sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
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Federico Arnaud
Pablo Damiani
Juan José Núñez
Ricardo Pascale
Roberto Píriz

"EL LENGUAJE DE LA ESCULTURA"
(al modo de Calvino)

     En primera instancia podría parecer absurdo y hasta irreverente el parafrasear a Italo Calvino, utilizando sus premisas estéticas, "Seis propuestas para el nuevo milenio", de carácter estrictamente narrativo, para aproximarse a la obra de cinco escultores cuyo lugar común es la utilización de la madera como fundamento.
     Sin embargo, la correspondencia: poética literaria- poética escultórica, en términos de levedad, rapidez, exactitud, visibilidad y multiplicidad, junto al arte de empezar y el arte de acabar, y cada una de estas premisas como cualidades notorias en la obra de cada artista, generan una proclividad casi silogística a la asimilación espontánea. El dirimir si las artes visuales son o no un lenguaje es una discusión que conlleva naturalmente el problema de la comunicación y del signo. Pero postulando un paralelismo sensible, conceptual y estético entre las artes, fronteras de más en más difuminadas, resulta una tentación no punible el asimilar ambas poéticas y el considerar factible, aunque no excluyente, la aplicación de las seis propuestas literarias a otras expresiones artísticas.
     Por extensión, la palabra, dúctil pero rebelde materia prima del escritor, corre parejas con la resistente docilidad de la madera: se trata de hacer decir, se trata de crear utilizando pautas en el manejo de un lenguaje. La calidez de la madera, su forma de ser histórica, su belleza intrínseca a la espera de su epifanía, su modalidad silenciosa y dramática, su afinidad solidaria con el homo faber, su seducción femeninamente táctil y reciamente vertical, la convierten en un ser familiar con quien el hombre establece una relación cordial, cómplice y armoniosa. Federico Arnaud, Pablo Damiani, Juan José Núñez, Ricardo Pascale y Roberto Píriz lo sienten, lo saben y lo establecen como un nexo de comunicación tan sensible como el contacto piel a pìel o como el perfecto instante en que el lector comulga profundamente con el texto detrás del cual vive el escritor.
EL ARTE DE EMPEZAR Y EL ARTE DE ACABAR
"En este instante de la elección se nos ofrece la posibilidad de decirlo todo, de todos los mundos posibles y tenemos que llegar a decir algo, de una manera especial"
"El distanciamiento de la potencialidad ilimitada y multiforme para dar con algo que todavía no existe y que podría existir sólo por medio de la aceptación de los límites y las reglas". "Debemos llevar a cabo un acto que nos permita situarnos en este mundo"
"Como quiera que acabe, cualquiera sea el momento en que decidamos que la (obra) se puede juzgar acabada, reparamos ... que lo que importa está en otro lugar, está en el sentido que adquiere ese segmento aislado de sucesos, extraído de la continuidad de lo (expresable)"
"Algunos terminan cuando cualquier continuación no haría más que repetir lo que ya se ha representado o cuando la comunicación puede ser una imagen del mundo, un sentimiento, una apuesta a la imaginación, un ejercicio de coherencia del pensamiento. El final realmente importante es aquel que pone en entredicho toda la (obra), la jerarquía de valores que informa la (obra)".

     "El arte de comenzar y el arte de acabar" son las pautas que deben operar como denominador común en toda creación poética, condiciones sine qua non según la óptica de Italo Calvino. El comienzo y el final de una obra son una búsqueda, una secuencia de qués, de cómos y de cuándos, en los que el artista ensaya la proximidad de la voluntad en la impronta del acto creador y la extrañeza del distanciamiento ajeno. Ordenar el mundo personal, extraer de él fragmentos auténticos y darles forma definitiva a sabiendas de que el punto final deberá ser el equivalente a la orden "¡Parla!", que Miguel Ángel formuló a su Moisés. Claro que este proceso de opción - resolución no coarta la libertad del contemplador, quien retoma el punto de finalización de la obra como disparador de su propia recreación. Para el artista es cuestión de optar por un mundo entre los tantos posibles y de colocarse en él para decirse sin caer en tautologías o falacias.
     La posesión de ese mundo personal, expresado a través de cada obra, es lo que torna especialmente seductores el cotejo y el goce de las propuestas escultóricas de estos artistas. El escuchar y responder a qué dicen y cómo lo dicen se convierte en este caso en un diálogo de tenor intimista, dadas las dimensiones de mediano porte de las obras.
VISIBILIDAD
"La observación directa del mundo del mundo real, la transfiguración fantasmal y onírica, el mundo figurativo transmitido por la cultura en sus diversos niveles, y un proceso de abstracción, condensación e interiorización de la experiencia sensible, de importancia decisiva tanto para la visualización como para la verbalización del pensamiento"

     Hay en el mundo de Federico Arnaud de enhiesta y agresiva verticalidad un afán testimonial, un deseo expreso de hacer visible una constatación o tal vez una alerta. No se trata de tiradas trágicas, no monólogos patéticos, sino muecas quasi sonrientes, de acres resabios y humor rancio ante violentas realidades contra las que el arte sólo puede oficiar un rol especular a través de la fantasía creadora.
     Arte metonímico de reflejos cotidianos y ecuménicos, sus esculturas utilizan la madera como soporte áspero o aceradamente pulido, pequeñas escenografías donde ocurren paradojas de tiempos quietos, de movimientos estáticos y donde los elementos adicionales narrativos, integrados a una totalidad sólo a las veces barroquizante o decadentista, con más frecuencia esencial, grafican una postura irónica o quizá sarcástica. El humor suele ser un arma pasivamente agresiva y de dura efectividad si de respuesta o de resistencia se trata.
EXACTITUD
"1)Un diseño de obra bien definido y calculado"
"2) La evocación de imágenes nítidas, incisivas, memorables."
"3)Un lenguaje lo más preciso posible como léxico y como expresión de los matices del pensamiento y de la imaginación."

     Precisión y necesidad, caracteres por antonomasia en la obra de Pablo Damiani. El planteo afiatado y exacto en el que cada elemento estético cumple su función insustituible en la expresión de la obra. Su contemplación autoriza certezas de armonía con resonancias constantes de un americanismo torresgarciano. Superficies ricas en rugosidades y vetas amorosamente reveladas en el pulido esmerado son la sintáctica de este escultor que, siempre predicante de un humanismo emblemático, ha observado una derivación formal ligada en ambos extremos por la figura humana hieratizada en ícono intemporal y el objeto que parece preñarse de un fuerte contenido religioso, sin que los elementos describan, sino sólo metaforicen. El ídolo ya no se yergue estilizadamente antropomórfico, sino resignificado en el objeto ritual inserto en sus estructuras articuladas o en sus tablas abiertas en hornacinas. La presencia de lo mágico rodea a sus maderas de un clima de recogimiento, donde el color, el ritmo y la forma, se viabilizan en morfemas matéricos, rigurosamente escogidos e hilvanados en metáforas del encantamiento.
RAPIDEZ
"La imagen y el movimiento que brota naturalmente de la imagen".
"La riqueza de las formas breves, con lo que ellas presuponen como estilo y como densidad contenidos."
"La máxima concentración de la poesía y del pensamiento ... La intuición instantánea que, apenas formulada, adquiere la rotundidad de lo que no podría ser de otra manera."

     Juan José Núñez es el poeta de la sencillez, paradójicamente la cualidad más difícil de lograr. La complejidad formulada en lo simple, en la forma escueta y ríspida, la que se disfruta en su frescura primera, casi lúdica en la pronta resolución de su imagen. Breve, pero denso, auténtico en su naturalidad espontánea, la que surge del movimiento rápido y el gesto expresivo.
     "Familias de bichos", llama Núñez a sus pequeños grupos escultóricos, conformados en madera rústica y animados de color vivaz. El término "animados" es especialmente adecuado para estos "bichos", puesto que el ánima, el alma de la obra, surge prístina e incontaminada desde la aspereza del material y se abre generosa al color en fraseos cálidos, pero de rápida resolución.
     También Núñez, como Arnaud, juega a la ironía explícita, pero no a través de la forma inquietante, sino utilizando la paradoja de la configuración apacible, reñida con cada título, latinazgo sui generis y abundamiento en temáticas que oscilan entre lo subjetivo y el mundo objetivamente considerado.
MULTIPLICIDAD
"... Como red de conexiones entre los hechos, entre las personas, entre las cosas del mundo. El mundo como un "sistema de sistemas" en el que cada sistema singular condiciona los otros y es condicionado por ellos".
     Diríase que en Ricardo Pascale la sensibilidad del color y la riqueza de la textura son una marca de agua. Sus esculturas no se leen en madera, sino en maderas interactuando para ofrecer una imagen de conjunto. La adición primorosa, equilibrada, de materia y color en estado natural conforman un todo armónico en el que la parte se integra a la forma final de manera apacible, sin violencias, evolucionando elegante en el espacio. No es fácil para un artista distanciarse de su obra lo bastante como para triunfar sobre el pormenor en aras del conjunto. Tal vez la clave esté en la intuición: no sólo el saber, sino el sentir.
     Lo pequeño, el detalle de un fragmento émulo de tesela, se inserta en una estructura de delicadas variaciones cromáticas, suerte de joya rústica desgranándose en sutiles pedrerías, brillantes u opacas, creación de un orfebre prendado del color del tiempo. Las esculturas de mayor porte, en cambio, parecen por momentos escritas en clave musical, a la manera de Verlaine: el artista escucha, cede la instancia a la naturaleza, sólo condicionando los tiempos de expresión y las oportunidades, a la manera de un orquestador o de un gran ensamblador de melodías poéticas articuladas en arpegios, intérprete de lo bello natural, múltiple pero uno.
LEVEDAD
"1) Un aligeramiento del lenguaje mediante el cual los significados son canalizados por un tejido … como sin peso, hasta adquirir la misma consistencia enrarecida."
"2) ... Un proceso psicológico en el que obran elementos sutiles e imperceptibles, o una descripción cualquiera que comporte un alto grado de abstracción."
"3) Una imagen figurada de levedad que cobre un valor emblemático."

     La levedad como reacción al peso del vivir, dice Calvino, recordando a Kundera. Ingrávidas en su conformación son las esculturas de Roberto Píriz. Verticales, parecen buscar, escalar espacios hacia una espiritualidad abstracta, exenta de religiosidad, pero en pos de una libertad extensiva al contemplador, cuya mirada detenida en sucesivas escaladas sigue un decurso ascendente hacia la liberación de la lectura individual. Sus maderas se elevan sin peso, dialogantes pareadas en lenguaje silencioso, de ausente o bajo cromatismo, pulida y crecientemente despojadas. Pocos signos utiliza Píriz para decirse. Objetos en estrecha relación, complementándose en ritmos. Escasas formas orgánicas responden a las ortogonales. Cada pequeño elemento, insignificante en su apariencia visual, es indispensable a la consecución de una búsqueda de elevación formulada en los estrechos espacios donde sus objetos se relacionan en planteos compartimentados: nada es fortuito, nada es gratuito. Sobria y hasta detenidamente silenciosa es la transición de Píriz hacia la levedad elocuente.
     Sus obras más pequeñas sacian en mayor medida las apetencias lúdicas de la mirada contemplativa, refocilada en el pequeño objeto distribuido en forma equilibrada sobre el plano fragmentado, con toques de color y apuestas a la asociación de ideas espontánea y directa por parte del espectador.
     Si las propuestas alternativas de Calvino se evidencian individualmente en forma prioritaria en estos artistas, en mayor o menor medida todas están presentes en las obras de Arnaud, Damiani, Núñez, Pascale y Píriz: levedad como compensación a la gravedad del material, multiplicidad en la inserción de objetos y en el tratamiento del espacio, exactitud en la definición de cada elemento compositivo como insustituible, rapidez en la forma breve por descongestionada, visibilidad en la neta y clara percepción de las imágenes.
     Únicas premisas no opcionales: el arte de empezar y el arte de acabar. El arte de comenzar es un acto íntimo, gestado en la intimidad de un taller, como si de un rito de iniciación se tratase, y a cada artista le compete. El arte de acabar, definido en términos temporales de "ya", es el que se descubrirá al mundo en la obra finalizada, hecho estético sensible, pero responsable de futuro: una fracción del mundo cargada de sentido y cuestionamiento de valores.
     A la postre: lingüística y semiótica; metáfora de la imagen. Los lenguajes de las artes y la posibilidad de captar esencias comunes. Calvino confiesa: "He adoptado el método de contar mis historias partiendo de cuadros famosos de la historia del arte o de imágenes que ejercen una sugestión sobre mí." En proceso inverso, una gran obra de arte literario fue un excelente punto de partida para priorizar las características relevantes en el hacer particular de cada uno de estos escultores.

MARÍA E. YUGUERO

* Las cursivas y los entrecomillados fueron relevados del plan de conferencias sobre el arte de la narración "Seis propuestas para el nuevo milenio" de Italo Calvino.

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