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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Juan M. Giménez Barbot
ESTUDIOS:
1986/87 - Dibujo y pintura con Guillermo Fernández.
1991/95 - Dibujo y pintura con Clever Lara.
EXPOSICIONES:
1994 - Colectiva en la Asociación Cristiana de Jóvenes
1995 -
Colectiva en B'nai B'rith del Uruguay.
- Colectiva
en la Intendencia Municipal de Montevideo.
- Muestra
"Veinte años y un Taller", del Taller de Clever Lara
1997 - Colectiva en Libertad Libros, Casa de Arte
- Colectiva
en Libertad Libros. Muestra "Paisajes"
1999 - Muestra Concurso Batuz Proyecto "Correspondance" Sala M.T.O.P.
Los paisajes de Juan Giménez no son complacientes.
Tampoco son naturales. Habitualmente el género paisajístico ha sido piedra
liminar en la construcción de universos imaginarios, recuperando recuerdos
o generando fantasías emplazables en el tiempo y en el espacio. Similitudes
con lugares vividos, ensoñaciones de futuros deseados han introducido al contemplador
en la naturaleza ficticia, proyectándolo hacia el interior del cuadro.
J.G. no sueña paisajes ni los describe; no busca
conferirles paz ni nos permite instalarnos en el campo imaginario de sus cuadros.
Su planteo revierte el proceso, internalizando el espacio en las referencias
del contemplador, el que ya no volará de sí, sino que viajará a las profundidades
de su intimidad para descubrir en ese submundo interior elementos psicológicos
y sensibles subyacentes en el paisaje.
Una serie de pinturas oscilante entre la figuración
inverosímil y los espacios abiertos y angustiantes, de planteo casi abstracto.
La pseudo-perspectiva finge vistas aéreas carentes de puntos de referencia,
por lo que una imprecisa desazón se genera tal vez por la imposibilidad de
situarse físicamente en relación al paisaje. Especie de "grands plans" cinematográficos
o de imágenes registradas con un gran angular aplastan a las figuras humanas
reducidas a la sugerencia.
Los angostos planos verticales sobre los que
define algunos de sus paisajes edilicios aceleran el descenso de la mirada
hacia los pequeños seres que realizan acciones insignificantes. A veces los
homúnculos se fragmentan y esparcen sin identidad ni lógica en el espacio
abierto o devienen estereotipos esquematizados de desnudos femeninos idealizados
o metafísicos. De la inane presencia humana a su ausencia absoluta, el silencio
imperante es irreal, la soledad helada y el eco del viento inaudible. Exégesis
y reinscripción de un exterior ficticio en el interior ignorado del Otro.
Un mundo misterioso expresado con sutileza y
rigor. Juan Giménez no improvisa. Es notorio el especial cuidado con que dispone
cada detalle plástico, de la pincelada plana al espatulado textural, del tono
terroso y matérico a la superficie acerada de grises y azules.
La sensación de vacío o de desolación dimana
del todo, en el que la mirada no logra aliviar el desasosiego, ni saciar el
ansia de claridad. "Nada más querido que la canción gris / donde lo Indeciso
a lo Preciso se une" (Paul Verlaine). El carácter imperceptible de la línea
divisoria entre lo físico y lo metafísico, volcaría la propuesta de Juan Giménez
hacia la trascendencia especulativa, de referencias fenoménicas pero realidades
imponderables, ya que no platónicamente idealizadas.
Vértigo y sobrecogimiento para paisajes descriptivos
de lo inexistente: si los planos edilicios sugieren una desolada ciudad futura,
los yermos espacios abiertos hablan de un tiempo imprecisable, tal vez posterior
a la casi total desaparición del hombre después de la última conflagración.
Espacios introyectados hacia zonas oscuras que conducen dentro de cada observador
a la morada del silencio.
"Ofrecía unas ausencias, había que precisar
qué divinidad infernal sudaba sus pesadillas a lo largo de aquellas ausencias.
Una suspensión, un abismo pascaliano, se abría a sus pies, haciéndolo llegar
a la tela nublado y vacilante" (José Lezama Lima)
MARIA E. YUGUERO