Diego Tocco
Montevideo, 1969.
De formación autodidacta
se dedica al diseño gráfico desde 1988.
Ha diseñado afiches, carátulas de discos y libros, catálogos
de arte y la identidad gráfica para diversas empresas, eventos y productos.
Obtuvo diversos premios en concursos de diseño gráfico.
Realizó la dirección de arte en comerciales publicitarios para
Uruguay y el exterior.
Probablemente
no exista hoy ninguna actividad más vigente y justificada por los intereses
del mercado que la del diseñador gráfico, profesional de la imagen
y de su eco en la psicología popular. La comunicación, objetivo
fundamental de esta actividad, toma en su caso tónica de persuasión
con tintes imperativos, estando desde un principio destinada a segmentos específicos
de la población. Atraer, seducir y vender en consecuencia un producto
descartando otros es en síntesis una profesión que por su actual
poder de convocatoria convierte a sus idóneos en legión, pero
con muy diferentes cualidades y talento.
Se habla del "arte de la conversación",
o del "arte de simular", otorgando al arte elásticas acepciones
de ingenio, inteligencia, ductilidad, artilugio e infinidad de sentidos que
incursionan en cualquier ámbito, incluyendo el de la moral. Evidentemente
la expresión proviene de un tiempo en que todos concebían al arte
como un hacer excepcional, destacable, exclusivo o propio de unos pocos, conceptos
hoy caídos en desuso, lo que convierte a la fórmula en un fósil
o en un significante vacío. Sin duda, en nostálgica aplicación
de esta fórmula muerta se podría hablar del "arte del diseño
gráfico", hallando de tal forma una sinonimia con las expresiones
"el arte de convencer" y aun del "arte de vender", ambas
asimilables al juicio "el diseño es un arte" y distantes del
concepto "el diseño gráfico es arte". Sin embargo, el
sentido de esta formulación se restringe tanto como el la pintura o la
instalación como arte senso strictu, ya que no son la técnica
o el lenguaje sus definitorios, sino otros factores más complejos relacionados
con la forma, la calidad, la creatividad, la sensibilidad, si bien en el caso
del diseño también vinculados con el mensaje tácito o explícito
pero preconcebido sine qua non para que el diseño justifique su existencia
utilitaria.
El diseño gráfico padece hoy el
problema generalizado de la trivialidad, la gratuidad, la iteración,
la metáfora o la metonimia de vuelo gallináceo y la carencia absoluta
de inteligencia, conducente a imágenes que subestiman al individuo común
y degradan o anestesian su gusto, intentando con frecuencia un llamado de atención
mediante el facilismo de la imagen grotesca y el texto zafio. Claro que no es
fácil realizar un diseño efectivo de calidad y menos aun alcanzar
el nivel de arte, considerado in toto como un producto estéticamente
relevante: ícono y textos en unidad pasible de ser apreciada como una
bella forma destinada a comunicar con claridad un mensaje preestablecido, ajeno
por impuesto, pero reconvertido en pura formalidad .
Estas razones arraigadas en la estética
se avienen a la obra de Diego Tocco, diseñador de prestigiosa trayectoria,
merecedor de importantes becas, premiaturas y distinciones nacionales e internacionales,
entre ellas el Premio Fona 1995, y especialmente asociado a la difusión
de festivales cinematográficos nacionales (Cinemateca entre otros), si
bien su campo de realización es tan extenso como es posible: tapas de
libros, de revistas, de discos, afiches, catálogos, logotipos, carteles,
sellos y más. Características formales fácilmente verificables
en sus diseños: capacidad de síntesis, formas puras, priorización
del ícono por sobre el texto; un cierto despojo en los planteos y preferencia
por los colores básicos, en especial los cálidos; presencia del
signo y no de su significado; frecuente incursión en las formas geométricas;
enunciación clara del número; economía limitante del uso
de la figura humana, dosificando la panoplia de sus connotaciones y la densidad
de su peso significante. Menos es más. El poder evocador de las formas
exentas enriquece el motivo, lo hace más atractivo y de fácil
lectura a distancia en el caso del afiche y de mayor seducción en el
caso de imágenes de menor porte. Claridad es tal vez la mejor característica
de la obra de Diego Tocco, nitidez, prescindencia de lo expletivo, forma simple,
atracción por medio del color, reducción de las claves al mínimo
elemento significante y depuración de lo ornamental.
Ciertamente no es fácil la tarea del diseñador,
puesto que, a la manera de los artistas de antaño, mantiene una relación
de dependencia con el cliente, quien en la mayoría de los casos carece
de las más mínimas nociones de estética e ignora los códigos
de la comunicación, entendiendo que su razón contractual le otorga
el derecho de opinar sobre cualquier tema, incluyendo éste. Quizá
por este motivo o quizá por insuficiencia profesional, el diseño
contemporáneo, con honrosas excepciones, es redundante al punto del cliché,
lo cual hace que los escasísimos trabajos creativos se destaquen, concentrando
la atención y mereciendo comentarios en ocasiones aun de los legos avisados,
quienes ocasionalmente perciben en esas imágenes trascendencias o al
menos importantes ocurrencias, aun sin estar capacitados para discernir o reflexionar
sobre el particular. Varios lenguajes plásticos tardaron mucho tiempo
en incorporarse al mundo del arte con la aceptación que hoy espera el
diseño, sobre todo considerando que el mundo contemporáneo es
un mundo estetizado en todos sus detalles, pese a que la concepción de
los diseños carezca en su mayoría de inventiva, sólo sumatoria
de factores heteróclitos yuxtapuestos sin el más mínimo
sentido del buen gusto.
Tocco elige proceder según sus propios
puntos de vista, aun en desmedro de sus intereses particulares, rehuyendo la
moda de lo explícito y apuntando al lujo de la metáfora o a la
inteligencia sensible de la metonimia, actitud que le ha valido la constatación
de numerosos diseños circulantes en el mercado con características
no similares, sino duplicadas de los suyos propios. Cuidadoso de la sintaxis
de sus trabajos, dada la consecuente armonía de los conjuntos y el equilibrio
obtenido por el ordenamiento de los elementos hilvanados como un gran período
redactado meticulosamente con cadencia y ritmo, sus proyectos tienen un carácter
atemporal, lo cual les otorga validez indefinida de interpretación y
autoriza la universalidad de su acceso. La semántica se desprenderá
en forma espontánea por la fuerza del signo y de su peso en el imaginario
colectivo; la pragmática sólo será su consecuencia natural.
Vinculado al universo audiovisual por intermediación
de Pablo Casacuberta, habiendo recibido el bautismo de fuego del diseño
por invitación de Juan Ángel Urruzola para la realización
del afiche del 1er. Congreso Mundial de Icograda en Sudamérica (1997)
y contando desde sus comienzos con el estímulo permanente de gigantes
del diseño gráfico como Ayax Barnes y Carlos Palleiro, Diego Tocco
continúa desde hace veinte años - y desde un imberbe comienzo
- con entusiasmo su actividad creativa, sus planes de gestión, sus proyectos
(siempre numerosos) y su apoyo incondicional a toda promoción que respalde
a la cultura uruguaya: suerte de titán laborioso, se multiplica creando,
asesorando, respaldando iniciativas. Ésta su actividad múltiple
no merma la calidad de sus propuestas, que paradójicamente rezuman orden
y disciplina, sin duda las mismas cualidades necesarias al mantenimiento de
la pluralidad sin menoscabo del detalle. Diego Tocco no ha exhibido sus obras
con la frecuencia deseable, discreción que no ha impedido la divulgación
del alto nivel profesional y artístico de sus trabajos, siempre requeridos
y siempre urgentes. Afortunadamente he aquí una buena oportunidad de
disfrutarlos.
MARIA E. YUGUERO