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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Vladimir Muhvich
1975, Montevideo
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Estudios:
1993 - Taller Clever Lara.
1996 - Mtro. Alvaro Amengual (Taller C.Lara.) / Taller de la Clinica (estudios del desnudo) / Historia del Arte (C.Lara) / Taller de Restauración (Com.Patrimonio Nal.). 1997 - Curso de Grabado (Profs. E. Flores y P. Peralta) Taller Lara. 1999 - Ayte. Depto. de Grabado Taller Lara. 2002 - Dicta clases Taller Lara. Dpto. Grabado. - Dicta clases de Dibujo, Encuentro de Artes Nora Prego. |
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Con frecuencia se torna imponderable la etiología de una metáfora creada por un artista, aun para sí mismo. Sólo un hacer sin cuestionamientos, como expresión de una imagen obsesiva, ritornello de un signo que, anclado en el subconsciente, se manifiesta con voluntad de comunicación. El desconocimiento del origen de la imagen iterativa del hueso, inscripto en un paradójico osario cuyos restos humanos no requieren necesariamente del paso previo del deceso, o juegan a la idea de la muerte en vida, es el punto de partida en la obra de Vladimir Muhvich.
Comúnmente se utiliza la expresión "llegar al meollo del asunto" para figurar el corolario de una exégesis, el logro de la razón última o la causa primordial y desencadenante de una situación. Si el meollo o médula del hueso contiene la materia que preserva su condición vital, diríase que su abstracción conceptual remite a la esencia, la realidad profunda e invisible que articula la exterioridad visible. Claro que la adjudicación tentativa de un sentido basada en giros lingüísticos tiene sólo el valor de una posibilidad, sin embargo, la obra parece buscar la develación de lo oculto, que es justamente el elemento movilizador de todo un sistema encubierto que actúa en el afuera.
Muhvich estructura soportes escultóricos configurados como visiones holísticas o fragmentadas de la figura humana, en los que una vida subyacente se compartimenta y se bifurca en espacios en los que ocurren cosas. Estos planteos son la excusa para la multiplicación de diminutos grabados que parecen alojarse o circular a las veces a través de las celdas. Las concavidades se encubren de delicadas películas de papel virado al tono de las carnaciones, como ligeros tegumentos. Diríase que su obra se estructura en el entrelazamiento de varios lenguajes, escultura, grabado, collage, objetos, con una síntesis final en la que la mirada cumple itinerarios desde el vuelo de pájaro al descubrimiento, detención y fruición de cada instancia. El uso del blanco en la forma soporte, el negro y fino trazo en las impresiones gráficas y el rojo pálido en los collages produce un efecto de conjunto sutil y aséptico, como la cobertura uniforme y engañosa encubridora de lo múltiple.
La observación que exhaustiva detiene la atención en los pormenores, descubre que tan reiterada como el armazón óseo, aparece la imagen del perro. "No muerdas la mano que te alimenta" advierte la sentencia, pero la figura amenazante del perro, a veces humanizado, pesa sobre el devenir como el azaroso ladrón del hueso esencial. El hombre-perro hurta la realidad íntima alojada en el seno más profundo del hombre, desestructurando la solidez de su estabilidad. Perro y hombre alternan o comparten el espacio de aparición, como una forzosa convivencia sine qua non.
Los grabados de gran porte permiten una holgada percepción de las calidades gráficas, si bien la tarea manual y la de concepción de forma y de espacio deben leerse en los términos en que están planteadas según escala, sea la miniatura, sea el tamaño natural, desde la sutil resolución de los pequeños, a los drásticos y definidos planteos de los grandes. La imaginería se reitera obsesiva en un depurado y nítido llamado de atención, formulado en grandes dimensiones como un mensaje cuya escritura se dibuja en fuertes y titulares trazos.
Su pintura, espacio de color con predominio de rojos, azules y gama de intermedios parece colocar a hombre y perro en planos que por indefinidos hacen asequibles uno a otro personaje al haber desaparecido la compartimentación planteada en las cajas, es simple en configuraciones: sólo ambos protagonistas, amenazante y amenazado. Grandes planos de color enriquecidos de texturas o despojados por oposición parecen librar a los enemigos a su suerte, insertos en un campo que, falto de otros referentes iconográficos, se resuelve en espacio vacío angustiante. Las pinceladas definitorias y calificativas del entorno de los personajes generan movimientos aleatorios o demarcan vías de tránsito al desplazamiento latente de ambos actores. Lo estático y lo dinámico, en contraposición que alcanza a la individualidad de perro y hombre, quienes se distorsionan en movimientos intrínsecos, como la coexistencia temporal de varias instancias gestuales, a la manera de Bacon.
Tres planteos formales, esculturas compartimentadas con técnicas mixtas, grabados de gran formato y pinturas son tres lenguajes emergentes de una misma obsesión, inexplicable realidad última, movilizadora en los planos afectivo y plástico. Del volumen al collage y de la gráfica al color, Vladimir Muhvich comunica con la expansiva inquietud del artista joven, ávido de experiencias, atraído por la forma en el plano o en el espacio, como una búsqueda de la mejor formulación o un ansia de multiplicidad sinonímica.
MARIA E. YUGUERO