sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
  • Texto curaturial
  • Gustavo Serrano

         Gustavo Serrano nace en Montevideo el 8 de setiembre de 1966.

         Comienza su formación en el Taller de Bernasconi en el año 1982, la que se interrumpe en el año 1983 por la muerte de Félix Bernasconi.

         Entre 1983 y 1985 en el Estudio de Washington Algaré y José Prieto realiza sus primeros trabajos a nivel gráfico.

         En el año 1986 ingresa al Taller del maestro Guillermo Fernández, de vital importancia en su formación.

         Desde que en 1983 publicó su primera colaboración en el vespertino El Diario, no ha dejado de trabajar en el área periodística, ha sido ilustrador y caricaturista en más de una veintena de publicaciones, entre las que más se destacan Al-ternativa y La República.

    Exposiciones:
    1996 - Exposición Colectiva de 16 Caricaturistas uruguayos en el Atrio de la IMM
    1997 - Exposición en el Museo de la Historieta de Minas de la Fundación Lolita Rubial
              Exposición Colectiva en la Sala de Exposiciones del Teatro Florencio Sánchez
              Exposición Colectiva de Caricaturistas en el Atrio de la IMM, (Montecapturas)

    Texto curaturial

         Su difusión masiva a través de la gráfica periodística en versiones formalmente condicionadas por una temática precisa, su resolución viabilizada en aparentes rutinarias distorsiones o exageraciones y su humor, a veces grotesco, dieron a la caricatura una impronta cotidiana que dificultó su acceso a la palestra de la plástica. No es sino en épocas relativamente recientes que su legitimación como arte le otorgó el incuestionable derecho a ubicarse en el campo de las modalidades plásticas.
         No se trata de un lenguaje pasible de facilismos. La conjugación del humor, la sátira, la inteli-gencia y la calidad estética no es en modo alguno un territorio frecuentado por la mayoría de sus realizadores.
         Hace ya varios años que Gustavo Serrano desarrolla una labor gráfica en prensa, por lo que sus imágenes resultan familiares. Pero este medio limita su campo expresivo en función de la celeridad de producción y del soporte de impresión, por lo que sus dibujos, aun así destacables en este plano, no han podido difundirse en una faceta más libre de su creación, salvo en muestras colectivas donde el nivel de sus búsquedas se demostró en calidades como la de su Edgar Allan Poe, en técnica de pastel, exhibido en el Atrio de la Intendencia Municipal de Montevideo.
         Hoy se trata de conocer su faceta pictórica. Expresionismo no exento de ribetes de intenso dramatismo, a veces patético, a veces grave hasta la solemnidad. Los personajes se toman vías formales, cami-nos que el artista transita a través de caracteres ajenos, esos que irradian efectos hacia la concreción de obras y hacia los estigmas que el adentro imprime en su afuera corporal. Serrano lee rostros, lee sensibilidades otras y las tamiza a través de la suya propia, todo color y forma gestual.
         Libertad en la pincelada que oscila, orgánica, por las orografías de los rasgos y las actitudes. Generosos, casi abstractos y disueltos en lo sinuoso de un medio líquido, ocres, azules, rojos se ajustan y entonan recordando, sólo en última instancia, una faceta satírica que parece desdoblarse en una contracara de paradójica seriedad. Difícilmente pueda su Barradas provocar una reacción de hilaridad, ni su Flaubert, ni su Figari. Estamos ante un planteo pictórico que induce al regodeo y sólo eventualmente a una semántica de connotaciones humorísticas.
         Sin embargo, estos personajes están vivos. Entre espacios de luz y zonas sombrías, los giros expresivos, entonados y gestuales, permiten el surgimiento de figuras aceleradas en líneas o pinceladas-itinerario, fijando una carga vital en el detalle de un rostro que se humaniza desde su síntesis.
         Planteos abstractizantes de gran libertad formal definen actualmente a Serrano como a un artista de evidente sensibilidad colorística, con auspiciosas perspectivas en un discurso pictórico. Desde una estructura dibujística sólidamente fundamentada en años de búsqueda, su obra parece deslizar gradualmente hacia una independencia de la referencia fi-gurativa, como una conclusión natural, una revelación indefectible que debía acaecer para mejor desarrollo de este artista.
         Más que confianza, certeza para esta nueva instancia en la obra de Serrano.

    MARIA E. YUGUERO

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