sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
  • Texto curaturial
  • A SEMEJANZA

    BERNARDO CARDARELLI

    Montevideo, 1974. Arquitecto y Licenciado en Artes Plásticas y Visuales, UdelaR. M. individuales: "Sin fines de lucro". S. Sáez (MTOP, 2008). "Nadasincabeza". G.del Bastión (Colonia, 2007). "Rojoverdoso". S. Pareja (ENBA, 2006). M. colectivas: "meta-morfosis" Instalación. (MNAV, 2008). "La biblioteca de Babel". Libro de artista. Inst. Goethe (2008). "proyecto casco arT" Objeto intervenido. G.La Pasionaria, (2008). "Una lancha un artista", (P.Rodó, 2008). "En voz alta" Acción. Plataforma (MEC, 2007). "Artificio". Ensamblaje. Inst. Goethe, (2007). "Correspondencias" Proyecto. Plataforma (MEC, 2007). 15° Encuentro Nac. Arte Textil "Silencio". Instalación. (MUHAR, 2007). "Sin recuerdo". VideoArt: Taller Graciela Taquini (MEC, 2007). "Una y tres tiras". "Ausencia". Volumen. Inst. Goethe, (2006). Primer premio concurso de esculturas World Trade Center:"Vibratos" (2009). bcpereti@gmail.com

    EDGARDO FLORES

    Nace en 1958 en Montevideo (Uruguay).
    De 1972 a 1979 cursa dibujo y pintura con los Profs. Amalia Nieto y Héctor Sgarbi en el Círculo de Bellas Artes (Montevideo- Uruguay). Entre 1986 y 1990 cursa técnicas de grabado (metal, fotograbado, litografía, serigrafía, carborundum) con los Profs. David Finkbeiner (Universidad de New York en Purchase), Álvaro Cármenes y Oscar Ferrando en el Club de Grabado y en el Museo Nal. de Artes Visuales (Montevideo- Uruguay). En 1990 viaja a Valdottavo (Italia) en usufructo de la beca otorgada por el Taller de grabado de Luis Camnitzer (metal y fotograbado).
    Paralelamente (1980-83) practica profesionalmente boxeo y logra varios campeonatos nacionales y en 1993 colabora como dibujante y fotógrafo en el semanario "El Chocolate Dominical" (Montevideo- Uruguay).
    Su labor como docente de grabado comienza en 1997 en el taller de Clever Lara (Montevideo- Uruguay) y desde 1999 hasta la fecha dicta anualmente cursos de grabado en la Batuz Foundation Sachsen (Altzella, Sajonia - Alemania). En 2002 dicta cursos de grabado en la Casa de la Cultura de Fray Bentos (Río Negro- Uruguay) y en 2004 imparte cursos de grabado en el taller "No Más Fronteras" de la Société Imaginaire (Fundación Batuz - Uruguay).
    Desde 1986 participa en numerosas muestras colectivas, entre las que se destacan Museo de Artes Visuales (1986), "Atelier Rempart" (Saintes- Francia, 1996), Gallery of Corcoran Museum ("Proyect Correspondence" - Washington DC- USA- 2000), "15 Pintores Uruguayos" (Washington DC- USA- 2000), Museo de las Américas, Foundation of the Arts (Embajada de Uruguay -USA- 2000), Museo "Agustín Araújo" (junto al escultor Pablo Damiani - Treinta y Tres- Uruguay) y "Figuraciones" (junto a Diego Masi y Pedro Peralta - Embajada de Uruguay- Washington DC- USA- 2002).
    A partir de 1988 expone individualmente destacándose la muestra en "Abbaye aux Dames" (Saintes- Francia- 1998), las tituladas "Segundos Afuera" (Sala "Carlos F. Sáez" - Montevideo- Uruguay - 1998), "Aux Mecs de la Patrie - Sabremos Cumplir" (Saintes- Francia - 2000) y la realizada en "L´Oratoire" (La Rochelle- Francia - 2003).
    Obtiene varios premios y distinciones: 5º Premio Salón de Grabado y Acuarela del Banco de la República (Montevideo- Uruguay- 1989); 1er. Premio Intendencia Municipal de Montevideo (Uruguay) para el dictado de Talleres de Iconografía del Carnaval- 1997; Mención Especial Salón de Grabado y Acuarela del Banco de la República (Montevideo- Uruguay- 1998); 1er. Premio Concurso de Grabado "Fundación Batuz" (Montevideo- Uruguay- 1999).
    Su obra figura en colecciones particulares en Uruguay, Argentina, Brasil, Italia, España, USA, Canadá, Francia, Alemania y Bélgica.

     

    JUAN C. GARCÍA

    1976 - Nace en San Carlos, departamento de Maldonado.
    Cursa Primaria y secundario completo en la misma ciudad
    Paralelo a estudios liceales comienza Inglés en el Instituto Dickens.
    1994- Primer acercamiento al arte con la apertura de taller Estesur a cargo de José Estagnaro
    1996 - Se traslada a Montevideo donde monta su taller, estudia y trabaja hasta 1999.
    1999-Vive en balneario Manantiales comienza a trabajar con desechos recolectados en la playa.
    2000-Su primer muestra individual en el Instituto Goethe de Montevideo bajo la curatoria de Alfredo Torres.
    2001-Nuevo traslado, ahora a un pequeño pueblito en la campaña donde vive actualmente.
    Continua reciclando desechos para sus obras.
    2006- Muestra colectiva de Escultura en Sala Federico Sáez.
    2007- Primer premio Salón "A la obra y a la trayectoria" Intendencia Municipal de Maldonado.
    2008- Muestra individual en Sala Federico Sáez.


    CARLOS LARREGUI

    Carlos Larregui inicia su actividad en cerámica en 1986 con el maestro A. Rezzonico participa de muestras colectivas en la Asociación Cristiana y Banco República en 1989, en 1996 y 2003 participa en muestras del Ateneo de Montevideo. En abril de 2009 realiza su primera muestra individual en la Sala Saez y posteriormente en La Colmena en Montevideo y se traslada la obra a Tacuarembó donde se realiza la muestra en setiembre de 2009.

     

    PABLO VIROGA

    Melo 17 febrero 1963. En 1987 comienza sus estudios de dibujo y pintura con el pintor Carlos Llanos. En 1994 crea el taller de investigación "Arte constructivo", desempeñándose como docente. En 2001 realiza estudios de grabado con el maestro Edgardo Flores. En 2007 trabaja en la producción cinematográfica "Los veraneantes" como docente de arte en la escuela de cine " Orson the kid", España. Del año 1989 al año 2004 obtiene varios premios nacionales e internacionales. Ha realizado exposiciones individuales en Uruguay, España, Francia y ha participado en exposiciones colectivas en Uruguay, Brasil, Argentina, Francia, Alemania y España.

    Texto curaturial

                El hombre como objeto temático del arte es tan remoto como su propia existencia. Durante el paleolítico las piedras escogidas con fines ornamentales o rituales - suerte de objets trouvés a veces apenas modificados - así como posteriores pequeñas tallas representando, entre otras formas vinculadas a la vida cotidiana del hombre primitivo, la figura humana en forma parcial o total, se anticipan a los dibujos de Lascaux o de Altamira. Sin duda el hombre es lo más asombroso que le ha ocurrido al hombre, animal desdoblado en espíritu, capaz de reconocer su propia imagen fenoménica y mudable. A lo largo de toda la historia del arte la representación del hombre, naturalista o metaforizada, ha sido primordial más allá de su tratamiento formal y de su grado de aproximación a la realidad. Trátese de un monigote infantil, de un retrato realizado por Chuck Close, de "El Beso" de Brancusi o del monumental palillo de ropa de Oldemburg, la figura humana ha sido abordada o aludida en infinidad de versiones representativas de sus rasgos, capacidades o proyecciones más relevantes.
                La escultura icónica, lenguaje de comportamiento espacial al igual que su modelo, tiende a asimilarse naturalmente al concepto de "corpóreo" en su acepción biológica, más que a la categoría "volumétrico" en su sentido abstracto, suerte de mística fusión del cuerpo humano con su representación realista. Desde un enfoque platónico el carácter antropológico de una imagen es reconocible, sine qua non dotada de "humanidad", pero su representación artística asume una estética condicionada por múltiples factores que inciden en la concepción y plasmación de una obra, en especial el estilo personal del creador y su expresión abstracta, naturalista o simbólica, para "hacer visible lo invisible", según Klee. Por otra parte no sólo el estilo personal de cada artista, sino el vehículo material de su expresión dan carácter particular a cualquier creación, en especial a la imagen humana, sensible a ultranza a todo tratamiento formal.
                Los artistas participantes de la muestra que hoy nos ocupa, creativos en varios lenguajes plásticos y optando individualmente por diversas técnicas escultóricas que van del modelado a la soldadura, pasando por el tejido y la talla de porte y material diversos - hierro, madera, papel, cerámica o fibra vegetal - conciben lo humano desde la ética, el humor, la semiosis, para concluir en la estética. Escultores como forma natural o frecuente de expresión, ilustran la idea de que, a la manera de Terencio, nada de lo humano les es ajeno: cada volumen aborda un enfoque esencial, con la realidad como referente modélico y el concepto de lo humano como código de lectura de la obra. Ésta, por otra parte, habla del tópico abordado en igual medida en que habla de su autor, enriqueciendo el tema del hombre con la traza psicológica y sensible del hombre artista.

                Bernardo Cardarelli es arquitecto, idoneidad espacial que se suma a su desbordante necesidad de expresión mediante siempre renovados lenguajes. Estas esculturas en que la fibra vegetal desempeña un rol protagónico son la versión tridimensional de sus dibujos, explosiones de color vivo donde la figura humana se asimila a una cruel mascarada. Un personaje desmelenado cuya risa sardónica es casi una carcajada macabra: vanitas vanitatis, ícono asimilable al arquetipo medieval de la danza macabra, los subidos cromatismos contradicen la descarnada lectura del signo, imprimiéndole una acusada intención de mofa. Objeto asimismo de sarcasmo, su bufón estalla en color, mientras se contorsiona en violentas piruetas que agitan su gorro de borlas, produciendo movimientos en giros de molinete. La cantante, curvada en su avidez histriónica, proyecta su voz desde un ingente esfuerzo conjugado con la excéntrica postura planteada formalmente como una acusada parábola. Estética de síntesis, Cardarelli conoce el atributo necesario y la prescindencia de lo suplementario: sus dinámicas esculturas de un individuo humano patético, ridículo o apasionado, se conmueven desde su interior por el uso sensible de la aleatoria materia utilizada, maderas atadas, ramas ondulantes, oscilantes o domeñadas creando contornos, dibujos de densidades transparentes resueltas como refinados encajes de colores primarios restallantes.

                En su percepción del individuo, Edgardo Flores resulta asimismo mordaz, con una tónica más explícita en su narración, un uso más carnavalizado de los códigos, enfatizando la ironía hasta una humorística causticidad. Sus esculturas modeladas en papel parecen originarse en un juego cruel, que sin dejar de ser hilarante reviste facetas despiadadas: los personajes, extremados hasta reducirse a muñecos, se exhiben aislados en su ridiculez, diríase llevados al grado de arquetipo potencialmente moralizante, si la actitud del artista no estuviera más próxima a la observación despersonalizada, divertida del personaje. La tónica de alegre despreocupación en el ejercicio erótico, la hilarante representación plástica del juego sexual son instrumentos compositivos que describen formas geométricas simples: diagonales, parábolas, secuencias en zigzag. Planteos surreales con risibles titulaciones para un erotismo de extremada síntesis, expuestos de manera descarnada a la simpatía, a la crítica acerba o a la indiferencia. Ridículos como actores farsescos, se desdoblan ajenos a realidades patéticas, en situación inversa a la de los personajes de Molière, cuya simbología de vicios y falencias morales contiene la actitud ejemplarizante del clasicismo. Estas obras no tienen moraleja ni enseñanza alguna sino que se presentan a suficiente distancia para liberar el desempeño de unos estereotipos de alegre procacidad, a cuyo mundo íntimo nos asomamos como voyeurs para observar nuestra propia imagen espejada.

                La resistencia del hierro como principio de confrontación y desafío es el recurso material preferido por Juan Carlos García. Sus esculturas, versiones fragmentarias de colosos, son vías de expresión de su alegato a favor del hombre, de su dimensión espiritual trascendiendo su ínfima realidad. En tal sentido su búsqueda apunta a la apología de las facetas heroicas del individuo, siempre superior a sus circunstancias opresivas: el hombre objeto de persecución, víctima de su propia especie, mártir de sus semejantes. Atrapado como una alimaña en una trampa, aun reducido, hostigado, torturado, el hombre será superior al hombre porque hay en él una libertad individual inaccesible al resto del mundo: para bien o para mal cada individuo está internamente solo y libre. En tal sentido las esculturas de García toman en esta ocasión un elemento figurativo de intensa expresividad: manos como imagen metonímica, sujetas a presiones y vejámenes sufridos en ambas dimensiones física y espiritual. Pocos elementos materiales integran estas esculturas interrelacionadas, constituidas por planchuelas, varillas y piezas de hierro de forma ortogonal, presentadas como instrumentos de tortura que interactúan con las manos modeladas en arcilla, oprimidas, sufrientes, inanimadas. Las formas utilizadas son simples y su relacionamiento opone la ortogonalidad de los hierros a la organicidad de las manos, en un todo de fuerte impacto y lectura asequible.

                La visión simbólica de Carlos Larregui - de habitual poética purista - aborda la figura humana desde un esquema sintético y dinámico, pautas correspondientes a la esfera y al cilindro en íntima correlación: contados elementos plásticos definen un cuerpo, una zona y una actitud. Cada pieza es una armónica fusión de escasos componentes geométricos descriptivos de la condición humana y de su potencial generador de vida, elementos dominantes a los que incorpora detalles descriptivos, referentes tomados de la naturaleza como metáforas de vida. La pureza de los volúmenes trasciende la estética, abordando el plano espiritual, mensaje tal vez de una idealización del hombre y aun de sus internalidades. La presentación de sus piezas mantiene su habitual sistema de secciones desgajadas de la escultura madre, cortes que desprendidos develan interiores vírgenes. Las superficies tersas o texturadas por sectores juegan siempre a oponer lo liso y lo rugoso en armónica complementación, manteniendo asimismo el color natural de la cerámica por síntesis elemental de barro y agua. Dialéctica que partiendo de la rusticidad de la materia prima concluye en depurada, pulida forma donde duerme la naturaleza domeñada. Sensuales superficies invitan a la percepción táctil y a la observación minuciosa de los interiores abigarrados, forma holística de acercamiento a una obra que rescata rasgos edificantes y armónicos de la naturaleza humana.

                Pablo Viroga es un artista versátil, cuyas obras bidimensionales de enfático carácter y voluntariosa presencia cobran especial dimensión expresiva al transformarse en monumentales personajes anónimos. Con enfática orientación vertical y planteo rústico, simples en su resolución, dos enigmáticas figuras, masculina y femenina, se plantan ignorantes la una de la otra: incomunicados, autistas, abúlicos representantes del hastío posmoderno. El formato de sillas se incorpora a la zona inferior de las esculturas, contradiciendo lo sedente implícito con una erguida postura pedestre. Absortos en la contemplación del vacío, firmes, enhiestos y ensimismados, aparentan una disposición potencialmente dinámica, visible en el impulso ascendente de su estancia de pie, desmentida sin embargo por las sillas, que remiten a la pasividad de quien se sienta a mirar el espectáculo de la acción ajena. Las rústicas vigas parcialmente pulidas, suerte de monumentos al individuo contemporáneo desconocido, complementadas con atributos ornamentales y de género en piezas de hierro y alambres, se elevan adelgazadas como ideas paradigmáticas, dejando aflorar incidencias del cincel sobre las piezas, carácter táctil y plasticidad visual del detalle: pequeñas oquedades, senderos horadados, grafismos, toques cromáticos en azul. Imagen monumental y fría, destaca por su economía de medios para la transmisión de un relato sin protagonistas ni contexto.

                Observadores de lo humano, este grupo de escultores marca sus diferencias conceptuales y estilísticas con miradas diversas arrojadas sobre el hombre: hay ironía en Cardarelli, burla en Flores, admiración en García, amor en Larregui y distancia en Viroga. Tema de ingente amplitud, desarrollado desde la subjetividad visible en cada propuesta, al tiempo que recreándola en la mirada parcial de cada contemplador. Con excepción de las cerámicas de Larregui - resultado de la unión natural de barro y agua - de mayoritarias superficies pulidas, las esculturas de grande y mediano porte tienen a la rusticidad como forma de expresión predominante, utilizando los medios - juncos, papel, hierro, maderos - en forma directa, respetando las asperezas o anfractuosidades intrínsecas y modificando en lo mínimo necesario su esencia o su conformación original para la elaboración de la metáfora.
                En cualquiera de los casos los personajes representados carecen de filiación, adscribiéndose a los términos del hombre genérico, cuyos individuos tienen la capacidad de trascender su condición mediante el ejercicio de la libertad, instancia en que se tornan personas de identidad intransferible. Difícil definir cuál de las facetas humanas representadas en las esculturas responde en mayor medida a su inmanencia, pero sin duda el hombre es cada una de ellas y todas a un tiempo. Todos somos cada una de ellas y todas a un tiempo. Para bien o para mal.


    MARIA E. YUGUERO

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