sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
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  • Álvaro Percovich Infante

    Montevideo, 1964

    · Se inicia en fotografía en 1987 en Foto Club Uruguayo (FCU)
    · 1988 - 1990: cursa el Ciclo Básico en la Escuela Nacional de Bellas Artes
    · 1997 - 2002: reportero gráfico / El Observador y revista ELARQA
    · 2004- Seminario con fotógrafo Guatemalteco Luis González Palma en CCE
    · Actualmente es Coordinador General de actividades del FCU e integra su cuerpo docente.

    INDIVIDUALES
    · 1992: Fotografías al paso... del tiempo / Sala Vaz Ferreira
    · 1993: Fantasía entreRocas I / Galería Cinemateca Pocitos
    · 1997: - ...? / Galería Cinemateca Pocitos
    - A contramano / Subte Municipal
    · 1999: Fotoprimavera Montevideo / Subte Municipal
    · 2001: Barra brava / Meridiano
    · 2004: - Un ángel para tu soledad / Ciudad V
    - Fantasía entreRocas II / Imaginario Sur

    COLECTIVAS DESTACADAS
    · 1987-2001/ 04: Salones Aniversario de FCU
    · 1987: 3 Portafolios / Galería Cinemateca
    · 1990: Márgenes de la fotografía / Alianza Francesa
    · 1992 y 1994: - Bienal Municipal de Arte
                          - VI Muestra Nacional de Plásticos Jóvenes
    · 1993: Salón Nacional de Fotografía / Subte Municipal
    · 1995: Contacto Contigo / Galería Cinemateca Pocitos
    · 1999: Una mirada desde el sur / Nueva York
    · 2001: - 49º Salón Nacional de Artes Visuales / MNAV
               - Míralos / Anexo del Palacio Legislativo
    · 2002: - Ojos virando al este / Centro Cultural de La Paloma, Rocha
               - Percovich y Campodónico en vivo / Café El Ciudadano
    · 2003: - UY/el momento que nos tocó / Atrio de la IMM
               - Presencia / homenaje a Dina Pintos / Molino de Pérez
    · 2004: - Proyecto Viene / Estación Central Gral. Artigas
               - RGB color x color / Molino de Pérez

    PREMIOS/OTRAS REALIZACIONES
    · 1994: 1º premio Cooperativa Bancaria
    · 1996: 2º premio Cooperativa Bancaria
    · 1998: Participa en el CD ROM Árbol Veloz
    · 1999: Participa en Montegrafías [fotos en paradas de ómnibus] organizado por la IMM
    · 2000: Realiza el proyecto del libro Una forma de ver, editado por FCU en su 60º aniversario
    · 2003: - Primer premio en concurso Liga Marítima
               - Integra la galería virtual fgmvd : www.fgmvd.com
    · 2004: - Organiza taller de fotografía para Johnnie Walker Talents - Keep Walking
               - Premio Morosoli de Plata / Fundación Lolita Rubial

    Texto curaturial

          Lenguaje de reciente aval teórico, la fotografía transita más de ciento cincuenta años antes de lograr su justo reconocimiento como arte, si bien más que por su potencial estético, por su condición de desmaterializado y de figuración legitimada. Como tal, la foto es narración que seduce especialmente por su esencia mimética, pero sus posibilidades técnicas la hacen un material maleable para múltiples objetivos que varían de lo pragmático a lo refinadamente artístico. La luz como materia prima generadora de forma susceptible de ser impresa, pero acabada en la pura latencia, en la imagen en ciernes, hace del artista un idóneo en el manejo de lo invisible, lo inverificable o sólo aproximadamente previsible. El tan manido "ojo" del fotógrafo continúa reuniendo en sí el talento, la intuición, la sensibilidad compositiva, la elección del momento perfecto de confluencia de todos los factores buscados o provocados y la capacidad de revelación de lo que todos miran y pocos ven. Se trate de ocurrencia fortuita o esperada de circunstancias o de creación escenográfica de un modelo - Salgado o Saudek- el artista conoce los resultados, sabe la reacción de la luz, del color, de los volúmenes, de las masas formales, entendiendo que el peso de la anécdota no supere al de la forma, tanto como en cualquiera de las artes: un informe forense sobre envenenamiento por arsénico es sólo una formalidad médica o policial; el relato de la muerte de Mme. Bovary es una joya literaria de Flaubert.
         Las historias simples de Álvaro Percovich tienen un desarrollo secuencial que transcurre en la intimidad de su mundo sensible. Instancias temporales, afectivas, paisajísticas, geográficas o sencillamente estéticas se suceden con una coherencia legible en lo formal y oculta en la experiencia del autor. La decodificación de estas historias es tan personal y libre que Percovich renuncia a su titulación y cede al espectador la potestad de elaborar sus propios relatos, cosa que, si inevitable en toda acción contemplativa, se hace especialmente evidente en este caso, puesto que la muestra se anuncia bajo el rótulo de "historias simples".
         El relato de esta travesía interior del autor se inicia encarnado en una anónima presencia infantil avanzando en la inmensidad del paisaje rural, bajo un magno cielo azul, imagen simple, exultante de alegre color. Si los grandes planos cinematográficos tienden a anular al protagonista en la despersonalización de la visión de conjunto, aérea o colectiva, la foto inaugural de esta narración no hace sino contextualizar la ingenua alegría en la inmensidad identificada con la profundidad de ese sentimiento: hondo azul aprisionado entre dos claridades, extensa franja de ocres texturados naturales, toques de rojo y blanco centrados. Historias simples de gente simple sobre un fondo de cielo que resalta el color vivo - rojo y amarillo- de los palillos prendidos a la cuerda -línea diagonal punteada- como pájaros exóticos posados sobre una rama, el de un arco -rectángulo cálido- de fútbol barrial y funde el de un mar azul grisáceo cuyo horizonte se disuelve plácidamente en soledad sólo interrumpida por la presencia humilde de un arco oscuro diminuto- un perro- y un pequeño triángulo rojo -una bandera de peligro-. Los juegos cromáticos geométricos se suceden en clave sígnica, restringiéndose luego a la continuidad del azul celeste como fondo de rojos y blancos de objetos cotidianos vivificados por la luz. Y del solaz de los espacios amplios, libres, de cielos plenos y profundos, el tácito hilo argumental pasa a narrar otras historias ocurridas en otros espacios, en otras geometrías esta vez claustrofóbicas, en las que la naturaleza es sólo una sombra, un desolado reflejo, la luz un efecto tamizado y el color un producto artificial. Los espacios edilicios juegan a reflejarse superponiéndose y creando impresiones de espejismo, entre luces mortecinas o artificiales, líneas ortogonales y planos compartimentados y opresivos.
         Como una necesidad de aire, de apertura libertaria, retornan los inmensos espacios abiertos, los horizontes distantes y la historia pasa a ambientarse al atardecer. La presencia humana vuelve a ser apacible, sencilla y cotidiana, ávida de paz y distancia. Rosas, celestes, amarillos, ocres, negros contraluces en grandes planos y variadas texturas que han perdido la rigidez del paisaje ciudadano para satisfacer a ese "ser de lejanías" que es el hombre heideggeriano. Geometría pictórica y luces mágicas. Y a los grandes cielos significantes suceden grandes planos de verdes suelos o grises ámbitos marinos, calificados por diversas luces, texturas e individualidades protagónicas, en un todo de complementación, transferencia de colores y fuerte incidencia de la anécdota debida al magnetismo de la figura humana o animal. La textura y el movimiento cobran especial importancia, tanto como el uso de la línea o el plano diagonales. Quizá la instancia narrativa más realista de estas historias simples.
         Una vez alcanzada la etapa de máxima carga anecdótica se hace necesaria la descompresión o la compensación a través de la imagen quasi abstracta, como una apología de la estricta forma o como una búsqueda de la imagen más distante del significado y más próxima del puro color, la línea, el ritmo y la composición. Si por principio pitagórico el número y la geometría se identifican con la música, esta instancia narrativa diríase una pequeña sinfonía no programática en rojos, amarillos, blancos, negros y grises. Grandes cuadrantes grises son estáticos escenarios donde ocurren fugas hacia imaginarios horizontes, pequeños objetos restallantes, referentes humanos, irrumpen gozosos aportando toques de vivo color en estas escenas que saturan el plano sin ser opresivas, pues la luz del sol es la sonriente bienvenida a estos espacios ciudadanos vistos desde la óptica de la búsqueda formal. Las líneas horizontales, verticales o diagonales devienen protagónicas por turnos, en tanto los cuadrados, rectángulos, conos, triángulos, círculos, puntos imprimen diferentes dinamismos a las fotos y los ritmos se hacen especialmente acusados. Más allá del énfasis formal, parece flotar en estas imágenes una actitud de sonriente invitación a decodificar detalles: una escoba recostada en una claraboya, una manguera en la vía pública, la inscripción "HOMBRES" en letras de relieve en lo alto de la pilastra de un edificio, señalización callejera que semeja una secuencia de gorros cónicos de brujas marcando un itinerario, mientras la presencia humana es utilizada sólo como forma. La narración toca a su fin con una recuperación del espacio abierto, la reiteración de la imagen del tendedero, siempre proyectada sobre la profundidad del cielo, ya solitario, ya agitando la ropa al viento del atardecer, ya poblado de telas coloridas en la quietud de un sol pleno.
         La presencia humana, continua pero tácita en la mayoría de las fotos, es la materia prima argumental de estas historias simples del hombre en su habitat y en el medio natural. Percovich siembra al aparente azar códigos de lectura que permiten al cabo tener una visión de conjunto e hilvanar historias, personales o ajenas, pero regidas por estrictos parámetros de forma y color, como un sutil hilo de Ariadna conductor hacia el desenlace. Parte de la simplicidad buscada por el autor radica en el uso básico de blanco, negro y variedad cromática restringida, completada por valorizaciones y contrastes, el uso ponderado de la composición compleja, la predilección por los grandes planos y la profusión de formas geométricas, reservando la saturación del plano bidimensional para las imágenes edilicias y los espacios abiertos para las referencias protagónicas naturales. Esta muestra, fomulada con una importante carga narrativa, representa una faceta de la obra de Álvaro Percovich, pero también una instancia, puesto que, disponiendo de un amplio espectro de posibilidades en el manejo de la imagen, el artista escoge circunstancialmente la forma de la anécdota más o menos explícita, habiendo en reiteradas ocasiones demostrado su capacidad de expresión en términos de significado más difuso o de referentes más ambiguos. En suma, hoy emprendemos la lectura de breves capítulos de historias pequeñas, cotidianas, humildes pero ricas en color contrastado y en señales-rastros que permiten descubrir interrelaciones, conexiones estéticas y argumentales, detrás de las cuales permanece el autor relatando en silencio, con gestos lentos y discretos sus íntimas historias afectivas.

    MARIA E. YUGUERO

     

     

     

     

     

     

     

     

    H I S T O R I A S   S I M P L E S

    Síntesis* colectiva en capítulos

     

     

     

     

     

     

    * método que procede de lo simple a lo compuesto,
    de los elementos al todo, de la causa a los efectos.

    Á L V A R O   P E R C O V I C H







    Las cosas siempre suelen
    ser muchas más, otras, escondidas,
    habitando al lado,
    calladas.

    Se acumulan en un mismo lugar,
    hasta que algo dice:
    pronto, listo, ya, ahora.
    Y disparan.

    Un animal acostado sobre un campo,
    sin ir más lejos, no está dormido.
    Solo descansa.
    Acaso piensa en otra cosa.
    O está herido.
    Es un cadáver que lleva días
    sobre el pasto, del que han brotado seis
    mil flores, respetuosas.

    Las cosas siempre son
    y han sido muchas.
    Están allí, quietas, y seguirán así.
    Hasta que alguien las mire,
    elija los acentos y las convierta.

    Si intentas decir esto con palabras,
    ellas -esas muñecas rusas desbocadas-
    terminarán ignorando de qué se trata.
    Y tú, te quedas sin nada.

    Como en el amor y tantas cosas,
    al explicarlo, se te escapa.

    F I D E L   S C L A V O

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