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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Carlos Nine
Carlos
Nine nació en Buenos Aires, Argentina, el 21 de Febrero de 1944.
De formación
académica, estudió en las Escuelas Nacionales de Artes Visuales Manuel Belgrano
y Prilidiano Pueyrredón, respectivamente. Ha hecho ilustraciones, comics, cine
de animación, pinturas, esculturas y es también autor de libros y obras de teatro.
La sentencia de Giordano Bruno "in tristitia hilaris, in hilaritate tristis" es fácilmente acomodable al estereotipo del humorista integrado al espectáculo que siempre debe continuar, más allá de circunstancias personales. Pero tal vez el reverso del hacer humorístico no sea la tristeza, sino el distanciamiento.
No existe comicidad fuera de lo propiamente humano, habida cuenta de que sólo se ríe frente a un animal o a un objeto, en tanto éstos revistan una actitud o una expresión humanas. Por fuera de esta realidad, el hombre en sí es el único animal que ríe y lo hace con el mismo alejamiento que asume quien genera voluntariamente una situación hilarante. En el trasfondo del humorismo hay una cierta rigidez, puesto que el personaje cómico peca siempre por obstinación de espíritu o de carácter, por distracción o por automatismo. La rigidez reductora a una forma esencial se manifiesta en el aislamiento de ciertas facetas del personaje a despecho de su complejo contexto humano. Este enfoque suele ser un común denominador de la mayoría de los caricaturistas, pero reviste en Carlos Nine un aspecto surreal, jugado a la paradoja emergente de la superposición de tiempos, emblemas, caracteres, especies, culturas, situaciones; en suma: la reinvención absurda de la historia como lógica de propuesta. Bajo la égida de una metonimia personal, el artista releva un elemento significante de sus personajes y procede a elaborar imágenes ricamente sintéticas en su aparente contradicción. Objetivo: un comentario crítico. Lo mordaz de índole ecuménico o particular. Larga galería de personajes universales o locales con carácter protagónico de serie de aventuras (Fantagas, Keko, Saubon, arquetipos cuya paráfrasis formal desborda por extensión plano de la palabra ) o de blancos momentáneos de la sátira.
Se ha dicho que el humorista es un moralista que se encubre bajo el disfraz del sabio, sin embargo, no existe en Nine prédica ni maniqueísmo ético, tan sólo señales indicadoras de la ridiculez del estereotipo. De prioridad erótica, en ocasiones zafia, multitud de personajes exhiben impúdicamente sus emblemas, inocentes en la ignorancia de su ridiculez, a las veces metaforizados en objetos o configuraciones zoomorfas y paradigmáticas, en armónica convivencia de tiempos y espacios. El mundo femenino, la masculinidad y los vicios: nuevo Molière apuntando a lo absurdo surrealista, resuelto en pocos elementos, sólo los necesarios a la formulación de una idea que surge espontánea en una primera lectura y se complejiza en la medida en que cada adjetivo complementario se descubre, para internalizar en el contemplador su rol fundamental, como una construcción en que cada elemento es importante a la sustentación y al carácter del conjunto. Los personajes asumen una seriedad y un empaque que contradicen en forma flagrante el mensaje emitido por el detalle iconoclasta que no para mientes en mitos, instituciones, estructuras, poderes. Doble discurso y pacatería de la cultura occidental, relevada con especial énfasis en el Río de la Plata; el bajo fondo, lo popular y la burguesía tan hipócrita en su moral puritana como en su discurso globalizador de poderes.
En la imaginería de Nine todo es pasible de caricatura, personas, animales, cosas, de donde podría entenderse al artista como el mencionado moralista en vías de un rescate de valores, que en su caso no se redimen por la crítica de lo amoral o lo inmoral, sino por la ausencia de connotaciones satíricas y la simple esquematización de las características formales de un personaje, definido como el continente caricaturizado de un contenido positivo per se. En estos casos la imagen se limpia de dobles sentidos y se carga de una afectividad en que la distancia del artista a su personaje desaparece, en aras de una mirada menos racional y más emotiva. Por lo tanto, siendo la risa la mayor enemiga de la emoción, Nine logra administrar de tal suerte su afectividad, que sus imágenes oscilan entre la expresa intencionalidad de ridículo sarcástico y la emotividad invocadora del recuerdo homenajeado.
No necesariamente la ilustración y el comic se integran al mundo de la plástica, en el entendido de que para estas expresiones y cualesquiera aspirantes a la misma deben existir parámetros estéticos, no cumplidos los cuales los lenguajes podrán alcanzar excelencias, pero adscriptos a otro rótulo.
Sin lugar a dudas los dibujos y pinturas de Nine obran desde la narración, con una fuerte presencia temática y una expresa voluntad ad hoc: larga trayectoria de publicaciones en diarios, revistas y libros de su autoría avala su calidad de ilustrador y caricaturista. Su encasillamiento sería estanco si esta atribución a un lenguaje no fuera sometida a la pregunta: ¿cómo? Composiciones en planteos intimistas de reducidas dimensiones, con diferentes grados de complejidad, emplazan formas equilibradas en su distribución espacial de llenos y vacíos, en estricta observancia de forma y color. Incursionando en las más variadas configuraciones organizadas de línea, entramado textural, relieve, detallada y definida figuración, las propuestas se viabilizan en acuarelas de resolución pictórica, pasteles, carbón, tinta, tizas. Lo erótico, el anacronismo, lo zoomorfo, el absurdo de las síntesis prescindentes de lo superfluo en aras de la composición o de una visión personal, son anécdotas formales que integran con fluidez el universo abigarrado de Nine.
Las orgánicas formas surrealistas adquieren entidad real en el manejo de la luz, ondulando dinámicas en armónicos ritmos. Perspectiva renacentista como una constante respetada sobre el plano y en el tratamiento volumétrico de las escenas, cuidado pormenorizado de tonos y maestría en el dibujo, desde el bosquejo al planteo de extrema complejidad, con frecuencia en cómoda convivencia, siempre organizados dentro de una composición racionalmente ajustada. Las figuras aisladas sobre planos vacíos generan asimismo ficciones de volúmenes en la valorización de los cromatismos, aplicados a seres de naturaleza violentamente anómala, vivida sin afectación, pero con intensidad pasional: pseudo-muñecos, pseudo-animales, pseudo-objetos en ocasiones híbridos de estas categorías, como reducciones de arquetipos humanos. Regodeo en el detalle de los medios húmedos - de por sí sumamente complejos y restringidos a muy pocos artistas realmente solventes - encarados con criterio pictórico, por paciente superposición de capas hasta alcanzar la densidad predeterminada por el artista, arrojando imágenes de tal definición que permitirían deducir una voluntad de desafío a los límites de la técnica.
Esta primera muestra de Carlos Nine en Uruguay, integrada por obras realizadas para los medios y organizada por técnicas en pequeñas series de reducido formato, permite el disfrute pormenorizado de imágenes cuyo realizador ha obrado como distante maestro de muchos artistas uruguayos y cuyo goce ha sido posible sólo en forma mediada para la mayoría de los uruguayos amantes de sus refinadas propuestas.
Si el mundo todo es susceptible de ser reducido a esencias lábiles por la mirada crítica de Carlos Nine, a la manera de un humanista clásico, tal vez la actitud de respuesta a este gran irrespetuoso y afectivo artista capaz de consagrar toda su obra a la magna insignificancia del hombre, sea la de respetar con admiración el hecho de haber formulado sus irreverencias con tan elevado nivel estético.
MARIA E. YUGUERO