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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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FORMACIÓN:
1997, Técnicas de grabado y fotograbado con Luis Camnitzer. Valdottavo, Lucca, Italia.
1991, Curso sobre artes visuales "Una Visión Práctica e Histórica del Arte Contemporáneo". Stephen Farthing, Ruskin Master en la Universidad de Oxford. M.N.A.V. Montevideo - Uruguay. 1990, Curso de grabado sobre acrílico en carácter de post grado. David Finkbeiner de la Universidad de New York en Purchase. M.N.A.V. Montevideo-Uruguay. 1990, Técnicas de grabado con Luis A. Solari. Montevideo-Uruguay. |
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"Si se busca la personalidad, es que no la hay. Y si se la encuentra a fuerza de buscarla, es que es falsa. Yo solamente puedo hacer lo que hago" (Picasso)
Remitiéndonos a un pasado no tan distante, verificaríamos que entre las pautas de apreciación de la obra de un artista, se atribuía valor relevante a lo que se daba en llamar la posesión de "un mundo". Una estética sui generis, formalidades personales para la expresión de inquietudes personales. Un sutil hilo conductor que permitía hilvanar propuestas ramificadas en mayor o menor medida sobre el fabordón del "sí mismo", de lo incambiable que en el plano de la creación cada artista manifiesta durante toda su vida, más allá de los cambios. "El artista tiene fantasía, habilidad técnica, sensibilidad aguda y facultad de estilización. La sustancia de su ser, lo que le hace artista, aquello cuya unidad no puede descomponerse y analizarse, yace, por decirlo así, bajo todo eso."(Mario Silva García)
Si bien este tipo de premisa perdió vigencia en las últimas décadas, aún pervive en algunos artistas poseedores de una obra auténtica, signada por el espíritu de lo inmanente indeclinable. Tal la obra de Rodrigo Fló, cuyo extenso y polifacético hacer ostenta la impronta de "su mundo". Color entonado, construcción, dinamismo, íconos de figuración ambigua, climas densos enriquecidos por luces generadoras de espacios ficticios, contornos de suaves fusiones, notoria incidencia de la línea y el signo: expresionismo dramático contenido por premisas compositivas es un punto de partida para el al acceso al mundo poético de Fló. Su obra se ha desarrollado en términos de un americanismo de forma y color parcialmente atemperado por el rigor torresgarciano, con una presencia protagónica del elemento gráfico en su producción. Su solvencia dibujística en grafito, tizas y diversas técnicas de grabado le ha conferido la relevancia de uno de nuestros más destacados creadores en la materia.
El americanismo de Fló no se atiene estrictamente a las citaciones o referencias que en este sentido aporta la escuela de Torres García, de principios universalistas. El americanismo implica una esencia de color y forma emanados de la imaginería propia de una geografía, una étnica, un estadio socio-político y económico y un tiempo ajenos al mundo europeo, del que fueron absorbidos ciertos elementos culturales en la medida en que las circunstancias generaron la aculturación. Lam, Szyszlo, Obregón, Tamayo, entre tantos, han propuesto una obra de neto cuño americano, en el que la temática es un factor importante, pero el color, la figuración, el clima, la formulación mágica de su imaginario, el peso de tradiciones locales, la densidad significante, son factores protagónicos por sobre técnicas o corrientes estéticas de raíces extranjeras. La escuela torresgraciana propone una teoría holística en lo conceptual y uniformizante en cuanto a pautas formales. La cohesión en las propuestas americanistas responde a un espíritu afectivo, que surge espontáneamente y sin parámetros reguladores. Rodrigo Fló crea imágenes nacidas en el espíritu americano y contenidas por algunas de las pautas del TTG, más evidentes en su actual propuesta, que a pesar de ello no pierde su carácter expresivo ni su impronta personal. Una apreciación prima facie de su obra arrojará una esencia americana; una observación más pormenorizada concluirá una parcial pautación en régimen torresgarciano, referida a mensura, valores y construcción.
Esta nueva propuesta pictórica de Fló se asemeja a un sondeo que desde su centro empuja hacia el extremo a sus propias configuraciones. Sobre sus constancias personales Fló ha radicalizado la contención de las formas, tornándolas más incisivas o drásticas en su ortogonalidad, como irrupciones aguzadas no exentas por momentos de una cierta tónica agresiva. El grafismo y la sígnica, elementos estéticos y demarcadores de itinerarios, ordenan grandes superficies planas más depuradas de textura en las que el rojo juega un papel preponderante y el trazo vigoroso aporta nuevos elementos a la densidad formal de las presentaciones, creando puntos de inflexión que generan dinamismos disparadores de sentido. No faltan el tono ni las estratégicas intervenciones complementarias, aunque las formas orgánicas, más escasas, ya casi no arrojan pistas hacia la figura humana, sino que se racionalizan, abstrayendo alusiones. Imposible sería calificar de fría o racional a ultranza a esta serie de pinturas, que parecen tornarse más distantes o enigmáticas, pero no velan la presencia expresiva de Fló, constante en su caligrafía gráfico-pictórica.
Su serie de acuarelas, contrapeso formal a sus pinturas, ofrece una distensión en su planteo casi lúdico, que retoma sus formalidades neofigurativas. Más ligeras y luminosas, proliferan en tonos pastel, insertando el juego de alusiones orgánicas a la figura humana en un clima de remanso. Las grandes masas se funden más sutilmente con las pequeñas, sin violencias ni tensión, si bien las tonalidades parecen por momentos funcionar como excusas tendenciosas a la intervención de la línea enérgica. Otra poética, otro espíritu de distensión para estas acuarelas que en su juego tal vez buscan ironizar sobre su propia sutileza, cotejada con sus pinturas.
"Las imágenes mantienen un silencio absoluto, no dicen nada" escribe Fló, y de hecho tampoco es necesario el complemento textual que las haga decir, pues la imagen es autosuficiente y responde a sí misma, siendo su poética metáfora una revelación sensible de comunicación no verbal y difícilmente transferible al discurso, implicando para cada contemplador una diferente experiencia, todo lo cual pone en entredicho el rol del crítico, quien juega a metaforizar en su propio discurso una interpretación de la metáfora formulada por el artista, tanto como cualquier fruidor de arte. Su punto de vista se relativiza entonces en función de una captación sensible tal vez más afinada, pero no más válida. Si la poesía nace de la música verbalizando en ritmo y armonía el sí mismo y el afuera, pudiendo ser encontrada en los diversos planos de lo fenoménico y lo ontológico, es una experiencia profunda y personal el permitir que las imágenes manifiesten su poética en términos de silencio elocuente. "El sentimiento estético se confunde con la vida llegando a la conciencia de sí misma, de su intensidad y de su armonía interior: una perfección o una acción que estimula la vida bajo sus tres formas a la vez (sensibilidad, inteligencia y voluntad) y que produce el placer por la conciencia inmediata de este estímulo general." (J.M. Guyau)
La poética de Fló es sostenida: variada en connotaciones, pero permanente en la evidencia de su continuidad formal: gesto, caligrafía, signatura del artista como una impronta involuntaria. Un mundo cuyo aleph es asequible, pues lo fortuito no tiene cabida en el hallazgo: las claves sensibles de acceso permanecen siempre allí.
MARIA E. YUGUERO