sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
  • Texto curaturial
  • Texto de A. Migdal
  • Gerardo Mantero

    Nace en Montevideo en 1956. 1976- Estudia dibujo y pintura con Hilda Lopez. Estudia dibujo y pintura con Dumas Oroño. Interviene en el "Salón de Arte Joven " (Asociación Cristiana de Jovenes). Interviene en el "Salón de Arte Joven" ( Coca Cola). Exposición individual Alianza Frances. Participa en un curso de grabado en metal, en el Club de Grabado impartido por Héctor Conte. 1982- Diseña la escenografía de la obra "Jettatore". Interviene en el salón "Poul Cezanne". Obtiene el segundo premio. Interviene en el salón "Automovil Club del Uruguay". 1983-Diseña portadas de discos (Baldio- Segundos Afuera Jorge Galemire )Participa en la exposición de Arte-Correo, en la galería Daad de Berlín Alemania. Interviene en el "Premio Nacional de Pinturas Inca" (Obtiene uno de los cinco primeros premios). Interviene en la "Muestra por las Libertades"- (Facultad de Arquitectura). Interviene en la exposición "El Hombre y el Medio Ambiente" (Galería Cinemateca). Participa en el "Premio Nacional de Pinturas Inca" (Como invitado). 1986- Es seleccionado por el Museo Nacional de Artes Plásticas y Visuales, para participar en el curso de grabado en metal dictado por el Prof David Finkbeiner de la Universidad de Purchase-New York. Trabaja como ilustrador en distintos semanarios y publicaciones (Alternativa, Zeta).
    Estudia con Guillermo Fernández. Edita con Mingo Ferreira la "Guía de Información Cultural de la Cuidad de Montevideo". 1988- Interviene en la "Bienarte 4" (Alianza Uruguay EEUU). Interviene en la exposición "El Cómic y la Historieta en el Uruguay". (Instituto Nacional del Libro). 1990- Exposición individual "Fútboll" ( Alianza cultural Uruguay- EEU) Exposición individual en Malmó- (Suecia). Exposición colectiva (Galería Cinemateca.Exposición colectiva (Casa de Cultura Departamento de Florida). Trabaja como montájista ,para una exposición itinerante organizada por el M.E.C. Realiza exposición individual en el "Palacio Gallino" (Departamento de Salto). Realiza un trabajo mural "Museo Abierto" de San Gregorio de Polanco. Exposición individual en el "Banco de Estado de Chile", (Santiago de Chile). Realiza diseño mural para el escenario de carnaval del club Defensor Sporting. Realiza diseño mural para el escenario de carnaval del club Defensor Sporting,. Exposición individual "Visiones Subjetivas- Presagios Lúdicos", Galería del Notariado
    Otras Actividades
    Es el editor de la publicación de "Socio Espectacular".

    Texto curaturial

          El concepto de dimensión temporal, de por sí polisémico, es de más difícil precisión a partir de un presente colectivo ambiguo, anulado en sus proyecciones de pasado y de futuro por la ciencia y la tecnología modernas. Sin embargo, existe un tiempo interior subjetivo que es pasible de modificaciones provenientes del mundo exterior, incorporadas en forma empírica como un enriquecimiento o una visión más clara del afuera, mediante una dialéctica racional valorativa de la información.
         Más allá de esta masa anónima en que nos han convertido los medios, cada individuo, en la medida personal de su grado de alienación, sufre los embates temporales, asumiéndose o disgregándose en "divertissements", evasiones hacia un mundo leibnitziano y arcádico, que le permiten mediante la ficción, olvidar-se temporalmente. Si la intuición conduce al método científico, la razón procesa el conocimiento e internaliza en el individuo una ubicación protagónica de sí mismo, autoponderación ad libitum, en un contexto colectivo de anonadamiento e intrascendencia.
         Es doxal la utilización de expresiones verbales que, originadas en una perspectiva personal, tamizan la visión del mundo en tonos de rosa, de rojo, de negro o asocian una idiosincracia a un color, como es el caso del gris aplicado usualmente a los uruguayos. La extensión del criterio al plano individual artístico, condicionado por el tiempo subjetivo, aparejaría la vinculación del proceso interior a una paleta personal, suerte de espejo connotado.
         Gerardo Mantero se sitúa en la mitad de su vida y observa al mundo como una necesidad impuesta por su tiempo interior: el color a la luz de la experiencia transcurrida. Mira al afuera internalizado y lo devuelve al mundo en tonos constantes y compartimentados para circundar a pequeñas figuras, esbozos de obsesiones o recurrencias que hacen a su manera de ser hoy, como suma de sus historias pasadas. No se trata estrictamente de un deseo de mostrar una producción reciente, sino de una necesidad de decir que su presente requiere de la línea axial del después.
         La recurrencia de las figuras humanas masculina y femenina enfrentadas y bloqueadas se completa con un fuerte acento erótico implícito en organicidades que, sin embargo, no franquean una vía comunicativa entre ambos géneros. Una silla vacía reitera la ausencia o la espera de seres solitarios que no acceden al otro, tan próximo, pero tan inasequible en su espacio estanco. La densidad del color oscuro, con acentuación sobre violáceos, ocres y rojos, transformado en pura materia o herido en esgrafiados, fluctúa sobre el plano en líneas que se deslizan o devienen rígidas, limitando campos de acción o de inercia y permitiendo que, en ocasiones, pequeñas secuencias teatrales llevadas al lenguaje sintético del tebeo o desde la clave simbólica de los cuadrantes de un escudo, se iluminen en amarillos abriéndose paso desde la oscuridad. Texturas y empastes, priorizados sobre la superficie del soporte, construyen orografías sensibles que inducen al tacto de la materia generosa, convertida en otro significante de la sensualidad manifiesta y constante en la propuesta.
         El peso de la imagen escenográfica, relacionada con la actividad periodística de Mantero, se hace notorio en varias de estas composiciones pictóricas, que podrían concluir en su visión personal del mundo como espacio de ficción en el que los individuos y los objetos sólo actúan en una dimensión irreal, esquematizados como símbolos (a la manera de los emblemas nacionales), pero conscientes (como él mismo) de las barreras infranqueables de acceso a la comunicación, contemplándose silenciosos y enfrentados, a diferencia de los campos heráldicos que, distribuidos sobre dos ejes, adquieren valor iconográfico independiente.
         Gerardo Mantero se inscribe en la franja etaria de los artistas que podrían calificarse como "generación intermedia", formada y surgida con escasos referentes en un período crítico de la historia uruguaya, sondeando en su orgulloso pasado plástico e intentando una difícil adaptación a los entonces nuevos conceptos, hoy vigentes. Problemática fracción de creadores aislados, desde la que, por necesidad espontánea, Mantero emprende una mirada "no distraída" sobre el mundo y sobre su vida, ya a medias recorrida.

    MARIA E. YUGUERO

    Texto de Alicia Migdal

    Después del dibujo y todavía el dibujo

          Se puede entrar por el color, por la insinuación de una cara humana, por la luz entrevista a espaldas de una figura, por la remembranza de Figari, deliberadamente ingenua y puesta en marcos internos dentro de un marco general. También se puede viajar color, espesor de la materia, búsqueda y huída de las imágenes- desde el cuadro de más pequeño formato al de máxima presencia física. En cualquier caso, el color restallante y al mismo tiempo cálido, el trazo con su huella gestual, la disolución del dibujo y su súbita reaparición, estarán conduciendo al contemplador de esta pintura de Gerardo Mantero por la exposición de sus deseos.
          Sus deseos parecen ser separarse por un tiempo de la precisión del dibujante y de la anécdota inevitable que cuenta el trazo de un dibujo. Así, con la libertad de jugar metiendo la mano en la espesura del color y en el rasqueteo de la materia, Gerardo va encontrando, ya que no buscando, formas primigenias (una vulva, una cara), escenarios estáticos (el pequeño hombre sentado de espaldas frente a una puerta incierta, a la manera del personaje de Kafka "Ante la ley"), cuadrículas y geometrías calientes (los remolinos y los postes que establecen la traza de la mano), el relato de lo sucesivo (los encuadres de "figuritas" o de casi historietas).
         Soltar la mano y ensuciarla de pintura es una nostalgia que puede comprender bien un escritor, que se maneja en el mundo de las palabras, es decir con signos que son siempre intermediarios. Esa nostalgia por un caos inicial en el que las formas van tomando lugar la puede abandonar, cumpliéndola, el pintor-dibujante-pintor.
    ALICIA MIGDAL

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