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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Roberto De León
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Lugar de nacimiento: Montevideo, Uruguay. (20/10/1956) ESTUDIOS:
Taller de Ana Tiscornia en 1983-1985. 1985
- Expone en el Espacio Universitario con Laura Severi "2 a 1". - Muestra por Las Libertades en Montevideo Uruguay. 1986. - Salón Municipal de Montevideo. |
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DISTINCIONES
Y PREMIOS:
1987 - Mención en Premio Inca.
1988 - Mención Especial Salón MAC-ICUB.
1989 - Segundo Premio en Salón del Automóvil Club del Uruguay
La
sangre, connotando poder, erotismo y muerte, ha sido asimilada desde tiempos
remotos al rojo, color pasíonal por antonomasia. A ella podrían
vincularse, asimismo, los colores cálidos, imágenes sucedáneas
de los extremismos.
Difícilmente podría Ilegarse a concebir la pasión como
un percepto colorís tico de tonalidades graves, paleta de agrisados,
ocres y azules profundos. Sin embargo, la pasión recordada, el pathos
rescatado del plano mnemónico, tamizado por el tiempo transcurrido
y por la evolución consiguiente del juicio, tal vez logre esa transmutación
alquímica.
Atenerse a una ética del color sería, en el caso de Roberto
De León, un riesgo, si bien su pintura se adapta a las fluctuaciones
de su temperamento y su construcción estética se atiene a "los
aciertos obtenidos en función de los errores". Un hombre apacible
y un artista de descarnada propuesta, que se atreve a develar los repliegues
íntimos de sus vivencias. Breton hablaba en términos freudianos
de escritura automática y los plásticos surrealistas coquetearon
con la idea, cuya versión pictórica el psicoanálisis
rechazó de manera contundente. Sin embargo, no es extraña al
hecho estético, la presencia de conformaciones cuya naturaleza y origen
el creador ignora, situación en la que se inscribe, con frecuencia,
De León.
Sus formas surgen confusas y sus personajes (su autopersonaje) acusan la
trascendencia de conflictos existenciales y la aparente irrelevancia de lo
cotidiano transformado en esencial, por efecto de una densa carga afectiva.
El hombre incomunicado es un referente habitual de la época moderna
y un tópico sobre el que se ha teorizado hasta el hartazgo, sin que
las estructuras socio-culturales, ni las coordenadas de relacionamiento entre
los individuos hayan variado en forma sustancial.
El hombre solo consigo mismo, asomándose a lo abisal de su afectividad,
de su erotismo, de su inadaptabilidad a un mundo normativo y autista.
El artista De León se circunscribe, trazándose líneas
demarcadoras de lo limítro fe, un microcosmos afectivo y cotidiano,
y desde su espacio acotado y protegido, sondea en sí mismo sin temor
a la remoción dolorosa de las heridas. Una pintura de tonalidades bajas,
con sólo algún gesto de color vivo, como sonrisas esbozadas,
se enriquece en texturas, se difumina, se empasta o se araña en grafismos,
presenciando la aparición de extraños personajes vagamente sexuados,
que entablan diálogos mudos, de animales domésticos que emblema
tizan a la pasión o de conformaciones zoomórficas no exentas
del misterio de lo ambiguo.
Cuadros como pequeñas confidencias, intimismos susurrados al oído
del contemplador, quien se aproxima al plano a escuchar breves relatos de
historias familiares, formulados en tono adusto con la poética de un
agonista de lo estrictamente singular.
MARIA E. YUGUERO