sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
  • Texto curaturial
  • FOTOS DE OBRAS DE LA MUESTRA DE DISEÑADORES GRÁFICOS
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    Washington Algaré

    Hugo Alíes

    Fernando Álvarez Cozzi

    Horacio Añón

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    Elbio Arismendi

    Beatriz Battione

    Jorge Casterán

    Domingo Ferreira

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    Rodolfo Fuentes

    Horacio Guerriero (Hogue)

    Marcos Larghero

    Lucía Pittaluga

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    José Prieto

    Alejandro Sequeira

    Diego Tocco

    Gustavo Wojciechowski

    Texto curaturial

          En forma genérica se diría que el arte es subjetivo, producto de una visión poética personal del mundo y comunica a un nivel emocional trascendente. El panfleto, por su parte, evita la metáfora en aras de lo explícito, con el objetivo de persuadir, en tanto el estereotipo del "arte de galería" produce imágenes edulcoradas, complacientes y vacías, con el único objetivo de vender. El arte y sus deformaciones antes mencionadas cuentan siglos de historia de obras maestras y de abominaciones, si bien el cristal con que se miran cambia constantemente, redundando en alternativas apologías y denostaciones. Una chance diferente al arte por el arte y a la venalidad servil ha sido el arte por encargo: retablos de donantes, retratos, paisajes grutescos, escenas religiosas, pintura de corte y prácticamente todo el arte producido antes del s. XIX. Y aun se podrían mencionar al respecto los encargos destinados a la persuasión: miniaturas de los libros de Beato, concebidos para la explicación del Apocalipsis a los frailes y el arte barroco de la Contrarreforma, destinado a reafirmar la fe de los creyentes, a recuperar a los fieles afiliados a la reciente reforma protestante y a devolver a la Iglesia el poder que visiblemente escapaba de sus manos. Arte de propaganda religiosa. Claro que difícilmente se podrían negar los valores artísticos del Beato de Liébana o de muchas obras de Bernini, ni de tacharlas de panfletos, pues el objetivo pragmático no fue óbice para la producción de la metáfora poética y su resultante belleza.
         Las generalizaciones son siempre absurdas y los estatutos axiológicos ameritan infinitos cuestionamientos, pero sin dudas el s. XX enriqueció al arte con variados aportes, fruto en gran medida de la eclosión propiciada por los medios masivos de comunicación. Dictadura del mercado, consecuente competencia entre marcas, difusión y dominio absoluto de la imagen: el diseño gráfico se convierte en el protagonista de la imagen (real o virtual), que convive durante todo el día con el individuo contemporáneo. Una actividad creativa ejecutada por encargo, de características específicas: articulación de la idea gráfica destinada a comunicar con claridad un mensaje a un sector del público, produciendo sentido y manejando parámetros colectivos con el objetivo de la eficaz persuasión. Imagen y texto concebidos como totalidad gestáltica. Forma y color componen la información funcional que implica un equilibrado juego de imagen metafórica y texto que funcionará como ancla semántica y como forma en sí mismo. El mensaje comunicacional que el arte libera espontáneamente a cualquier contemplador supone en el caso del diseño un destinatario específico para quien el mensaje es concebido en sus códigos. Preferente mímesis, aunque no excluyente, para el medio más democrático y masivo de función de una imagen que debe ser necesariamente decodificada.
         Lamentablemente así como la mayoría de los diseños gráficos que acceden al mercado podrían calificarse como polución visual, contaminantes del mal gusto, estériles multiplicadores de clichés, es potestad de una exquisita minoría la creación de imágenes con carácter funcional pero de esencia artística, produciendo emoción en el público sensible al arte, informando a quienes sólo están capacitados para recibir el mensaje en su sentido pragmático y difundiendo tácita didaxis de una profesión en todo el público. El diseño gráfico carga con la responsabilidad de ser el arte contemporáneo por excelencia, puesto que su apreciación no está condicionada a espacios idóneos de exhibición de arte, sino que accede a todos los medios y circula hasta llegar al virtual contemplador. Tanto como cualquier elemento del cotidiano, ha sufrido la influencia de las corrientes estilísticas del arte, integrado a las estéticas como reflejo de visiones del mundo, de índole especialmente definida en períodos en que el diseño tuvo carácter holístico, como el Art Nouveau, el Déco, Bauhaus o el Pop. Se lo ha acusado de parasitar al arte, tomando imágenes de sus obras famosas, pero esta aplicación de los íconos al diseño tiene una carga semántica específica y funcional, ajena a la metáfora que el original produce per se. Como contrapartida, el arte contemporáneo incorpora infinidad de elementos de la publicidad.
         El diseño gráfico en el Uruguay no alcanza un desarrollo considerable sino hasta la década del 60´, pero fue con anterioridad motivo de búsqueda de los artistas, quienes espontáneamente y sin subestimar esta actividad con relación a su práctica artística, incursionaron en ese campo, como Carlos F. Sáez o Joaquín Torres García. De hecho, en gran medida los diseñadores gráficos nacionales provienen de filas del arte, ya como hacedores, ya como fruidores. La generación pionera en la legitimación del diseño gráfico como profesión se gesta en los 50´y comienza a tomar auge en los 60´, pero no será sino en los 80´que los diseñadores gráficos obtendrán un merecido reconocimiento y una presencia real en la cultura y el mercado nacionales. Tiempos de labor artesanal, en que el uso de la computadora era excepcional, radicalmente transformados una década después, por el uso generalizado de esta práctica herramienta, justificado en la medida en que sólo es eso, sin transformarse en una caja de recursos digitales prefabricados, suerte de "recorto y pego" sin valor creativo alguno. Relativamente reciente es el estudio universitario del diseño gráfico, actual vedette en la selección de carrera por parte de los jóvenes uruguayos, discípulos de aquellos pioneros cuyo conocimiento hoy racionalizado fue en su inicio intuición sensible y calidad estética proveniente de su esencia artística, sumada a su avidez por ver y distinguir.
         Es indudable que toda selección conlleva algo de arbitrario, por lo que, considerando a los diseñadores gráficos uruguayos aquí y ahora y dejando de lado los adefesios gráficos con los que la sociedad convive a diario, se abre a esos efectos un amplio panorama de creadores, entre los que una gran proporción ha optado por otorgar protagonismo a su carrera en el campo de la plástica. Un porcentaje menor se destaca asimismo en este campo o sólo lo disfruta como asiduo contemplador, dando prioridad a su actividad vinculada al diseño, grupo del que sólo los asequibles se constituyeron en selección y por lo que, mediando diferentes circunstancias condicionantes, son notorias varias ausencias ilustres. Puesto que la calidad y la eficacia en el diseño no son monopolio de un tiempo, la inclusión de algunos jóvenes es testimonio de la continuidad de una línea de búsqueda fructífera de imágenes no concesivas ni mercenarias.
    En suma, un modesto intento de celebrar a estos veteranos en las lides gráficas y de difundir algunos trabajos de un puñado de jóvenes diseñadores talentosos, mostrando a las nuevas generaciones un trozo de historia del diseño gráfico nacional.

    MARIA E. YUGUERO

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