Santiago Paulós
Nace en San José
de Mayo, Uruguay (1983).
En 2000 cursa por
un breve período Técnico en Representación de Cómics
(Universidad ORT) dirigido por los profesores Eduardo Barreto y Álvaro
Amengual.
En 2001 ingresa
a la Escuela Nacional de Bellas Artes (donde continúa sus estudios
por dos años) y a la Licenciatura en Diseño Gráfico
(Universidad ORT). Ese mismo año ingresa al Taller de Dibujo
y Pintura de Álvaro Amengual.
En 2002 cursa técnicas
de grabado serigráficas con el profesor Oscar Ferrando (Universidad ORT).
En 2003 recibe su título
técnico de Diseñador Gráfico e ingresa al Taller de Pintura
y Dibujo de Clever Lara durante un corto período.
En 2004 se le otorga el
primer premio de la Batuz Foundation Sachsen y el M.T.O.P, por el cual recorre
los pricipales museos de España, Francia y Holanda.
Martín Solana
Nace en Montevideo, Uruguay
(1979).
En 1999 ingresa al
Taller de Expresión Plástica de Álvaro Amengual y
a la Licenciatura en Diseño Gráfico (Universidad ORT).
En 2002 recibe su
título técnico de Diseñador Gráfico. En este
mismo año realiza diversos cursos en el Foto Club Uruguayo.
En 2003 realiza un
curso de edición audiovisual en Mundo Mac.
En 2004 se
le adjudica el segundo premio de la Batuz Foundation Sachsen y el M.T.O.P, gracias
al cual recorre varios lugares de Europa.
Texto
curaturial para Santiago Paulós
Respondiendo a patrones realistas y continuando con una línea de investigación vinculada a la resolución plástica del retrato - en anterior instancia por la búsqueda enfática de verosimilitud y la tendencia a un cierto tenebrismo - Santiago Paulós despliega en esta propuesta un campo de experimentación de modalidades miméticas mutatis mutandi. Sus personajes continúan anclados en la realidad, pero emergiendo de tondos - retratos de individualidades o polípticos representativos de un personaje observado desde diferentes ángulos - formato reservado al retrato pictórico o fotográfico y a los portarretratos cuya vigencia se extinguió con el s. XIX. Abordaje de un género y técnica caídos en desuso, inserto en un plano atípico.
Una restrictiva paleta baja sigue siendo de preferencia en Paulós. Profusa en tonos de ocre, marrón, amarillo, rojo inglés, propicia por su enfoque el tratamiento en bloques cromáticos sinuosos - síntesis de zonas polarizadas en pocas gradas de una escala - el mapa valorizado del personaje. La luz crudamente esquematizada se transforma en una mancha continua, originada por la soltura de una pincelada lenta pero controlada sobre el rostro-itinerario del personaje. Planos faciales senso strictu por omisión sistemática del torso evitan el planteo frontal, escogiendo el perfil o el escorzo para la representación de actitudes esquivas recortadas sobre densos rojos que, aplicados a la casi totalidad de los fondos, se derraman y penetran en el personaje definiendo con violencia sombras y líneas interiores o de contorno, tanto como cumpliendo un rol estrictamente plástico. La pincelada se percibe como una expresión de placer por la materia, circulando en vectores sobre el plano: una pintura lenta, reflexiva, característica que Paulós ha conservado de su anterior serie junto al uso del chorreado, no tan profuso en esta etapa.
El aislamiento del personaje es total, ceñido al difícil espacio del tondo. Circunscriptos a sus prisiones circulares, tal pareciera que los retratados se asomaran o fueran observados a través de ojos de buey, captados en un primerísimo y casi científico plano, registrando a veces sólo detalles distorsionados como por una lente gran angular o por un zoom. Este acercamiento demarca en forma enfática los recursos plásticos utilizados por Paulós para resolver en un plano de formato complejo un tejido de texturas, gestos matéricos, vectores empastados, ritmos encadenados y efectos de chorreado de uso capital en anterior etapa y hoy aplicados en forma morigerada, pero jugando aún un rol considerable. Una interpenetración de elementos formales actuando como un sistema de fuerzas explícitamente dinámicas pero contrapesadas, efecto de compensación también acaecido en el plano conceptual entre la imagen distanciada del naturalismo en su sentido lato y los títulos con que se orientan las obras. Afán de dominio de la materia, del color y de la forma ejercido con joven prudencia.
En suma, una muestra con que Paulós pone en evidencia su continuada atracción por la figura humana, forma de fascinación por la realidad, a un tiempo que su búsqueda de distanciamiento de ella, marcando una aproximación a la materia pictórica como forma de madurar a través del retrato un lenguaje pictórico propio.
MARIA E.
YUGUERO
Texto curaturial para Martín Solana
El área semántica abarcativa del concepto de "retrato" es en cierta forma inasible si de artes se trata. En este campo específico no existe en rigor límite definible entre la descripción de las facciones de un rostro, su pérdida de definición y su simplificación a ultranza, integrada por los elementos constitutivos de un arquetipo. En el caso específico de la plástica, el significante puede disolverse en la vaguedad de una referencia humana, esbozos de rostros calificados a través del color o de la forma, cuyo sensible tratamiento podría revestir el rol de descripción de un carácter, un estado de ánimo, un sentimiento, una circunstancia, etc.
De un expresionismo violento, restallante y brutal, los "rostros" pintados por Martín Solana se suceden como galerías de personajes extremos. Calificados por atributos distintivos, sus monigotes solitarios o en parejas dialogantes, gesticulantes, aullantes, se conmocionan alelados. En ocasiones devienen calaveras - imagen standarizada de la muerte como negación o rebeldía - símbolo asociado a un universo iconográfico literal por juvenil, espejo de un intenso sentimiento autorreferente. El todo, personajes y fondo, responde a una puesta en valor de la textura, inclusiva con frecuencia de máscaras de carácter simbólico-religioso, de chorreados, aplicados no sólo como recurso plástico sino como personalización de un ícono diferenciado de otro, y de cuadrículas que eventualmente pueden integrar leyendas.
Apasionadas y de elevada temperatura cromática, sus configuraciones entroncan con corrientes estéticas surgidas a partir de la segunda guerra mundial. El uso de escasos colores de fuerte presencia les imprime una tónica de choque y de confrontación con el espectador, magnificada como ex abrupto en los grandes retratos, sostenida en la dimensión más reducida o en las celdillas que, seriadas, alojan a otros individuos disonantes o altisonantes. Toda la propuesta evidencia un afán de decir a voces el estridente color del exceso asociado a una franja etaria: gesticulaciones del espanto, profusión de rojo con su carga de pasión, sangre, violencia y grito; recurso constante al negro, densa negación de la luz, la alegría y la vida. Agudos azules, ácidos amarillos y blancos impuros ocupan asimismo un lugar preponderante, dejando a los naranjas y a los verdes pocas opciones de notoriedad. Pintura de impacto, extroversión estridente de mensajes afectivos, irracionales, apología del descontrol. Sin embargo, una instancia de pormenores revela la búsqueda de equilibrio cromático, afán compositivo que desmiente la apariencia de absoluta espontaneidad y efusión.
Solana no definiría a sus pinturas como retratos, ni como rostros y es probable que no aspire siquiera a lograrlo pero, intuitivo del color como sustancia de la forma y poseedor de una propuesta vigorosa, puede especular ad libitum con extremosas variaciones cromáticas sobre sí mismo con la misma intensidad con que emprende su propia praxis de ser joven.