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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Juan José Núñez
Lugar de nacimiento: Tacuarembó, Uruguay. (1949)
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EXPOSICIONES
INDIVIDUALES EN URUGUAY:
1985_
Muestra de pintura realizada en la Casa Uruguay - Suecia.
1990_ Primera muestra de escultura en Casa del Virrey.
1992_ Muestra de escultura
en el departamento de Treinta y Tres.
1993_ Muestra de escultura en el Cabildo de Montevideo. 1995_ Muestra de escultura en la Alianza Uruguay-Estados Unidos. 1996_ Muestra en la ciudad de Tacuarembó. 1998_ Muestra de escultura en la Colección Engelman-Ost. 1999_ Muestra en la Oriental Galería de Arte Manantiales-Punta del Este. |
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El logro de la simplicidad es tarea harto compleja. Proviene de un largo proceso de depuración, en base a una escala de valores obtenida de la experiencia. Sin embargo, no es un devenir lineal sine qua non. Las condicionantes para esta sabia conclusión dependen de la capacidad individual de comportarse como un buen discípulo de la vida y de aprender sobre lo andado, separando la paja del trigo.
El caso de los artistas es especialmente complejo en este sentido, puesto que difícilmente logren el suficiente distanciamiento de sí mismos como para obtener claridad de óptica : el creador habita dentro de sí mismo. Pocos logran la simplicidad y los más ni siquiera lo intentan.
La situación de Juan José Núñez dentro de la plástica nacional es atípica y sólo comparte sus características con un pequeño grupo de iguales. Es un artista cuya expresión carece de las sofisticaciones que embozan tras sesudas propuestas una gran vacuidad presuntuosa.
Núñez es un hombre amasado en el paisaje rural, capaz de grandes emociones y dotado del insólito talento de decir o contar grandes cosas en pequeños términos. No necesitan de respaldo teórico ni de conocimientos previos. Casi objetos lúdicos por su resolución formal, pero bellos y maduros productos de un proceso de síntesis natural. Este calificativo define su forma de ser simple. Si pocos logran el estado de simplicidad por esfuerzo racional o por efecto del discurrir temporal, Núñez lo posee por legítimo derecho en forma innata.
Un lugar, Las Piedras, es un punto de partida, un motivo que estimula antiguos recuerdos, iconografías familiares o voces infantiles. "La Batalla de las Piedras", referente ineludible de los años escolares, es para Núñez un motivador de imágenes adultas, nueva lectura del mismo acontecimiento.
Si las instancias de nuestra historia han sufrido un proceso de asepsia conducente a la apacible digestión de nombres propios, fechas y emplazamientos físicos, el artista ha buscado otra perspectiva que elude la literalidad de la escultura figurativa de bulto, ofreciendo a cambio ingrávidos dibujos espaciales o bidimensionales, síntesis de realidades sin efectismos.
Contornos de soldados y lanceros, animales y armas de época se debaten dinámicos, como rápidos apuntes, trazos urgidos que recortan anécdotas o detalles en el aire. Jugando con un símil de profundidad, complejas escenas se desarrollan resueltas en varios planos imaginarios, que permiten al contemplador una lectura pseudo-perspectivada del campo de batalla. Algunas obras conjugan dos lenguajes concretados sobre el plano y en el espacio, para realzar aspectos anecdóticos en el acontecer de la refriega.
Colores emblemáticos y ascetismo en el planteo. Con economía de medios y una emotiva sencillez Núñez resuelve instancias épicas de una violenta confrontación, humanizando una visión distante de rimbombancias triunfalistas, heroica por esencia y afectiva por pertenencia. Una historia bien contada, en la que los protagonistas se uniformizan en un anonimato heroico, por sobre el que la victoria se perfilará iniciando nuestra gesta independentista, edificada sobre los despojos de hombres sin nombre. La muerte ignorada se homenajea con boato en las figuras de los próceres, destinatarios últimos de grandes monumentos que emblematizan a un hombre, pero se resignifican en miles: estrategas, contendientes, figuras únicas pero sólo vidas humanas en el calor de la refriega.
Simplicidad para una evocación que reconstruye, mediante materiales rústicos, la silueta de un episodio histórico, el contorno de la muerte en el extremo de un hilo conductor que se pliega y repliega a través del tiempo para hacer posible la libertad de concebir estéticamente a la Batalla de las Piedras sin la solemnidad y la grandilocuencia de los grandes monumentos estereotipados.
MARIA E. YUGUERO
Recuerdo a mi infancia, cuando por las calles de piedra de mi barrio, costeadas por frondosas sombras de enormes árboles, transitaban tropas de ganado rumbo a la estación del tren. Por delante de ellas, nerviosos caballos de sudorosos cuerpos.
Esta irrupción sacudía la obligada siesta, pues de los cuellos de aquellos hermosos caballos pendían estruendosos cencerros. Mis ojos de gurí de pueblo quedaban impactados. Tal emoción, ahora lo sé, nacía del ser testigo de aquel enorme grupo escultórico en movimiento. Tal percepción se afirmaría durante mis vacaciones, cuando junto a mis tíos colaboraba con las tareas camperas.
Interesado por redescubrir nuestro pasado, siempre he buscado dimensionar los hechos históricos más allá de la puntual fecha de los mismos. Por lo tanto me interesó mucho el enfoque removedor de la Prof. Ana Ribeiro en su investigación sobre Artigas.
En la actualidad vivo en una zona llamada "Rincón del Colorado". La misma está
próxima al lugar de la Batalla de las Piedras, motivo estimulante y disparador
como para meterme en el tema. A partir de mi lenguaje expresivo trato de lograr,
en una suerte de equilibrio plástico, hablar sobre el tema.
JUAN JOSÉ NÚÑEZ