sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
  • Texto curaturial
  • FOTOS DE OBRAS DE LA MUESTRA "EPPUR SI MUOVE" (y sin embargo se mueve)

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    Walter Aiello
    Diego Alfonso
    Álvaro Amengual
    Carlos Barea
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    Domingo Ferreira
    Rita Fischer
    Rodrigo Fló
    Javier Gil
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    Pilar González
    Horacio Guerriero (Hogue)
    Fermín Hontou (Ombú)
    Marcelo Legrand
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    Carlos Musso
    Alinda Núñez
    Inés Olmedo
    Rogelio Osorio
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    Virginia Patrone
    Álvaro Pemper
    Tunda Prada
    Ana Salcovsky
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    Gustavo Serrano
    Renzo Vayra
    Martín Vergès
    Gustavo Wojciechowsky(Maca)

    Texto curaturial

          En el Museo de Historia de la Ciencia de Florencia se conserva el dedo medio de la mano derecha de Galileo, erguido en un cilindro de vidrio, en recordación a su actitud de elevarlo hacia el cielo señalando a los astros. Ante el peso arbitrario de la Inquisición, respaldada por las Sagradas Escrituras, y bajo pena de muerte por herejía, Galileo asintió que la tierra era estática, pero agregó: "Eppur si muove" ("Y sin embargo, se mueve"). Ya lo había demostrado, aunque la letra incuestionable e irracional de las Escrituras dictaminara lo contrario y sus sacerdotes la impusieran por la fuerza. El tiempo y los hechos confirmaron la teoría de Galileo.

         El s. XX, en especial su segunda mitad, trajo consigo la novedad de los artistas incorporados al star system. El mercado propició la figura del artista multidisciplinario y teórico conceptualizador en las áreas de la filosofía, la sociología, la ecología y la ciencia; denostador de los lenguajes tradicionales del arte entendidos como venales; practicante de un arte no venal, por efímero, pero financiado en gruesas sumas de dinero por fundaciones, cifras engrosadas por concepto de venta de los videos, fotos, y proyectos de obras no venales. Hechos artísticos de confrontación a los medios masivos, realizados en lenguaje de clip, videos, proyectados en computadores, teorizados y difundidos desde la TV, con la premisa de la democratización del arte, no alcanzaron su objetivo comunicador pues aunque exigentes de costos desmedidos, no fueron comprendidos en su negación del ABC para la fluida transmisión de una idea: emisor y receptor deben manejar los mismos códigos. Esta actitud abarcativa ha redundado en notorios desniveles relacionados con las áreas de producción, consideradas en forma comparativa, aunque repetidamente se haya invocado al respecto los referentes del Renacimiento, figuras capaces de desbordante creatividad en campos disímiles, concretados todos con excepcional nivel.
         Uruguay ha sido un país pródigo en artistas, en especial durante la última década, en que la teoría avaló la totalidad de lo producido con la condición única de alineación a los lenguajes propiciados por la nueva academia erigida sobre el cadáver del arte. El cadáver, por su parte, ignorando su condición de tal, goza de excelente salud y no ha abandonado su estado pletórico desde hace milenios: no grita, sólo respira a plenos pulmones, mientras contempla tranquilo las convulsiones del mundo, teniendo al tiempo como aliado incondicional. No han transcurrido muchos años desde que el circo, los festivales, la revista de variedades, los porno shows, el cine o el teatro de entretenimiento eran los eventos a los que se concurría para presenciar un espectáculo. Hoy, todas estas instancias se abrevian con sólo visitar una bienal de arte, pero, con ilustres excepciones, la secuencia resultará sumamente aburrida, repetitiva, abstrusa, laberíntica, vulgar e inconducente. La transgresión dejó de serlo hace décadas por dejà vue y aun a pesar de las deficiencias de la lengua y del habla, el discurso siempre resultó el mejor medium de expresión conceptual, en especial si es difundido por los massmedia o vociferado en una tribuna pública callejera. Crítica o reivindicación, desde el agujero de ozono al multiculturalismo y del exterminio al colonialismo, pasando por el cuerpo, los grupos minoritarios y el revisionismo, la ambición multidisciplinaria de los artistas debería ceder la palabra a los idóneos, quienes sin lugar a dudas la formularán con más solvencia, evitando caer en el tan criticado arte panfletario, el que, por otra parte, siempre recurrió a un lenguaje simple, a efectos de concientizar a las masas (catedrales medievales, muralistas mejicanos, realismo socialista, nazismo, etc.). La justificación de este fenómeno por los argumentos del narcisismo, la laxitud, la pérdida paulatina de los límites, la libertad, el hedonismo en las sociedades contemporáneas, no exime a los artistas de su responsabilidad a la hora de decidir.
         La democratización del arte difícilmente se conseguirá a través de la elitización de los lenguajes, puesto que no existen motivo lícito ni evidencia que justifiquen la priorización deliberada de ningún lenguaje tradicional o contemporáneo. El proyecto de comunicar una idea utilizando un lenguaje inextricable, acompañándolo de un texto explicativo y prescindiendo en un todo de la poesía, hace a la obra prescindible, dejando a la retórica como elemento válido, pero siempre minusválido con referencia al escrito por un entendido. La retórica a los retóricos y el zapatero a sus zapatos. La opinión es un derecho democrático, pero la concreción de hechos que no cumplen su objetivo comunicador por limitaciones varias, resulta gratuitamente pomposa y vacua.
         Actualmente rigen estas escalas de valores, con frecuencia (más de la deseada) excluyentes de cualquiera de los lenguajes dichos tradicionales. Sin embargo, el discurso no anula la obviedad de lo real. Aun la teoría más pertinaz se vacía de sentido al convertirse en sólo letra, sin referentes reales. A pesar de esta primacía de la retórica y de su andamiaje teórico, un gran contingente de artistas de larga trayectoria (sólo artistas, no más ni menos que artistas) continúa realizando su escrupulosa labor, sin fanfarrias ni utopías, pero con la certeza que otorga la honestidad. Nuevos tiempos han generado nuevas situaciones, pero existe una línea de continuidad de remoto origen subyacente a las hegemonías, fluir silencioso de un hilo de agua que, inofensivo en breves lapsos de tiempo, horada la piedra con efectos irreversibles a largo plazo. La innegable evidencia de los hechos torna absurda la arbitraria negación del arte cuya silenciosa existencia se manifiesta en los denostados lenguajes tradicionales, entre los que el dibujo, a su vez, ha ocupado un lugar secundario.

          Del bosquejo especulativo a la grisalla, de la línea estructural compositiva al trazado de ritmos y fugas, el dibujo ha sido considerado a menudo la instancia preparatoria a la obra acabada en otra técnica, paso previo que, sin embargo, en innúmeros casos ha legado al arte obras gráficas maestras. En su menoscabo concurrió además el mercado, que depreció el soporte papel como más efímero que la tela y la línea como menos atractiva que el plano de color en lo atinente a su capacidad venal. Este su devenir de lenguaje postergado obligó a muchos dibujantes seso strictu a incursionar en la pintura, por fortuna y con frecuencia a muy alto nivel, en tanto los concursos instituían una primera categoría de pintura, una segunda de escultura y una tercera de dibujo con premios acordes a esta valorización. Si bien estas premisas perdieron vigencia, otras la ganaron, anulando o postergando a los lenguajes dichos, salvo por razones circunstanciales, razones éstas que han provocado la itinerancia de muchos artistas, en tránsito entre los lenguajes conceptualistas y los tradicionales, según la situación.
         La gráfica, con cualidades sobradas para ser considerada no sólo la madre de las artes, sino una de las más complejas, utiliza por principio un elemento que hace la diferencia: la línea. El manejo solvente de la misma, desde su valorización hasta su amplio abanico de posibilidades y medios físicos utilizables (grafo, pluma, lápiz, pincel, pastel, etc.), la ubica en los antípodas de la raya gratuita o del cordón de contorno, usos comunes de una técnica mal comprendida, pocas veces aprovechados como elementos a favor. Toda propuesta volumétrica o ambiental exige un manejo del espacio pasible de ser llevado al plano y toda propuesta sobre el plano exige una noción de espacio, real o imaginario. Desde el cine a la instalación, pasando por la arquitectura, los creadores necesitan del dibujo como herramienta, pues a través de él se visualizan armonías, ritmos, efectos, impresiones de conjunto. Pero más allá de su aplicación pragmática, la simpleza de la línea ha sido la materia con la que se han construido mundos, sensibles en su planidad o en su perspectivación, en su figuración o en su abstracción, sin olvidar el comic, la caricatura o la ilustración, logrando en cada caso estampar la impronta personal del artista. Objetivo: una poética. Metáfora en la imagen que es sin serlo. Fineza, elegancia, fuerza, violencia, pasividad, ortogonalidad u organicidad, blanco y negro o color, trascendencia lograda por un medio reducible por definición a una secuencia de puntos. En síntesis, una aspiración a lo Bello, por oposición a lo lindo, con el objetivo de comunicar a través de un mensaje cuyos códigos son de dominio de cualquier contemplador. Lo sensible valida como arte a toda propuesta en cualquier lenguaje, tradicional o contemporáneo de que se trate, entendiendo de fundamental importancia el qué, pero supeditado al cómo: el artista debe tener algo que decir (lo cual no es frecuente), pero debe cuidar la forma en que lo hace.
         El talento dibujístico es un don natural poco frecuente, con mucho de intuición y más sensibilidad, siendo la copia fotográfica una versión degradada de un arte noble. Lenguaje per se, suele ser profundamente indiscreto, puesto que instantáneo revelador de carencias y complejo instrumento de resolución de propuestas. Quizá sea ésta la razón por la que no son tan numerosos los artistas capaces de expresarse y manejar con dúctil solvencia este lenguaje. Dijo Picasso a Cuevas: "Pintores hay muchos, dibujantes, muy pocos", pero Lévi-Strauss (1981) en relación al dibujo: "un oficio perdido". Quizá sea deseable cuestionar un aspecto de este juicio, pues es real que no existe ya exigencia alguna de oficio, al no existir exigencia de calidad, pero tal hecho no ha sido óbice para que muchos maestros continúen impartiendo esta enseñanza a quienes aún piensan que no todos somos artistas con talento creativo relevante e innato. Si bien el oficio sin talento sólo conduce a un juego preciso de encastres y combinaciones sin trascendencia metafórica, el talento sin oficio sólo excepcionalmente alcanza niveles de excelencia. El dibujo es justamente uno de esos lenguajes que en la casi totalidad de los casos exige una formación que permita al artista el "desaprender" conducente a la concreción de la obra de arte, si bien, aun infrecuentes, algunos creadores movidos por una fuerte intuición, han logrado alcanzar la excelencia que años de aprendizaje han negado a la mayoría. Los menos.
         El grupo de artistas aquí reunidos no ostenta posturas inflexibles, ni siquiera se trata en todos los casos de dibujantes a ultranza, sino que más allá de la variada gama de expresiones a través de las que han trascendido en su divulgación popular (incluidas propuestas poéticamente espaciales), han mantenido una postura sostenida en relación al principio de concierto en los lenguajes y convivencia pacífica. Una exposición cuya línea conductora se ha regido por las premisas de calidad de propuesta en este lenguaje, un promedio etario con sólo algunas excepciones que ameritaron su inclusión y una valorización de expresiones que en materia de dibujo, hace a los participantes igualmente relevantes que en otros lenguajes en los que hayan eventualmente trascendido como figuras públicas. Teniendo el Uruguay un notable nivel de gráficos y proficuos antecedentes en el rubro - a pesar de las exigencias del lenguaje -, la representatividad de la muestra se restringe a sólo algunos de los muchos que por fortuna el país ostenta.

          Cuatro siglos después de su muerte, el dedo medio de Galileo, como una delgada línea, aún se yergue hacia las alturas, desafiando a la inquisición y reactualizando la frase: "Eppur si muove" ("Y sin embargo, se mueve").

    MARIA E. YUGUERO

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