sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
  • Texto curaturial
  • Texto de I. Olmedo
  • Inés Olmedo

         Nace en Maldonado, 1961.Desde 1979 al 85 estudia en los talleres de Nelson Ramos, Club de Grabado, Guillermo Fernández, David Finkbeiner (Grabado), en la escuela de decoración de Gino Moncalvo,y egresa del IPA como profesora de Dibujo.

         Expone por primera vez en la Galería Bruzzone, en 1981.La segunda individual es en IDEAD en 1984 y la última en Bruzzone en el 89.
    Participó de varias colectivas, las últimas en el Paseo de la Matriz en el 99 (Vírgenes y Santas, Biombos, Móviles).

          Desde 1989 trabaja como directora de arte free lance para cine publicitario para varias productoras del medio (Taxi, Salado, Mojo, Paris-Texas, Milagrito,Motor, Primer Plano, entre otras) y ficción ("Otario", "Una Forma de Bailar", "Subterráneos").También ha diseñado escenografias para TV (Montecarlo TV Canal 4, TV Ciudad), y para la puesta teatral de "El elogio de la Nieve", montaje de eventos (ZFM)y muestras (Buquebús).Como Director de Arte de Otario ganó el Premio en su categoría en el Festival de Cine de Gramado, 1999.

          Colaboró como ilustradora en los semanarios Jaque , Opinar y Zeta entre el 83 al 89 e ilustró varios libros -Ejerció como profesora de Secundaria entre el 82 al 89, y ha dictado talleres de diseño en Modus y de dirección de arte para cine en la ECU .

          Obra en oficinas de la OEA y del BID,(Washington), Museo Nacional de Artes Visuales y colecciones particulares de Uruguay, Argentina, EEUU y Alemania.

    Texto curaturial

         El fenómeno del decadentismo finisecular ha sido materia de suficiente exégesis, siendo sus conclusiones conducentes, en términos globales, a la idea de saturación por exceso de diversidades. Manierismo y barroco, simbolismo, prerrafaelismo y art nouveau, postmodernismo y kitsch: la contradicción y la evasión en la búsqueda de universos ficticios.
         Dice Inés Olmedo que la contemporaneidad está signada por los proyectos, realizables o irrealizables, especulaciones del imaginario individual o colectivo, evidenciadas en los cánones axiológicos de los actuales planteos artísticos, fundamentados en su concepción, no en su concreción. La creatividad se manifiesta en el fantaseo con carácter de planificación, no en el hacer pragmático, trayendo como resultado el libre desarrollo de notorios talentos y el homenaje indiscriminado a la estupidez enmascarada de novedad.
         Dentro del primer grupo se encuentra la propuesta que nos ocupa: "Proyecto: Cabaret (espacio escénico inviable)". Partiendo de una base real, espacio efectivamente existente y punto de despegue de su vuelo imaginativo, Inés Olmedo especula con ficciones, haciendo gala de su talento como dibujante, escenógrafa y directora de arte, retomando al fin, después de largo tiempo, un lenguaje expresivo que le es propio, por derecho legítimamente adquirido.
         El mundo prostibulario, de mayor o menor sofisticación como generador de fantasías eróticas, fue similar en la Europa de fines del s. XIX y primeras décadas del XX, y en el Río de la Plata, émulo del continente madre, con el aditamento del espíritu "orillero". La artista reconstruye ad libitum el atractivo mundo marginal, execrado, pero fomentado por el establishment, como un aire insuflado al acartonamiento pseudo-ético y una apertura al doble discurso social.
         El planteo formal de la muestra tiene la sintaxis del boceto, la fragmentación de las imágenes sobre el plano a la manera de los bosquejos renacentistas, visiones generales y detalles de una escena. Cada soporte se multiplica en parodias de cuadros vivos, escenografías, arquitecturas e indicaciones manuscritas concebidas como situaciones apologéticas de la apoteosis de Eros.
         Son notorias las citaciones a Ingres y Toulouse Lautrec, integradas a un espíritu general de humor negro, al que coadyuvan el absurdo de las situaciones, la configuración grotesca de los personajes y los textos indicadores. Las siamesas actúan libretadas en formas previa y posterior a la separación de ambas, presentadas en actitudes físicas de inspiración clásica; un caballero salva a una suerte de Andrómeda, apunto de ser violada por un dragón, pero ésta pide clemencia para el monstruo, considerando inoportuna la intervención del caballero; Dánae recibirá la lluvia de oro, amor erótico de Zeus, a través de una complicada cañería diseñada a esos efectos; una prostituta vende ex votos y otra hará equilibrio sobre una barra que exigirá un refuerzo especial debido al excesivo peso de la equilibrista; una ciega canta con recogimiento para un público prostibulario, creyendo hacerlo en una iglesia, puesto que "ojos que no ven…"
         El carácter teatral y las precisiones para la infraestructura de cada número, son una reafirmación del espíritu despersonalizado del mundo del espectáculo, en el que todo es apariencia y la vida individual no cuenta sino para dar vida a la ficción. El tiempo, si bien connotado por elementos fácilmente ubicables en la belle époque, imperio del exotismo y la chinoiserie, se torna indefinible por el marco musical de Enrique Rodríguez y la mención de materiales sintéticos, entre otros factores.
         Una atmósfera felliniana, con resonancias del Decamerón de Boccaccio, hibrida la vulgaridad con la religión, la miseria humana con la sofisticación, enmarcadas en escenarios barrocos o ecléctico-decadentistas, en cuyo tratamiento arquitectónico también podrían atisbar reminiscencias de "Una muerte en Venecia" de Visconti, sobre un cuento de Thomas Mann. Un perfume de perversión o de monstruosidad se desprende de deformidades físicas, decorados, máscaras, disfraces, vestuarios, en tanto la hacedora del proyecto toma distancia desde su mesa de dibujante, ironizando con un material humano-imaginario, cuya maleable riqueza se torna una fuente inagotable de escenas diseccionadas desde el logos, flagrante paradoja de racionalización del absurdo.
         Los dibujos, llevados en ocasiones a escala de boceto del boceto, fluctúan de la línea a la acuarela, con uso sensible de rojos terracota, de intencionalidad manifiesta, en planteo perspectivado dentro de una generalidad pluralizada y un uso casi constante de figuras en repoussoir manierista de formalidades llameantes, a la manera de los ángeles y santos de El Greco. La propuesta, resuelta en términos de dibujo stricto sensu, se plantea espacialmente en un ámbito circular en el que el color rojo, la luz y la banda sonora crean el clima conveniente al espíritu de la muestra. Diríase que la muestra exhibe, en síntesis conceptual, una esencia humana: la búsqueda de la fantasía en la entronización lúdica de un Eros perverso, complaciente con los personajes protagonistas de las escenas, con el espectador de la muestra, curioso observador de la iconografía fantástica del proyecto y con Inés Olmedo, cuya imaginación desbordante juega a colocar al paseante desprevenido frente a un espejo demasiado humano.
         Una especulación que, por basarse en la temática del "oficio más antiguo del mundo", participa de la realidad intemporal, pero escapa de ella a través de la ficción, en la que todo es, sin serlo. Un proyecto estético irrealizable, en donde la obra es el proyecto en sí, el que a su vez, es de hecho una obra cumplida y acabada. Lo aparente y lo real, lo posible y lo imposible, se unen en simbiosis para arrojar configuraciones sorprendentes, atractivas y provocadoras de sonrisas sarcásticas, al tiempo que admirables por su calidad plástica.
         En suma, una ponderable forma de ser actual: paradoja y fantasía disfrutables en una vivisección realizada con profesionalismo, desde una ironía no exenta de cierta compasión.

    MARIA E. YUGUERO

    Texto de Inés Olmedo

          A Montevideo no la conocí verde y con árboles, sino gris, friolenta y resistiendo en silencio. En esa época descubrí que los montevideanos, además del neoclásico, cullivaban proyectos. Todo el mundo tenía proyectos. En el taller de Ramos, los proyectos eran artísticos, en el Sorocabana, delirantes, en el aire había proyectos variopintos. Hacerse ricos, publicar un libro, una revista que publique más de un número, hacerse unos pesos, proyectos de viaje, de trascendencia. En la medida en que fui conociendo gente, generosamente algunos me incluyeron en sus proyectos. En los siguientes veinte años fui asociada, víctima, protagonista o excluída de proyectos propios y ajenos. Hoy la palabra proyecto tiene ese saborcito agridulce que sólo conoce quien ha dejado de-masiados por el camino, pero también significa otras cosas. Por ejemplo, el orgullo artesano de quien se gana la vida proyectando.
    En estos años aprendí también que Montevideo, como Troya, tiene más de una ciudad entre sus muros. Debajo de esa Montevideo neoclásica, de sobria piel, corre un candente río de lujuria subcutánea, que la mantiene alerta y viva. Quizás sea ahí donde residan nuestras reservas de vitalidad, nuestras posibilidades de redención. No en el minimalista discurso de la austeridad, sino en el primi-tivo acoplamiento de las ideas con la voluntad de crear, aceptando que somos ante todo, vulgares mortales destinados a soñar.

         Este proyecto en especial, de un espacio escénico-erótico inviable, pero pensado para una ciudad como Montevideo, es mi forma de reunir pedazos de proyecciones de mi misma y testimonio de esa voluntad casi lúdica de inventar sin el temor de caer en lo ilustrativo, en lo literario, en el arte menor. Dibujo porque es mi herramienta de comunicación. Dibujo espacios, personajes, vestuarios, y acoto como si estuviera proyectando algo realizable porque me divierte trabajar con los imposibles como si fueran materia cotidiana. Dibujo planos y cortes, porque en mi oficio es poniendo medidas que se trasmutan las ideas en objetos. Dibujo porque vivo en un medio pobre, y por una vez quiero danne el lujo de no pensar en presupuestos, en viabilidades técnicas, en límites constructivos.
    Pero este proyecto, por personal que parezca, no hubiera sido posible sin la participación de algunas personas que directa o indirectamente participaron, y a quien es estricta justicia nombrar y agradecerles. A mis padres, por su apoyo, su ejemplo y su infinito amor. A mi hermana, Pepi Goncalvez, por haber dedicado su talento, paciencia y visión a guiarme hasta el ex cabaret de la Plaza Independencia, animarme a cambiar el lenguaje y sobre todo, hacerme cargo del proceso de integración que esta muestra supone. A ella y a Daniel Schwed les agradezco especialmente la música de Enrique Rodríguez. A María Yuguero, que ha sido una curadora inteligente, liberadora, le agradezco haber compartido la irracional confianza en que los dioses harían el milagro de romper un silencio demasiado largo. A mi colega, Florencia Flannagan, por el aporte de su mirada y la idea para el montaje. A Andrea Blanqué, por su empujón decisivo. A Álvaro Pemper y Virginia Patrone, por su calidez y estímulo.
    Agradezco a todos los que han compartido en estos años proyectos conmigo, integrándome a sus vidas, a sus equipos de trabajo, pero sobre todo, a sus propios sueños, que de eso se tratan los proyectos.
    Yen el espacio más íntimo, agradezco amis amigas y en especial a mi hija Julia, a Marcela y a mi gata Pinky.
    Y porque creo que se hubieran divertido con este proyecto, esta muestra está dedicada a la memoria de dos muertos queridos.
    Al Tola Invernizzi, que a mis diez, me hizo el honor de proponerme un proyecto conjunto.
    A R., que no renunció a ninguno.

    INÉS OLMEDO

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