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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Eduardo Fornasari
Nace en Montevideo en
1946
Estudia dibujo y pintura
con Jorge Damiani, estetica e historia del arte con los arquitectos Florio
Parpagnoli y Fernando
Garcia Esteban, y con la critica de arte Celina Roglieri, estudia dibujo clasico
y anatomia con el escultor Moller de Berg.
realiza un post-grado de grabado con el prof. del instituto Pratts, de N.York,
David Findkbeiner, trabaja con el grabador Luis Solari en su taller.
En 1990 egresa de la escuela de psicología social "dr. Enrique
Pichon Riviere "
Desde 1990 coordina grupos y se desempeña como docente en el ciclo
básico y en el ciclo técnico de la escuela de psicología
social "dr. e. p. riviere.:
Ingresa en ORT en 1995 desempeña tareas como docente, asesor académico
y consejero estudiantil para la facultad de comunicación y diseño.
Como artista plástico,ha realizado 150 exposiciones colectivas en Uruguay
y el mundo, destacándose premios nacionales, bienales como "domec"
(México), "cartón de colombia"(Colombia), "maldonado"
, "del deporte" , "automóvil club", (Uruguay),
"premio stabilo",(Alemania), bienal chamaliere,(Francia), bienal
xilon internacional, (Suiza), "dibujo(Puerto Rico), exposición
itinerante oea, (EEUU), salones nacionales y municipales (uruguay), etc, ha
realizado 22 exposiciones individuales en Uruguay, Argentina, Brasil, EEUU,
y Francia, siendo la última en ORT, Uruguay.
PREMIOS OBTENIDOS
" premio " arte
joven banco la caja obrera
" premio " bienal de Maldonado primera versión
" premio " bienal de Maldonado tercera versión
" premio " Banco República
" premio " premio Piccasso
" lo mejor del año ( 1972,73)" (asociación de críticos
del Uruguay )
" premio " bienal del Automóvil club del Uruguay
Desde 1964 se desempeña
como docente en el campo de las artes plasticas el dibujo el grabado y coordina
talleres para el desarrollo de la creativdad.
Desde 1966 se desempeña básicamente como ilustrador realizando
esta tarea en publicaciones como el semanario "marcha" en Montevieo
y periódicos como "o estado" y "jornal da tarde"
en Brasil..
Desde 1969 ha participado en innumerables tareas vinculadas con la investigacion
y utilización de la expresion grafoplástica tanto en la orbita
de la educacion, como colaborando en labores terapéuticas y diagnosticas
en el area de la psicologia clinica.
Participa en la reapertura en uruguay como docente y asesor de los talleres
de capacitacion para psicólogos de la asociación uruguaya de
psicoanalisis y psicopatologia de la expresion (auppe)
Miembro disertante en las primeras jornadas de la expresion, invitado por
el sindicato medico del Urugay
Miembro disertante en las primeras jornadas de atencion primaria de la salud,
invitado por la Universidad de la República
Integrante
del "dibujazo" de los años sesenta, Eduardo Fornasari fue
asimismo miembro relevante del Club de Grabado y protagonista de un movimiento
cultural - de carácter no sólo local sino internacional - que
subvirtió sociedades e hizo del hombre el objetivo de sus diatribas
y sus esperanzas, otorgándole la sagrada misión de construirse
y devenir "el hombre nuevo", un paradigma cuyo advenimiento desplazaría
al fementido "pequeñoburgués". Una iconografía
no exenta de violencia y élan incontenible fue el gesto drástico
de un grupo de jóvenes artistas que lucharon armados de su talento
comunicador para destruir una sociedad decrépita: el arte era un arma
cargada de futuro; gritos en el cielo y en la tierra, actos, a la manera de
Celaya.
El tiempo, entonces inquieto y agresivo, discurrió
aminorándose hacia el anonadamiento: el dinamismo se desaceleró
en forma compulsiva durante el terror y luego devino estancamiento conformista
sólo violentado por la persistencia de los nombres ya consagrados,
la incorporación de la "generación intermedia" de
los 80´ y la posterior emergencia de un puñado de valores nuevos.
Sin embargo, no es sustancialmente diferente el objetivo perseguido por Fornasari
hace ya cuarenta años del que constituye su presente horizonte, quizá
ya no identificado con una meta a lograr, sino sólo como un anhelo
inconfeso.
Este
artista y psicólogo conoce y se conoce individuo desdoblado en lo consciente
manifiesto y en lo inconsciente soterrado, protagonista y víctima de
sí en la existencia vivida y en la que nos vive. Su presente obra,
como lenguaje de sígnica visceral incontenida - excepción hecha
de sus pautas compositivas - hunde sus raíces formales en la efusión
expresionista de su época temprana, alimentando así una llama
inquieta que no parece aspirar ya a magnas concreciones, sino sólo
a hallar "un espacio de restitución", "de encuentros
atemporales y asimbólicos", un lugar utópico en el que
el espíritu colectivo de otrora prospere en su meta ideal de "construir
un mundo". Un decir desgarrado, un experimentar dramáticas develaciones,
un ser caótico como proemio a un estado de armonía sólo
anhelado, no representado, modelo de universo perfecto concebido en su pasado
como viable por efecto de la voluntad colectiva, mantenido hoy en un plano
oscilante entre la utopía y la resistencia a dejar morir una esperanza
valuada en sangre.
Formalidades
dramáticamente abstractas se transforman en elemental figuración
para representar a Macbeth y Lady Macbeth, paradigmas de la ambición,
el poder, la traición, la culpa, el remordimiento, de alguna manera
identificables con la vorágine que antecede al concierto asociado a
la liberación, el orden, la armonía, la integración del
individuo al medio, proceso de culminación en lo perfecto total. El
statu quo, dramático caos múltiple e inabarcable, no permite
una representación fenoménica, sino sólo esencial: movimiento,
formas intrincadas, tenebrismo inquietante. Masas heridas, cortes transversales
de cuerpos indefinibles se abren obscenos por zonas para exhibir impudicias
de acciones vergonzantes, realidades íntimas, truculencias de la memoria,
escoria en carne viva. Confrontación adentro-afuera, inconsciente-consciente,
caos-orden, ser-parecer, real-ideal. Mundos indefinibles albergan vida en
sus concavidades, como el hombre en la altura de su jerarquía regia
alberga internalidades promiscuas y abyectas. Las composiciones suspendidas
en el espacio de la página blanca ostentan elementos apilados, asimilables
con frecuencia a turgencias y ambigüedades del objeto erótico,
desmoronándose realistas hacia profundidades abisales, contundentes
por pseudo-tridimensionales y generando intrincados hacinamientos de índole
trágica, al intuirse la ocurrencia de acciones inquietantes, torturantes,
dolorosas.
La
austeridad de los medios físicos redunda sin embargo en grandes dibujos
en los que la pluma entintada no sólo aporta la sensibilidad de la
línea valorizada, sino que establece escrupulosa y paciente finos entramados
lineales definiendo límites, superficies iluminadas y zonas umbrías
planteadas en planos velados, laxos o densos de texturas, enriquecidas por
el factor fortuito del accidente creado por la irregularidad o la alteración
de su apertura. El decurso del tiempo reflejado en la historia particular
de la pluma como enriquecimiento es criterio que no dista sustancialmente
del discurrir empírico del propio artista en relación a sí
y a su arte: el mismo individuo igual a sí mismo y heraclitanamente
diferente décadas después, se aferra a ideales tan semejantes
o tan variados como él es semejante o diferente a sí mismo cuando
la mitad de su vida ha transcurrido.
De lo plano a lo tridimensional los volúmenes
se iluminan, generando sombras sustantivas, mientras prietos entramados de
líneas se descomprimen hacia lo laxo hasta perderse en la vaguedad
de los contornos difuminados. Las configuraciones fluctúan descontextualizadas
en el espacio, flotando dinámicas en ritmos coherentes o internamente
contradictorios: las superficies abigarradas se agitan vermiculares, se pliegan
y repliegan sobre sí mismas o se disuelven perdiendo nitidez hasta
ondular evanescentes, difuminadas, casi gaseosas. El planteo abstracto de
la casi totalidad de los dibujos, en los que la técnica detallista
y pormenorizada denota tácita el magisterio de un artista cuyo oficio
no es razón menor, determina espacios en los que la definición
formal se altera por zonas, modificando la resolución de la textura
desde el puntillismo al gesto, de la descripción detallada de un objeto
inexistente - pluma, tela cubriente, hueso, vísceras, armas punzantes,
escalera, miembro humano o paisaje - al plano de negro neto, del trazado lineal
geométrico a las formas ortogonales volumétricas por tercera
dimensión. La estética de recursos y de concepción de
varios dibujos de esta serie y de frecuentes detalles de la totalidad se asimila
naturalmente al grabado calcográfico, quizá porque también
la gráfica ha ocupado un espacio de privilegio en la obra de Fornasari,
y su espíritu planea suavemente por sobre sus obras: aguafuerte, buril,
punta seca, aguatinta, mezzotinta parecen reclamar un derecho de familiaridad
innegable.
Un mundo onírico vinculado a un caos ecuménico
liberado en apariencia a su propio devenir, destinado sin embargo al ordenamiento,
a la regencia del espíritu y a la recuperación del alma arrastrada
por el vértigo de la agitación en el vacío hacia la inconducente
atomización que define el mundo actual. Fornasari cree en la redención
universal del hombre por el espíritu, pero su mundo intangible de orden
y armonía se ubica en un universo platónico, desmaterializado
místico, y aguarda en silencio el cambio alquímico: solve et
coagula. El artista se planta advertido de cara al futuro, pertrechado espiritualmente
contra lo inefable que se develará en forma sorpresiva, amenaza cuya
índole ha diferido a lo largo del tiempo transcurrido desde la época
en que el riesgo se discernía claro y tangible.
Fornasari sueña desde su pasado con ese estado
de alerta que anularía toda emergencia de sorpresa, pero constata un
presente imprevisible, fragmentado, que torna absurdo cualquier esfuerzo de
anticipación. A la luz de esta conclusión, si el presente y
el futuro se presentan imponderables, siendo todo posible y loable, el individuo
contemporáneo en vigilia debe a la postre preservar su capacidad de
asombro evitando su naufragio en un océano de impactos que se neutralizan
entre sí. Y al fin, en un universo de maravillas hueras, referentes
vacíos convertidos en objetivos insoslayables por la sociedad posmoderna,
a este sujeto de deseo despojado de sus armas cargadas de futuro, pero aún
centinela de su logos, poco más le resta que el arte y su pasado como
formas de recuperación de su espíritu.
MARÍA
E. YUGUERO