sala de arte "Carlos Federico Sáez"
 
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Gladys Afamado
Beatriz Battione
Claudia Ganzo
Eloisa Ibarra

"SOLO ARTISTAS"

     "El caos debe resplandecer en el poema bajo el velo condicional del orden"
Novalis

     Existen mundos personales, metáforas de artistas únicos en su individualidad, si bien - y sin que ello implique contradicción - existiendo necesidades e intereses vitales comunes a unos u otros, son de rigor las afinidades temáticas. En tal sentido el llamado universo femenino no es excluyente ni absoluto del quehacer de las artistas - lo cual iría en su desmedro por efecto de un notorio empobrecimiento conceptual - manifestándose de hecho como un énfasis reiterado sobre sentimientos y vivencias de un grupo de mujeres, que no necesariamente coinciden con los de otro. Claro está, existen factores psicológicos esencial o estadísticamente más habituales en un género, razón que no inhibe su aparición en el otro ni exige su presencia sine qua non en la expresión artística: la emotividad y la reflexión son esenciales al ser humano y se vuelcan a la obra de arte, que es en primera instancia forma, por lo que cualquier tópico es válido en tanto su cristalización revista la calidad de arte formulado en un lenguaje personal.
      La muestra "Sólo artistas" integrada por Gladys Afamado, Beatriz Battione, Claudia Ganzo y Eloísa Ibarra propone la ausencia de intereses exclusivistas de género en el campo de la creación plástica, deslizando por múltiples carriles formales y temáticos, sin ceñirse a una axiología restringida a conceptos gazmoños. Cuatro artistas - entre varias, por fortuna - que crean sin intentar ser femeninas ni transmitir un panfleto femenino. El artista, quienquiera y comoquiera que sea, estará siempre contenido en su obra - más allá de su voluntad - si ésta es auténtica. Por otra parte el cliché del universo femenino en el arte radica en su estereotipación tendente a la ñoñería y en su tratamiento formal redundante por falta de imaginación, de un mundo personal y de un discurso auténtico. El arte no distingue entre sus creadores, por lo que la confusión entre femineidad y amaneramiento sensiblero es responsabilidad exclusiva de la conveniente explotación de una imagen edulcorada y de una tácita complacencia.
      Optando por una técnica manual de por sí más exigente que otros procedimientos artesanales de expresión artística, cuatro grabadoras de diferentes generaciones, cuya obra diversa en cada caso transita desde la abstracción a la figuración, escapan a cualquier cliché para denotar valores propios de su individualidad artística. Cotejo de obras concebidas en anteriores circunstancias temporales por figuras relevantes del arte nacional con otras producidas en la actualidad por artistas de una nueva generación dotadas de valores plásticos notorios: a la postre, sólo arte sin énfasis intencional de género.
      La estética contemporánea tiende habitualmente al caos, a la pasión desbordada como expresión del sí mismo o como espejo del mundo, frecuente impudicia de miserias exhibidas gratuitamente como purulencias al sol. Hay sin embargo entidades aisladas, apacibles remansos de armonía que sin violencia, sin aspavientos ni espectáculos hablan con sobriedad, poetizan con mesura y con mensura, liberando símbolos y claves de amplia semántica y auspiciando la percepción serena de una creación refinada. Pulquérrimo es un superlativo latino de orden estético en primera instancia y ético por extensión doxal. Muy bello es su significado primigenio; esmerado, ordenado, aseado, su acepción más común. Semejante adjetivo implica cualidades poco comunes, pero representadas sin embargo en la obra de estas artistas en la que, trascendido el mínimo contenido narrativo explícito, se evidencia la búsqueda de la belleza formal.
      Afamado y Battione, de especial trayectoria en el campo de la gráfica, representan en este caso al importante grupo de creadores nacionales que llevaron adelante durante años la defensa del grabado, convirtiéndose en sus paradigmas. De los años 90 datan estas obras de raíz o desarrollo figurativo, vehículo de mundos personales metaforizados en poéticas narraciones a través de formas vigiladas, sin perder de vista que el objetivo es el arte y no el confesionario per se.
      Afamado, con notable manejo del lenguaje, presenta esta serie de linóleos en que el tema ambiental es la premisa: un llamado de atención sobre la naturaleza, un tácito alegato en su defensa. Grandes masas de color oscuro se estructuran en forma vertical como espacios en que ocurren acciones tácitas o explícitas, formas abstractas o figurativas dramáticas, inquietantes. Quizá ficciones de épicas estelas actuando como vehículo de mensajes extremos. La textura, el grafismo, las siluetas inscriptas en los cúmulos de color neto o abigarrado integran el mundo formal de esta artista. La composición se visualiza en el equilibrio de la imagen ordenada en el plano, que se multiplica fraccionado en dinamismos rítmicos y en sensibles organicidades. Esta serie de grabados corresponde a mediados de los años 90´, época en que también fueron impresos los presentados por Battione.
      La serie del Unicornio de Battione tiene especial belleza, no sólo en razón de la poética implícita en el simbolismo del animal mítico, sino en cuanto a la soltura y el refinamiento de la línea y el color. Los emblemáticos protagonistas de estos grabados, unicornio y figura humana representando metafóricas u oníricas situaciones inspiradas en cuentos góticos o de ciencia ficción, se expresan por la vía del erotismo y reciben un tratamiento formal simple, quasi naïf - desmentido sin embargo por el solvente manejo gráfico. Asociados a ciertas representaciones figurativas de pueblos primitivos, los personajes se describen simultáneamente en su aspecto exterior y en su interior orgánico, híbridos de lo visto y lo sabido, en tanto las líricas imágenes se activan mediante códigos también vinculados al tebeo. Sutil, lineal y con un exquisito uso apastelado del color, un clima feérico se desprende de la simplicidad de las escenas ingenuamente eróticas.
      Ganzo e Ibarra, presentando obra actual, oscilante entre una abstracción ambigua y otra absoluta, generan forma y color de exquisita elegancia, mezcla de intuición y de ordenamiento compositivo. Más esteticistas, pero no menos expresivas, ambas tienden a una mayor mayor síntesis y a un uso restrictivo del color en cuanto a sus variantes.
      Ganzo, proveniente de un lenguaje abstracto senso strictu, ha dado a su obra un giro lúdico, creando imágenes que mediante mínimos elementos plásticos convierten manchas, líneas y collage en figuras humanas humorísticas, suerte de gnomos constituidos en dignatarios, tocados de altos gorros. Netamente recortados, algunos rojos o negros destacan sobre un fondo blanco con sencillez y contundencia, en tanto alguna delicada línea negra define un rasgo o miembro del personaje. Cada plano es un juego de contrastes entre lo liso y lo rugoso, entre la textura impresa y la línea discurriendo sutil, entre el blanco y el rojo. Los frágiles trazos vuelcan a su favor la irregularidad del acto manual, conservando como marca de agua la fineza que ha caracterizado toda la obra de esta artista.
      Más ortogonal y asordinado, Ibarra abre un abanico de variantes en torno a estructuras que se desarrollan apaisadas sobre el espacio bidimensional, entonando con fina elegancia las formas en esencia simples. El planteo horizontal de los elementos abstractos alimenta la percepción imaginaria de paisajes, imágenes distantes de color afectivo, apacibles ensoñaciones o violentos estallidos naturales en visiones subjetivas tamizadas por el tiempo. Sepias, grises, negros, blancos desvaídos parecen ser efecto de un proceso evocativo en que lo onírico se funde al pasado. Sobriedad y refinamiento logrados con escasos elementos plásticos y una cierta fragancia nostálgica en planteos que sólo son abstracciones, pero trascienden el plano estético abriéndose paso hacia las asociaciones emotivas.
      Una estética "pulchra" es quizá el elemento común a estas cuatro grabadoras, habida cuenta de que este carácter se opone al amaneramiento, precisamente en su práctica de orden, contención y armonía. En cada caso la emoción guía la expresión y la razón la contiene con parámetros compositivos, para una serena efusión de la poesía. Ninguna de estas artistas pretende crear imágenes femeninas, tener un estilo femenino, ni siquiera difundir un mensaje femenino, ni menos aun, feminista. Sólo son artistas y relatan su mundo de rica codificación simbólica ceñidas a las pautas que requiere esa condición sine qua non: norma y forma .

MARÍA E. YUGUERO

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