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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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FOTOS DE
OBRAS DE LA MUESTRA DE DISEÑADORES GRÁFICOS
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Horacio Guerriero (Hogue)
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Texto
curaturial
En forma genérica se diría que el arte es subjetivo, producto
de una visión poética personal del mundo y comunica a un nivel
emocional trascendente. El panfleto, por su parte, evita la metáfora
en aras de lo explícito, con el objetivo de persuadir, en tanto el estereotipo
del "arte de galería" produce imágenes edulcoradas,
complacientes y vacías, con el único objetivo de vender. El arte
y sus deformaciones antes mencionadas cuentan siglos de historia de obras maestras
y de abominaciones, si bien el cristal con que se miran cambia constantemente,
redundando en alternativas apologías y denostaciones. Una chance diferente
al arte por el arte y a la venalidad servil ha sido el arte por encargo: retablos
de donantes, retratos, paisajes grutescos, escenas religiosas, pintura de corte
y prácticamente todo el arte producido antes del s. XIX. Y aun se podrían
mencionar al respecto los encargos destinados a la persuasión: miniaturas
de los libros de Beato, concebidos para la explicación del Apocalipsis
a los frailes y el arte barroco de la Contrarreforma, destinado a reafirmar
la fe de los creyentes, a recuperar a los fieles afiliados a la reciente reforma
protestante y a devolver a la Iglesia el poder que visiblemente escapaba de
sus manos. Arte de propaganda religiosa. Claro que difícilmente se podrían
negar los valores artísticos del Beato de Liébana o de muchas
obras de Bernini, ni de tacharlas de panfletos, pues el objetivo pragmático
no fue óbice para la producción de la metáfora poética
y su resultante belleza.
Las generalizaciones son siempre absurdas y los estatutos axiológicos
ameritan infinitos cuestionamientos, pero sin dudas el s. XX enriqueció
al arte con variados aportes, fruto en gran medida de la eclosión propiciada
por los medios masivos de comunicación. Dictadura del mercado, consecuente
competencia entre marcas, difusión y dominio absoluto de la imagen: el
diseño gráfico se convierte en el protagonista de la imagen (real
o virtual), que convive durante todo el día con el individuo contemporáneo.
Una actividad creativa ejecutada por encargo, de características específicas:
articulación de la idea gráfica destinada a comunicar con claridad
un mensaje a un sector del público, produciendo sentido y manejando parámetros
colectivos con el objetivo de la eficaz persuasión. Imagen y texto concebidos
como totalidad gestáltica. Forma y color componen la información
funcional que implica un equilibrado juego de imagen metafórica y texto
que funcionará como ancla semántica y como forma en sí
mismo. El mensaje comunicacional que el arte libera espontáneamente a
cualquier contemplador supone en el caso del diseño un destinatario específico
para quien el mensaje es concebido en sus códigos. Preferente mímesis,
aunque no excluyente, para el medio más democrático y masivo de
función de una imagen que debe ser necesariamente decodificada.
Lamentablemente así como la mayoría de los diseños gráficos
que acceden al mercado podrían calificarse como polución visual,
contaminantes del mal gusto, estériles multiplicadores de clichés,
es potestad de una exquisita minoría la creación de imágenes
con carácter funcional pero de esencia artística, produciendo
emoción en el público sensible al arte, informando a quienes sólo
están capacitados para recibir el mensaje en su sentido pragmático
y difundiendo tácita didaxis de una profesión en todo el público.
El diseño gráfico carga con la responsabilidad de ser el arte
contemporáneo por excelencia, puesto que su apreciación no está
condicionada a espacios idóneos de exhibición de arte, sino que
accede a todos los medios y circula hasta llegar al virtual contemplador. Tanto
como cualquier elemento del cotidiano, ha sufrido la influencia de las corrientes
estilísticas del arte, integrado a las estéticas como reflejo
de visiones del mundo, de índole especialmente definida en períodos
en que el diseño tuvo carácter holístico, como el Art Nouveau,
el Déco, Bauhaus o el Pop. Se lo ha acusado de parasitar al arte, tomando
imágenes de sus obras famosas, pero esta aplicación de los íconos
al diseño tiene una carga semántica específica y funcional,
ajena a la metáfora que el original produce per se. Como contrapartida,
el arte contemporáneo incorpora infinidad de elementos de la publicidad.
El diseño gráfico en el Uruguay no alcanza un desarrollo considerable
sino hasta la década del 60´, pero fue con anterioridad motivo
de búsqueda de los artistas, quienes espontáneamente y sin subestimar
esta actividad con relación a su práctica artística, incursionaron
en ese campo, como Carlos F. Sáez o Joaquín Torres García.
De hecho, en gran medida los diseñadores gráficos nacionales provienen
de filas del arte, ya como hacedores, ya como fruidores. La generación
pionera en la legitimación del diseño gráfico como profesión
se gesta en los 50´y comienza a tomar auge en los 60´, pero no será
sino en los 80´que los diseñadores gráficos obtendrán
un merecido reconocimiento y una presencia real en la cultura y el mercado nacionales.
Tiempos de labor artesanal, en que el uso de la computadora era excepcional,
radicalmente transformados una década después, por el uso generalizado
de esta práctica herramienta, justificado en la medida en que sólo
es eso, sin transformarse en una caja de recursos digitales prefabricados, suerte
de "recorto y pego" sin valor creativo alguno. Relativamente reciente
es el estudio universitario del diseño gráfico, actual vedette
en la selección de carrera por parte de los jóvenes uruguayos,
discípulos de aquellos pioneros cuyo conocimiento hoy racionalizado fue
en su inicio intuición sensible y calidad estética proveniente
de su esencia artística, sumada a su avidez por ver y distinguir.
Es indudable que toda selección conlleva algo de arbitrario, por lo que,
considerando a los diseñadores gráficos uruguayos aquí
y ahora y dejando de lado los adefesios gráficos con los que la sociedad
convive a diario, se abre a esos efectos un amplio panorama de creadores, entre
los que una gran proporción ha optado por otorgar protagonismo a su carrera
en el campo de la plástica. Un porcentaje menor se destaca asimismo en
este campo o sólo lo disfruta como asiduo contemplador, dando prioridad
a su actividad vinculada al diseño, grupo del que sólo los asequibles
se constituyeron en selección y por lo que, mediando diferentes circunstancias
condicionantes, son notorias varias ausencias ilustres. Puesto que la calidad
y la eficacia en el diseño no son monopolio de un tiempo, la inclusión
de algunos jóvenes es testimonio de la continuidad de una línea
de búsqueda fructífera de imágenes no concesivas ni mercenarias.
En suma, un modesto intento de celebrar a estos veteranos en las lides gráficas
y de difundir algunos trabajos de un puñado de jóvenes diseñadores
talentosos, mostrando a las nuevas generaciones un trozo de historia del diseño
gráfico nacional.
MARIA E. YUGUERO