|
sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
|
Pablo Bruera
Nace el 14 de noviembre de 1972 en Montevideo - Uruguay.
|
PREMIOS Y EXPOSICIONES:
_Individual 'Macadam», Trench GaIIery, enero de 2002, Punto del Este-Uruguay. _Individual "Macadam", sala Carlos F Sáez del MTOP julio de 2001, Montevideo-Uruguay. _Muestra colectiva, Trench Gallery, febrero de 2001, Punta del Este-Uruguay. _Muestra colectiva "Premio Paul Cezanne", Centro Municipal de Exposiciones, noviembre de 2000, Montevideo-Uruguay. _Individual, Instituto Goethe, setiembre de 2000, Montevideo-Uruguay. _Muestra colectiva "Premio Batuz de Arte Emergente", sala Carlos F. Sáez del MTOP, abril de 2000, Montevideo-Uruguay. |
![]() |
El
carácter multiplicador de la era industrial ha producido en las sociedades
modernas notorios efectos transformadores de sus fundamentos, despertando
reacciones en cadena que tornaron inviable la regresión a los estados
de simplicidad anteriores a su surgimiento. Mecanización, serialización,
indiscriminación irrumpieron en el cotidiano del hombre único,
transformándolo en el feliz y aletargado individuo número, adquirente
de fantasías de unicidad al precio de la masificación.
Este fenómeno polarizó los recursos humanos hacia los centros
de producción de las factorías, con lo que la modernidad comportó
una esencia urbana sine qua non. La competitividad y el consumo generaron
absurdos volúmenes de materiales descartables, incrementados por los
de origen sintético, situación que alcanza su apogeo a partir
de la segunda posguerra.
Siendo el arte una de las caras visibles de realidades paralelas, suerte de
monitor reflejante del imaginario sincrónico, la fatalidad de este
nuevo universo pesando sobre los creadores de la era del desecho originó
nuevos lenguajes, nuevas poéticas edificadas sobre los cementerios
del descarte industrial.
Son justamente cajas de empaque, cartones protectores de productos seriados,
el material que Pablo Bruera utiliza para construir, o tal vez sería
más conveniente decir deconstuir, una propuesta de objetos escultóricos,
formas y resignificaciones semejantes a alegorías surgidas de alguna
parábola de José E. Rodó.
Estructuras laberínticas concatenadas juegan a la liviandad o a la
ingravidez, irrumpiendo en el plano vertical como desmoronamientos o multiplicándose
desde la base y ascendiendo dinámicas como si aspiraran a desprenderse
de su arraigo. Cada detalle inherente a su naturaleza industrial deviene un
elemento plástico disfrutable en texturas, colores y dinamismos que
se despliegan o repliegan sobre sí, en un juego de develaciones y ocultamientos.
El uso del betún como fuente tonal, renovada sensibilización
de un recurso pragmático asociado al macadam-comunicación vial,
se torna en Bruera una fuente de comunicación expresiva, un argumento
emotivo y estético planteado en gamas sobre las que irrumpen empastes
y rojos vivos, integrando leyendas e inscripciones de origen. En su periplo
inquisidor, el contemplador descubre despliegues de tapas y aletas devenidos
soportes de pequeñas pinturas abstractas de paladeable calidez.
La rigidez ortogonal se desvirtúa en el encadenamiento de estos espacios
compartimentados, giros y torsiones reveladores de múltiples obras
desmembradas a partir de una: los planos se facetean y tensionan insertándose
unos en otros en continuidad de descomposiciones del movimiento. Si algunas
oquedades descubren aristas agresivas, lo harán en convivencia con
superficies trabajadas en forma pictórica desde el negro al natural
o perforadas regularmente en series. Asimismo el rasgado en décollage
enriquece el plano de nuevas texturas en ondulaciones corrugadas.
Si estas esculturas semejan milagros de emergencia surgidos en forma intempestiva
desde los planos, las pinturas de Pablo Bruera en planteo bidimensional, remitiendo
a paisajes urbanos, se configuran en planteos ambiguos apostados a abstracciones
sugerentes de figuraciones. Líneas y planos ortogonales se suavizan
en delicados encuentros - sólo pocas veces confrontados - con superficies
curvadas, estableciendo una continuidad en la motivación de ambos lenguajes,
volumétrico y plano. Las organicidades se resuelven sensuales, oscilantes
entre asperezas que neutralizan compositivamente su carácter punzante
por alternancia y por el uso de texturas y gamas tonales. Un rojo restalla,
un personaje se planta inmóvil sobre el plano y una forma transita
el cielo ficticio de los paisajes abstractos.
Las calidades matéricas de sus cuadros corren parejas con las de sus
esculturas, en ambos disfrutables como percepciones visuales y táctiles.
Un artista multifacético con capacidad de resolución en el espacio
y en premisas de bidimensionalidad, en una línea conductora atinente
a la modernidad y a la impronta urbana de las sociedades contemporáneas.
La posibilidad de resignificar desechos industriales, siguiendo un proceso
de sensibilización en el que el pragmatismo muta en creatividad, no
es monopolio de Bruera, pero sí es su mérito el haberlo realizado
con solvencia, obteniendo un producto distintivo en el contexto de un arte
masificado.
MARIA E. YUGUERO