,
con calidades y valorizaciones indeclinables. Un toque amarillo, como un punto
de luz en una forma marrón se desploma, ingrávido sin embargo,
y se evapora desvaneciéndose como el humo en la altura. Poética
de lo incierto, seducción de lo mudable: suaves mareas agitan los corales
y otros seres que fluctúan en un ondulante paisaje submarino. Integradas
a los planos de color parcelas de grafismos, de punteados, de líneas
paralelas se desplazan en ordenadas corrientes unidireccionales, generando movimientos
que acompañan la orientación general de las líneas mayores
o generales, ordenadoras de la multiplicidad formal de cada obra.
Las configuraciones, similares en tintas y acuarelas,
oscilan internamente en función de sus planos parcelados describiendo
rítmicos dinamismos, mapas de lo inestable en los que la multiplicidad
se despliega rica en tonos apastelados, sutiles amarillos, glaucos, violetas,
azules brillantes, rojos vivos. Osvaldo Bat conoce el arte de optimizar en tintas
y acuarelas su natural disposición a la ingravidez, si bien las tintas,
concebidas en un espectro cromático más bajo, restringido y también
más cálido, pueden cobrar un dramatismo del que están exentas
las acuarelas. En cualquier caso, Bat es un iniciado en una técnica ya
poco usual y que, tan elitista como lo fue la pintura al temple en su carácter
definitorio por la rapidez de su secado, exige del creador el control de lo
imprevisible y la capacidad de convertirlo en belleza.