sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
  • Texto curaturial
  • Beatriz Battione
    Nace en Montevideo, Uruguay, en 1949.

    Realiza estudios de arquitectura, pintura, grabado, historia del arte, estética y semiótica. Participa en talleres de papel, fotograbado y música. Fue integrante y artista gráfica del Club de Grabado de Montevideo.
    Ilustra, diseña y diagrama para varios diarios, semanarios, revistas nacionales e internacionales. Realiza diseños filatélicos para emisiones de sellos y matasellos. Desarrolla en dibujo técnico-científico la descripción de especies nativas.
    En 1990 participa en la creación del taller de gráfica "Garabatos", en donde trabaja hasta el 2000, año en el que crea y pasa a ser integrante del taller de comunicaciones, medios gráficos y multimedia "Gliphos".
    Desde 1972 a la fecha realiza exposiciones individuales y colectivas en el país y en el exterior. Sus obras se encuentran en museos, galerías y colecciones privadas de Alemania, Argentina, Brasil, España, Estados Unidos, Finlandia, Inglaterra, Paraguay, Perú, Suecia, Uruguay y Venezuela.

    Texto curaturial

    "Las imágenes, eternidades de la luz, sólo dejan en la palabra la eternidad de su sombra."
    Ramón del Valle-Inclán

          El libro, nacido como un objeto con fines funcionales precisos de difusión y de didaxis fue desde el comienzo concebido con el aditamento o la integración de elementos ornamentales que contribuyeron a hacer de él un objeto amable, agradable a la vista, de bello diseño en forma independiente de su contenido. El arte marcó durante siglos su impronta estética en la realización del libro, pero el siglo XX lo convirtió en objeto artístico y como tal, mensaje en sí mismo como creación absoluta, continente y contenido de consuno. Si en el libro convencional la capacidad de comunicación del autor se restringe al contenido, siendo cualquier otra característica ajena a su voluntad, en el caso del libro de artista cada elemento constitutivo será su mensaje, una botella al mar a la manera de Vigny. Ya en el plano estético - forma y color de y en la materia - ya en el del contenido o mensaje explícito, signos que veraces o mendaces son manifestaciones de una realidad múltiple, ambigua o inasible, los libros de Beatriz Battione son especialmente pródigos. En el plano de lo explícito, sus cuestionamientos dejan la respuesta supeditada al libre albedrío del contemplador, no pareciendo existir para ella una mayor chance de comunicación a través de palabra o de imagen como significantes, a pesar de que su soporte y materia prima sea el libro, paradigma portador de mensajes desde hace quinientos años. Una suerte de círculo vicioso conceptual para definir el qué de su exposición de libros de artista. Sin embargo, el cómo resultaría a la postre una posible respuesta positiva: la comunicación a través de lo bello es la develación de verdades que trascienden lo fenoménico y lo intelectual, vinculándose a la emoción sensible y lo intangible espiritual.
         El formato de libro de artista figura entre los más frecuentados en la obra de Battione, amplia panoplia de lenguajes y forma honesta de ser ella misma en el terreno de la plástica. Dos de estos libros integrados con pinturas y dibujos realizados directamente sobre sus hojas pertenecen a etapas anteriores y tienen un carácter autorreferente, vinculado a sí misma -íntimo y afectivo- y a su inquietud social, el mundo y los otros. En estas obras la escritura cumple un rol formal, pero su trasfondo semántico asume asimismo la importante responsabilidad de llevar su inquietud personal. Como ha sido constante en su producción, la imagen del gato marca presencia emblemática, sensual, delicada, distante, armónica y misteriosa: dibujo sencillo, pocos y definitorios trazos en diferentes técnicas, figura completa o fragmentada en metonimia de gran fineza. Complementando línea y color, el elemento gráfico y su formulación poética de cuño propio o tomado de Baudelaire.
         Como una suerte de transición Battione ha recopilado un grupo de pequeños dibujos fijados a las hojas de un libro, como ilustraciones de capítulos inexistentes : serie de bichos, marca de agua en gran parte de la producción de esta artista, en este pequeño zoo cada integrante, desde el más pacífico al más agresivo, emite vituperios representados en códigos de comic. Estos bichos de gráfica apastelada y de elegante y sutil factura, asumen en realidad una actitud semejante a la de su creadora: expresan bellamente su discordancia con el afuera, continentados en obras de reducidas dimensiones, tal vez porque el tiempo exigió de la artista la represión del grito, induciéndola al decir coloquial sin merma en ningún caso de su extremada delicadeza.
         Su serie de libros producidos recientemente muestra un múltiple y solvente desempeño, avidez de expresión por variadas vías, como si en diferentes instrumentos ejecutase la misma melodía: palabra e imagen vías de comunicación o de incomunicación. Su ser escultora no hesita ante el uso de materiales de extrema resistencia como el hierro o la madera, si esos son los instrumentos elegidos para producir la vibración exacta que conmoverá al espectador. Diríase que su escala cromática se afina para modular no sólo la difícil y utópica orquestación de todos los individuos en su interrelación, sino para descubrir ese restringido diapasón que conmociona a los iniciados en el sentimiento intransferible de ser montevideanos. Battione "pinta a su aldea". Un libro confeccionado con viejas chapas de auto de Montevideo. Si el óxido ha dibujado ásperamente el tiempo transcurrido y las chapas devienen íconos de itinerarios ciudadanos, el afán creativo las convierte en páginas de una guía de planos locales dibujados costeando concavidades y convexidades, como si la mano artística acariciara suavemente las irregularidades del terreno ciudadano. Y un nuevo placer de lectura lindante con lo prohibido permite una visión de voyeur sobre detalles de lugares montevideanos. Fotos de larga data tomadas por Battione develan detalles según secuencia de letras recortadas rezando "monte VI de este a oeste". La tipografía desdoblada en el contorno de cada letra enmarca con curvas y ortogonalidades pequeños detalles de arquitecturas y de muros, atisbos del afecto por lo des-ocultado, apropiación de lo bello parcializado por el ojo de la cerradura: organicidades, texturas, tiempo recuperado en blanco y negro.
         La madera de curupay, de singular dureza, custodia las páginas de cerámica de un libro sígnico, materia prima de comunicación en culturas muertas o actuales o aun de esa lengua de resonancias personales que cada individuo elabora y que Battione simboliza en grafismos de su peculio. De singular belleza, este libro de tersas y pesadas tapas se puebla de esgrafiados, marcas e irregularidades como invitaciones al tacto y se abre para descubrir dos placas de cerámica: una, forma y color tan apaciguantes como habituales en su obra; otra, de tono natural, símil de inútil piedra roseta conteniendo los múltiples códigos gráficos (no) equivalentes, que rodean a los de su invención, circunscriptos y aislados en espacio central.
         También un libro de blandas páginas de estaño, soporte de técnicas varias. Series de sobres negros conteniendo escrituras, llaves, pinceladas, signos. Compartimentación. Los signos claves (llaves) abren o encierran a los códigos, ociosos para la reunificación de los colores en la luz. La valorización de los materiales surge de su acertada elección en forma, color y textura, trátese del estaño, textura metálica y color acerado, de los pequeños sobres negros conteniendo fragmentos de papel portadores de signos (pensamientos desgarrados), del metal de las diferentes llaves o de las pinceladas, toques brillantes de color. Todos los espacios exhiben muestrarios de individualidades, diferencias, exclusividades, incompatibilidades, en tanto el mismo sentimiento es legible en un plegado de anverso y reverso impresos en forma digital, especulación con la palabra y la imagen, de veracidad incierta, quizá el más semejante a un libro editado, a pesar de su presentación en abanico, por la asepsia de su origen mecanizado: las lenguas emiten mensajes, las imágenes emiten mensajes. Falsedades involuntarias por ignorancia de códigos. Igual escepticismo sobre la factibilidad de la comunicación auténtica en cada presentación: antiguas molduras de madera de un mueble familiar devienen tapas de un libro, recuperación del pasado y de la belleza que aún son, conviviendo con la valorización de materiales contemporáneos como la resina, material protagónico en sus recientes esculturas, o con la utilización del cobre o de la tela o de prendas íntimas que hacen a lo cotidiano, no sin una punta de humor, son vías de expresión de su obsesión constante.
         Y en suma, Pinkie Battione, prestigiosa en el campo de la gráfica, hace gala de un despliegue de técnicas (cosa común en estos días), reflejo de una desbordante imaginación, capaz de manifestarse con igual solvencia (cosa imposible en estos días) en la delicadeza de un dibujo de línea, en la calidez del tono pastel, en la pincelada cuidadosa o en la gestual, en el modelado de la cerámica o en el trabajo del metal. Cualidades en su obra son la sutileza como tónica natural, el refinamiento como certeza de la inexistencia de grietas que autoricen el ex abrupto y la elegancia emanada de la forma, que no admite la sofisticación en razón de su artificialidad, para expresar sus obsesiones con el dolido escepticismo de un constructor de la Torre de Babel.
         Palabras, sombras de imágenes. Valle-Inclán verbaliza lo que Battione concreta en sus libros: eternidad de la luz en imágenes, siendo las palabras sólo eternidades de su sombra. Si bien la propuesta incluye imagen y palabra, parece apostar tácita y quizá involuntariamente a la capacidad comunicativa de la imagen, siendo sus libros textos icónicos. La cuerda poética vibrante en la metáfora de palabra o de imagen es la verdadera frecuencia comunicativa, campo sensible de encuentro de la emoción y la estética. Obviando semántica, interpretaciones y procesos racionales, la poesía, forma exquisita del espíritu, tiende hilos de sintonía interna en la Babel inmemorial y en el mundo autista contemporáneo.

    MARIA E. YUGUERO

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