sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
  • Curriculum
  • Texto curaturial
  • Fermín Hontou (a) Ombú

    PRIMER BOSQUEJO
    Sé que lo que hago no está aún sujeto a reglas de armonía de ningún tipo.
    Los dibujos han sido tomados de impresiones y formas vistas en los desfiles y tablados de carnaval, pero están tratados de una forma esquemática buscando llegar a una síntesis de elementos.
    A pesar de esta intención, casi todos tienen un aire demasiado descriptivo.
    Creo (aunque parece estar lejos ese momento) que podría encontrar una forma de estructurar las figuras en el plano, manteniendo siempre grandes espacios blancos y algunos detalles que sean suficientes para sugerir el resto. También habría que buscar una geometría (o algo así) que los traduzca a un lenguaje más abstracto.
    Montevideo, verano de 1980

    Curriculum

    (Montevideo, 11 de septiembre de 1956)
    Comenzó a estudiar dibujo en una Academia dirigida por Esteban Garino (1970).
    Entre 1973 y 1977 estudia dibujo y pintura en el Taller de Pepe Montes. En esos años ingresa a la Facultad de Arquitectura y aprueba Expresión Gráfica en el Taller Cravotto al que asiste durante año y medio.
    También trabaja para agencias de publicidad (1977-1982).
    Entre 1977 y 1979 estudia con Julio Uruguay Alpuy y desde 1979 hasta 1982 en el Taller de Guillermo Fernández.
    Desde1981 publica historietas, ilustraciones y caricaturas en medios de prensa nacionales y extranjeros.
    Vive en México D.F. (1982-1985) y desarrolla su actividad de caricaturista político estableciendo contacto con conocidos dibujantes como Rogelio Naranjo, José Palomo, Carlos Dzib, Helioflores y Rafael Barajas (El Fisgón).
    Estudia serigrafía y grabado en metal con Oscar Ferrando y Héctor Conte en el Club de Grabado de Montevideo (1991) y en 1994 es invitado por Luis Camnitzer a realizar un taller de fotograbado y grabado en metal en Valdottavo, Lucca, Italia.
    En 1995 trabajó brevemente en el taller de litografía del Museo do Trabalho de Porto Alegre, Brasil. Recibió el 1er. Premio del Concurso para Logotipo de la 1ª Feria Nacional de Artesanías junto a Pablo Casacuberta (1990).
    Obtiene el Premio del VIII Salón Internacional de Dibujo para Prensa, de Porto Alegre (2000), con un dibujo editorial publicado en el Semanario Brecha de Montevideo.
    Recibe el Premio Banco Hipotecario en el 49º Salón de Artes Visuales (2001) organizado por el Ministerio de Educación y Cultura.
    Dirige junto a Tunda Prada el Taller de Caricatura e Historieta desde 1993 y desde 1999 editan la revista ALMA ZEN.

    Texto curaturial

          La obra de arte concebida y concretada con probidad, como una emanación de su autor, tendrá sine qua non un carácter universal, puesto que el hombre ve al mundo desde sí, desde su entorno y su cultura identitarios, proyectando así su visión sensible y particular hacia un plano ecuménico igualador en lo humano. Esa obra, generada en ese imaginario y con una observancia cualitativa del talento del hacedor, cumplirá con la fatalidad de asumir una impronta particular.
         La identidad uruguaya, en ocasiones definida por ausencia ante la privación de simples vivencias cotidianas o extrañamiento ante otros colores locales, se manifiesta en un común acuerdo a todos sus naturales: el carnaval. Esta fiesta popular sin duda reviste la magia de la infancia - según Rilke, patria de los hombres -, la ingenuidad deslumbrada del niño, espectador y partícipe entusiasta del color, las luces, el bullicio y la mascarada. Quizá el carnaval, celebración pagana de origen agrícola, es la infancia rediviva en la nostalgia del individuo y de la especie, cuya restallante fantasía pueril se fue destiñendo de tiempo hasta agrisarse en nostalgia y opacarse en visión crítica.
         Fascinación temprana ante el impacto visual y compulsión relapsa por captar fragmentos de esa fantasía, procesada desde la emoción al paladeo visual, han impulsado a Fermín Hontou (Ombú), versátil y destacado dibujante nacional, a disponer de un registro, datado en un lapso de más de veinte años, de imágenes del carnaval uruguayo, panoplia debida tal vez más a "dibujar lo que no se ve o a imaginar lo que se ve". Del juvenil apunte descriptivo a la recreación expresionista y casi esencialmente abstracta en la que sólo perdura un espíritu de desborde, "un carnaval visual", dice Ombú calificando la variedad formal en la que perseveran obcecados el soporte papel y la línea.
         Como un hilo conductor a través de la heterogeneidad distribuida grosso modo en tres grandes períodos, se verifica in crescendo un afán de distorsión formal del arquetipo personificado, enmascarando al arquetipo social. Las caracterizaciones, fácilmente reconocibles en la tradición local, se estilizan geometrizadas u orgánicas en la certera y autónoma línea negra, trazada en un solo movimiento, que se engrosa en pincelada pictórica para dar relevancia a algún personaje y deviene textura acuarelada para demarcar sombras de seudo-realidad en rostros que asumen actitudes por excepción hilarantes, predominantemente abstraídas, silenciosas, a las veces de inquisición o de complicidad hacia el espectador, enfatizadas en la expresión de grandes ojos, a menudo único toque de color. Planos texturados como ornamentos art nouveau fingen vestuarios y zonas o miembros de cuerpos humanos se hipertrofian en detrimento de otros, en tanto la línea escoge violentar barrocamente el plano con efectos de entramado por economía de trazos controlados o jugar espirales o cintas celtas envolventes, permitiendo al personaje una libertad de contorsión que lo acerca a la pura forma, a la manera de ciertos personajes de Klee, de Nine o de Cuevas. Los niños, con su gala de disfraces, parecen ser siempre sorprendidos en actitudes nunca bien avenidas con lo jocoso de las circunstancias, convirtiéndose en excusa para una dramática efusión de color. La composición se complejiza con la pluralidad de personajes, obrando en conjunto formal, pero sólo coexistiendo sobre el soporte, puesto que ejecutantes de acciones independientes y sólo convergentes en la unificación temática. Aun el planteo de cada tipificación responde a diferentes resoluciones, con autónoma concepción de los personajes, concretados en forma más o menos esquematizada, con diferentes prioridades y valorizaciones de la línea ortogonal o curva, o aun sintetizados en sólo pocos elementos calificados por algún atributo emblemático del rol. Estas figuras, antepuestas unas a otras como en ficciones de planos sucesivos o por efecto de transparencia, en ocasiones convergen vinculadas por acciones complementarias.
         El uso del color en la acuarela varía de lo alquitarado a lo restallante y del rescate de lo azaroso del medio líquido a su utilización como pintura, incluyendo salpicados y chorreados. El valor cromático se vuelve prioritario con el transcurrrir del tiempo, tanto como el afán de síntesis esquematizando y fracturando la imagen lineal. Si las configuraciones se deslizan rápidamente hacia una resolución de enfatizado expresionismo y la intensidad del color se agudiza, la forma se condiciona por la eliminación paulatina del pormenor ilustrativo, la vaguedad de los contornos, la interpenetración de fondo y forma, la aplicación de elementos gestuales. El proceso concluye (o se halla) en una quasi abstracción en la que el personaje deviene mancha en paleta subida, diríase que drásticamente disuelto o invadido, alcanzando de esa forma un estado apoteótico en la expresión del desborde festivo, de la extroversión , del descontrol, o más precisamente representando de manera más cabal la visión emotivo-crítica de Ombú.
         Un tercer elemento se incorpora a la línea y al color en esta serie temática, si bien es de uso habitual en las propuestas del artista: los títulos, la frase, los textos, es decir, la escritura en su doble lectura conceptual y formal. Ombú elabora y registra pensamientos autorreferentes, disquisiciones o sólo escuetas palabras, relacionados de una u otra forma con su mundo poético a la postre volcado en imágenes.
         La obra de Hontou se codea con el arte del affiche y su cuotaparte de diseño en su articulación del espacio, por su contundencia e imposición de imagen, su grado de síntesis, representatividad y emblematicidad. Como en el caso de numerosos profesionales adscriptos grosso modo al comic y a la caricatura, los dibujos de Hontou escapan al cliché del "mono", de la figura humana estereotipada o al retrato cuyos rasgos predominantes se exageran con intención humorística. El "dibujar lo que no se ve o imaginar lo que se ve" implica en Ombú el inventar la realidad para que lo imposible se observe a través de prácticas teratológicas, visiones que desdibujan la mesura, ensayan lo inviable para concluir aceptando lo deforme, lo desmedido del mundo real, considerado desde un nuevo ángulo. Sus personajes tienen vida y carácter independientes, ya integrados a una tira, ya planteados como propuesta, en el entendido de que estando "condenado a una forma de ver", Ombú sólo puede ver de una forma tan personal como heterogénea, en la que el arquetipo se distorsiona y contorsiona en forma imprevisible. El efecto producido por sus imágenes es igualmente inesperado y sólo excepcionalmente provoca hilaridad. Humor fino e irónico, el carnaval de Fermín Hontou no exhibe personajes felices, sino enigmáticos de un extraño silencio que desvela una contracara distante del payaso triste y sus vulgares connotaciones. Sólo se trata de "un punto de vista", una forma de ver al carnaval, quizá nostálgica por pérdida de la fantasía y humorística como reverso de una inexorable percepción crítica. El humor a la postre no emanaría del carnaval, sino de una forma de ver al carnaval, transmutándolo en pura visualidad y colocando al espectador frente a una celebración lineal y cromática más propia del exuberante mundo de Ombú que del carnaval propiamente dicho.

    MARIA E. YUGUERO

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