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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Pablo Damiani
Nace el 10 de octubre de 1961, en New York, USA.
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EXPOSICIONES
INDIVIDUALES:
1984
- Alianza Cultural Uruguay EE.UU
1986 - Galería Bruzzone 1988 - Galería Bruzzone 1990 - Galería Bruzzone 1992 - Alianza Francesa 1994 - Galería Bruzzone 1996 - Embajada de Alemania 1997 - Museo de Arte Americano de Maldonado 1999 - "Caliban", Montevideo 1999 - "La Oriental", Manantiales, Punta del Este 2000 - Sala "Carlos F. Sáez", Ministerio de Transporte y Obras Públicas. |
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Sensualidad matérica y refinamiento de oficio son parámetros formales constantes en la obra escultórica de Pablo Damiani, concretándose en una sintaxis de suaves modulaciones metafóricas. Sus maderas evolucionan sobriamente en cotejos potenciados de superficies ásperas y pulidas, ostentando intervenciones de grafismos vinculados a lo tectónico, pequeñas formas adheridas adjetivando los significados y ataduras de tientos con precisa carga semántica.
Sobre el hilo conductor de la riqueza formal y la calidad estética, los planteos humanistas de Damiani se han resignificado en una nueva instancia: la usual trascendencia escatológica de sus íconos, respondiendo al principio de los vasos comunicantes, cede espacio místico-ritual a su contracara pedestre, el hombre contemporáneo, que los complementa sin anularlos. La aspiración a los niveles superiores del espíritu se desdobla en el hic et nunc ficticio: tal vez en esta ocasión sólo se trate de "colecciones de objetos inútiles".
Sus monumentales tallas antropomórficas, de carácter ritual y reverente hacia los mitos eternos, elevándose esbeltas de espiritualidad atávica, se han metamorfoseado en otros ídolos, no dioses tutelares inspiradores de santo temor, sino fetiches no exentos de patetismo. Una lectura superficial podría atribuir el carácter de totémicos a estos pequeños íconos, vagamente asimilables a los pájaros que otrora metaforizaran para Damiani al "Gurú" o al hombre sabio "Meditando", pero si el clima ritual se mantiene por obra de una formulación de tono, forma y ajuste compositivo ad hoc, la expresa impronta melodramática del escultor los convierte en ornitomorfos "ídolos de pies de barro", elevando elongados y ondulantes cuellos en actitud ululante.
Las formas se han multiplicado, fragmentando la compacidad de su universo idealista y proyectándolo hacia una nueva óptica de inevitable sarcasmo frente a una contemporaneidad de prevalencias ficticias, en la que los valores subyacen latentes, pero olvidados. Esta dualidad de existencia paralela se manifiesta aun en la morfología de sus piezas, construidas sobre "palos cargados de historia": narraciones ignoradas sobre las que escultor inventa nuevas narraciones. No tabula rasa, sino un pasado simple de material apenas tocado por la voluntad, que se verticaliza irónico y expresionista en los pequeños personajes que ya no otorgan dones, sino que ruegan, empequeñecidos y aprisionados.
Los múltiples elementos constitutivos de cada escultura penden a veces móviles de tientos, como notas en un pentagrama, con un carácter equívocamente lúdico (que contradice su tensión expresiva) o avanzan como diminutos símiles de gárgolas desde un plano fraccionado en niveles. Otras, se distribuyen yacentes o verticales en espacios compartimentados, se asoman al volumen de un bajorrelieve o se integran, indiferentes y elusivos entre sí, a una base maciza. Las variadas formulaciones presentan un nexo sígnico: la ineludible constante de la atadura o contención forzosa de los íconos.
Aun para un hombre y artista seguro de sí mismo, como es el caso de este escultor, resulta muy difícil ignorar, en pos de un ideal de elevadas premisas, la danza de los bufos elevados a la categoría de dioses. "Ni ángel, ni bestia" dice Pascal, definiendo al hombre que alberga en sí la sublime aspiración a los valores eternos y la abyecta debilidad de su ser efímero. El individuo contemporáneo es el Hombre torresgarciano y es el hombre-número de Kierkegaard, tanto como el de cualquier tiempo.
El universo de Pablo Damiani, espejo de dualidades inherentes: belleza formal de los valores perdurables conformando la caducidad de un mundo de apariencias.
MARIA E. YUGUERO
"No existe
goce estético separado del momento de la producción material del medio.
Hay
una fruición, un estado de integración y plenitud vital, que enlaza todos los
momentos del proceso creativo".
LAO TSÉ