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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Pablo E. Boquete
Montevideo, 1978
FORMACIÓN:
1997 - Taller de Fotografía (Casa Municipal
de la Cultura)
1997-00 - Cursos de Fotografía Básica (Dimensión Visual)
- Taller de Iluminación y
Efectos Especiales (Dimensión Visual)
- Ensayo fotográfico, Tomas de desnudo, Imagen Digital. (Dimensión Visual)
2002 - Curso de Operador Diseño Gráfico: Coreldraw
9, Adobe Photoshop 6.0 y Page Maker 6.5 (Círculo Informático)
ACTIVIDADES:
2001-02 - Se desempeña como fotográfo para el Taller Fotográfico
"Estudio Nativo"
EXPOSICIONES:
07/2000 - "El Fin de los Dinosaurios" Instituto Nacional de la Juventud Montevideo-Uruguay"
08/2000 - "Desnudos" Dimensión Visual Montevideo-Uruguay
11/2000 - "Detrás del número varias miradas" Sindicato Médico del Uruguay
Montevideo- Uruguay
08/2002 - s/título Yulelé Montevideo-Uruguay
"Sólo en la dificultad de ver, hay algo que se pueda ver" Pere Salabert
En términos simplificados, el artista es quien allí donde el individuo común
transita su cotidianeidad sin verla, toma los elementos que, reformulados
y trascendidos, alcanzan la calidad poética. El burgués de Molière descubría
que toda su vida había hablado en prosa, pero pocos pueden rescatar de la
prosa vulgar la fórmula alquímica transmutadora de la palabra en arte.
El
desnudo femenino ha sido tradicionalmente motivo de inspiración artística,
como reverencia al misterio inefable de una esencia o como simple desafío
de una demostración técnica en la representación. La abstracción o esquematización
de sus formas acompañó el desarrollo del s. XX, sin que el encanto de su atractivo
haya mermado por efecto de modas o corrientes filosóficas. Policleto o Vitrubio,
Cézanne o Modigliani, Moore o Kiefer, fascinación por lo inasible, ambición
de develar la ocultación o aprisionar lo arcano.
La fotografía, representación
icónico-realista, no escapó al magnetismo del género, obteniendo imágenes
en las que la estructura corporal se une en forma indisoluble a la connotación
de un rostro o a una individualidad de claras referencias. Pero más allá de
la contemplación global de un cuerpo, considerado como interrelación de las
partes, ocurren otras miradas del arte que ven y hacen ver nuevas armonías
de lo desmembrado, totalizando unidades formales indefinibles o vagamente
inferidas. "La ambigüedad es el signo distintivo de la poesía y esta propiedad
poética convierte en artes a la música, la pintura y la escultura" (Octavio
Paz). Este criterio es fácilmente extensible a la imagen fotográfica como
representación sobre el plano.
Tal es la manera de ver de Pablo Boquete, fotógrafo
en pos de la forma fragmentariamente unitaria (pars pro toto) componiendo
configuraciones quasi abstractas con volumetrías de luz, como esculturas orgánicas
inmateriales en que los referentes a poco más se pierden entre pliegues y
repliegues sólo inferidos. Los espacios se llenan con aproximaciones a lo
indefinido, primeros planos para una materia sensual, en cuanto perceptible
por los sentidos, puesto que la mirada ve deslizándose en forma táctil por
los itinerarios de perezosas curvas, marcados por una luz tangencial demarcadora
de lecturas. Ritmos lentos paralelos o contrapuestos sugieren una danza, tal
vez una pavana de demorada musicalidad, cuyas frases se puntúan en las hoquedades,
suaves pozos de sombras aterciopeladas. La textura, delicada piedra de escultura
gótica u ondeado médano de fina arena, se desliza sin ex abruptos hacia la
sorpresa de la oscuridad, punto de encuentro lunar y venusino. Gracia leve,
lánguida anulación de los ángulos en un clima onírico que relata imágenes
cuyo contenido latente aflora en un mundo de elementos parcialmente entrevistos,
transmitiendo la esencia de un todo con más intensidad que la imagen global
en vigilia.
Dice Pere Salabert: "El arte produce objetos cuya pertinencia
atrae la mirada. Pero la auténtica creación artística nunca deja que disminuya
(o que muera) la atención. Porque se manifiesta, frente al deseo humano de
sentido, con cierta impertinencia. El erotismo construye continuamente un
objeto para la atención y para el deseo. Pero se trata de un objeto nunca
ultimado, inabordable como finalidad" El arte juega a develar la ocultación.
La lectura convencional, producto de la mirada distraída impide la percepción
de lo que está a la vista, siendo el mejor procedimiento para ocultar un objeto
el ubicarlo donde nadie lo buscará: el lugar más visible. El principio de
ocultación-develación obra de igual manera, como un factor de discriminación
a través de la poesía, formulación única e irreversible del ordenamiento formal.
Arte inmaterial de P.B., arte de la luz sobre la realidad devenida irreal
a través de elementos yuxtapuestos, fusionados o sólo próximos. El planteo
abstractizante de los volúmenes, reminiscencia de Moore en su sensibilidad
orgánica, compone partiendo de la belleza intrínseca de las formas en movimiento
y las acompasa manteniendo sólo de manera eventual algún referente a la realidad,
siempre trascendida. Ningún color, sólo luz tamizada, filtrando imágenes borrosas,
de límites ambiguos, especulando con planos inverosímiles en espacios indiscernibles.
La distorsión y la contorsión resultantes sólo son formas que, si culturalmente
se asimilan al erotismo, obtienen de su propia organicidad y textura una sensibilidad
autónoma.
La propuesta de este joven fotógrafo se integra a una categoría
de nuevas lecturas de casuística convencional en las que lo nuevo sólo es
alcanzable en función del cómo. La materia prima de la obra de arte sólo puede
remitirse al hombre y su entorno, pero el producto final acabado en la obra,
siempre será único. Paradójicamente la frase "ya todo ha sido dicho" es sin
duda acertada, pero profundamente falsa.