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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Bernardo Cardarelli
Peretti
1974 - Nace en Montevideo - Uruguay
2007 Licenciado en Artes
Plásticas y Visuales - Escuela Nacional de Bellas Artes.
2005 Arquitecto - Facultad de Arquitectura. Universidad de la Republica.
Exposiciones 2007
2007 Muestra junto a Jorge Carbajal. Pinturas y ensamblaje. Bastión del
Carmen. Colonia.
2007 Acción: "En voz alta". En el marco de 24 horas, Plataforma,
MEC. Montevideo.
2007 Muestra colectiva. Ensamblaje: polímeros con remaches. "50
años del IENBA". Taller Seveso. Montevideo.
2007 Muestra colectiva. Ensamblaje: "Artificio". -CETU-. Galería
"El Pasillo" del instituto Goethe. Montevideo.
2007 Muestra colectiva. Proyecto sobre intervención en el marco de Correspondencias.
Plataforma, MEC. Montevideo.
2007 Muestra colectiva. Instalación: "Silencio", urdimbre vegetal
y tela. "15° Encuentro Nacional de Arte Textil". MUHAR. Montevideo.
2007 Muestra colectiva. VideoArt: "Sin recuerdo". Taller "Idea,
espacio, plano". MEC. Montevideo.
2007 Muestra individual. Instalación: "Nadasincabeza". Galería
del Bastión. Colonia del Sacramento.
bcpereti@gmail.com
"El hombre continúa siendo gorila, lúbrico y feroz" Hippolyte Taine
El
mundo de Bernardo Cardarelli es sin duda obsesivo. Sin embargo, a la hora de
imprimir una tónica regente a su obra, el artista parece considerar al
mundo desde dos puntos de vista alternativos, por momentos planteados en perfecta
y paradójica simbiosis. El humor y la tragedia, incompatibles por principio,
son emplazamientos desde los cuales aplica su mirada compulsiva sobre el individuo
contemporáneo para concluir su esencia falible, su fragilidad inveterada,
su ridícula pero heroica soberbia, su aspaventosa insignificancia, su
hipócrita discurso de magna filantropía, su ser víctima
de sí y de los otros, emergentes desde uno u otro mirador. El humor también
es tragedia.
Es indudable que su visión del hombre es muy
poco edificante, pero sus planteos no son realizados desde la moralización,
sino desde la observación crítica, a la manera de los satíricos
latinos y no a semejanza de Molière. Quizá haya en su faceta trágica
algo menos de desaprensión y algo más de solidaridad con sus figuras
abatidas. La soledad de sus personajes no es circunstancial, sino intrínseca.
Un cierto fatalismo emana de estos hombres anodinos, agobiados, seriados, números
en la multitud según Kierkegaard.
Por otra parte sus íconos oscilan entre lo simple
elemental y lo grotesco en términos de violencia a ultranza. Difícil
sería definirlos como caricaturas, aunque de hecho no carezcan de rasgos
orientados en ese sentido, pero esas pseudo - caricaturas apuntan a la naturaleza
interior, que se exterioriza en forma teratológica acentuando hasta lo
farsesco el carácter o el vicio predominantes en el individuo. El humor
con que ridiculiza a sus personajes tiene sin duda una impronta de crueldad
que desliza hacia la burla implacable en la forma de representación de
estos hipócritas individuos, homo hominis lupus desdoblados a las veces
en víctimas circunstanciales, sobre una constante de intrínseco
desamparo.
Puesto que obsesión, el tópico de lo humano
tratado desde sus inflexiones es la materia excluyente con que Cardarelli moldea
sus versiones sea en dibujo, sea en diminutos estereotipos volumétricos,
sea en esculturas en fibra vegetal, en sí suerte de dibujos espaciales,
ingrávidos por falta de masa, quizá la forma más fiel de
representación de sus dibujos en el espacio. En suma, su sensibilidad
se vincula naturalmente a la línea sobre el plano o en el espacio, considerando
que sus homúnculos, si corpóreos, son de hecho esenciales, quasi
contornos.
Sobre planos neutros, texturados o suavemente acuarelados
las figuras se develan como instantáneas de personajes sorprendidos en
plena negación de su desinteresada muletilla "sin fines de lucro"
o como filántropos retratados solemnemente en un reposo ficticio, sólo
contradicho por las bocas que, entreabiertas en actitud de acecho o abiertas
como fauces, dejan a la vista el carácter agresivo de su relación
con el mundo. El trazo coloreado casi siempre en primarios viaja sobre fondos
evanescentes, aunque con carácter de excepción pueda emerger un
verde, un celeste u otro color. Estos cromatismos se tornan restallantes, tomando
en el caso del rojo una tónica fácilmente asociable a lo sanguinario
o a la pasión extrema. Seres vagamente zoomorfos, calaveras abigarradas
de porte impávido, esqueletos gesticulantes armados de hiperbólicas
dentaduras como fieras de presa. A veces prima el azul armónico y apacible,
las menos. Con mayor frecuencia son los rojos, fucsias y amarillos ácidos
portavoces del ludibrio del autor hacia sus personajes.
La mancha difuminada o densificada por el azar vagaroso
del agua es la materia con que Cardarelli colorea la realidad interna de estos
personajes, sobre la que viajan líneas no delimitantes sino sólo
en tránsito, serpenteando por el cuerpo apenas esbozado de los personajes.
Líneas-trazos de diferente espesor, siempre dinámicos, deambulan
errantes contradiciendo de esa forma el estatismo aparente de la figura humana
o aviniéndose a la conmoción patentizada en la representación
de ese otro yo, de hecho único yo real de los personajes. La menuda línea
en tinta negra que podría conceptualmente atribuirse al contorno deriva
a menudo hacia el interior de la figura, integrándose a esa suerte de
campo expresivo y definiendo los rasgos más ilustrativos de su esencia:
los ojos y la boca. Sólo ocasionalmente están presentes el cabello,
el torso, los miembros como ampliación insignificante de la figura, datos
que sólo aportan un mayor grado de sarcasmo, llevado a su extremo en
otra inesperada referencia a la realidad: el engendro cruento viste una delicada
blusa o está tocado de un alto sombrero.
En la estética de Cardarelli, en extremo violenta
y en especial dinámica, todos los elementos de su lenguaje expresionista
contribuyen al logro de esta hiperactividad de tónica agresiva: la eliminación
de rasgos faciales con miras a una síntesis significante, el uso del
color restallante, ácido y abigarrado, la profusión de líneas
cromáticas que deambulan, se entrecruzan atropellándose, avanzan
sinuosas y retroceden con brusquedad, recorriendo el plano. Podría observarse
en la espontaneidad y el carácter de estos dibujos cierto aire de familiaridad
con la estética del graffiti, en que muy escasos elementos gráficos
enfatizados viabilizan un mensaje directo, llamativo e impactante. Estos caracteres
conectan comúnmente y también en este caso con el comic, del que
Cardarelli toma entre otros signos el de la lengua viperina, que atrapa a incautos
hombrecitos. Éstos son llevados al extremo de la distorsión o
simplificados a ultranza hasta integrarse a series minimalistas en que la forma
humana, geometrizada o apenas reconocible en su elementalidad, se dibuja encerrada
o se yergue aislada - en su instancia volumétrica - en pequeños
compartimientos de color, reducida en el caso del plano a su deducción
por contexto, puesto que semejantes a figuras del paleolítico.
Renglón aparte para su escultura en fibra vegetal,
su hombre abrumado carga con toda la soledad y el peso insoportable de su condición
humana, tanto como sus figurillas solas y seriadas, ingrávida aquélla,
incoloras éstas. Desolación, inercia, agobio, resignación.
La fibra vegetal es utilizada por el artista como la pluma para concretar el
trazo espacial en variantes de grosor y entramado, siguiendo en su conjunto
una orientación decumbente de pronunciadas líneas curvas, aceleradas
hasta constituir una forma cerrada, una oclusión conceptual del individuo
frente al mundo, única defensa a su orfandad. Atento al trazado ininterrumpido
de estas líneas de larga cadencia, Cardarelli omite deliberadamente la
cabeza del personaje obteniendo en consecuencia una mayor regularidad formal
por abstracción del detalle prescindible.
Como óptica de contrapartida, el artista juega
con sus homúnculos como si de batallones de soldaditos de plomo se tratase,
enfrentándolos en desigual situación a desaforados y ridículos
seres ululantes, ubicándolos sobre gigantescos sillones, sometiéndolos
a situaciones absurdas que inducen al contemplador a una sonrisa y encauzando
su distanciamiento del fatalismo de la situación. Desde la óptica
humorística, de tónica absurda y reverso crítico, el artista
se presenta como un distante digitador de sus personajes, el guionista del Guiñol,
cumpliendo asimismo el rol de dramaturgo de grandes tragedias de la naturaleza
humana con temáticas tan universales como las del teatro griego.
Doble lectura para una imagen de los protagonistas del
doble discurso. "Sin fines de lucro", consigna lexicalizada como de
dudosa veracidad por la sociedad y paulatinamente devenida frase vacía,
representa la visión inclemente de Bernardo Cardarelli arrojada sobre
la naturaleza humana, sin crédito visible a favor de una vía de
enmienda. Sin embargo, quizá no sea del todo necio pensar que el arte
per se - metáfora y no panfleto - pueda contribuir a medrar en tiempos
de absoluta inmovilidad por falta de objetivos y por sobrante de conformismo.
A pesar de esto, sigue siendo inherente al arte la capacidad de trascendencia
y de transmutación del espíritu: las utopías no han muerto.
Valga entonces un voto de confianza.
MARIA E. YUGUERO