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sala
de arte "Carlos
Federico Sáez"
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Pablo Viroga
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Melo 17 febrero 1963. En 1987 comienza sus estudios de dibujo y pintura con el pintor Carlos Llanos. En 1994 crea el taller de investigación "Arte constructivo", desempeñándose como docente. En 2001 realiza estudios de grabado con el maestro Edgardo Flores. En 2007 trabaja en la producción cinematográfica "Los veraneantes" como docente de arte en la escuela de cine " Orson the kid", España. Del año 1989 al año 2004 obtiene varios premios nacionales e internacionales. Ha realizado exposiciones individuales en Uruguay, España, Francia y ha participado en exposiciones colectivas en Uruguay, Brasil, Argentina, Francia, Alemania y España. |
Los
mitos metaforizan verdades inherentes al hombre: construcciones arraigadas
en los orígenes constituyen esencia y reflejo poético de lo
humano. Como asunto a desarrollar en diferentes lenguajes expresivos, el arquetipo
de la caída entraña una enorme riqueza de imágenes visuales
y un profundo trasfondo significante, amplio y polivalente, salvedad hecha
de la representación literal de un cuerpo en caída, en su sentido
más lato. Visceral padecimiento por el bien perdido, dolor del hombre
- criatura divina - precipitado desde la altura gozosa de su naturaleza estable
hacia la oscuridad en que habitan los sublevados. Las imaginerías griega
y cristiana han abrevado en esta fuente, tanto como el artista moderno lo
ha hecho trasponiendo el mito a la realidad del individuo común, víctima
de la pérdida de libertad o del extravío de sí mismo
bajo presión del anonimato contemporáneo. Sin duda el hombre
caído metaforizado en imágenes es el titán capaz de dominar
a la naturaleza, pero también de ser vencido por sus leyes darwinianas.
El planteo alegórico del tema cobra dimensiones
monumentales en las pinturas de Pablo Viroga, representaciones del hombre
caído, sorprendido en la instancia de su desplome. Ese hombre ostenta
el carácter simbólico de las muchas formas de pérdida,
fracaso, abandono, sufridos como sujeto individual o colectivo, inmanencia
de un espíritu fatalista del que es testimonio la tragedia griega.
Una serie de pinturas verticales que narran con magnitud de epopeya la derrota
intemporal del sujeto único por invariable. Desgonzados, sus seres
se despeñan apocalípticos en un contexto, sin embargo, distante
y ajeno, deviniendo ellos mismos contexto de una serie de elementos plásticos
relevantes. Dos de las obras presentan personajes detenidos en su caída,
nebulosos, entrevistos, encarando al espectador - ¿mirándose
en él? -, intentando un escape o invocando ayuda a través de
la fina membrana que parece separarlos de quien los observa. Reminiscentes
heroicos de los atléticos personajes de Velicovik, sus gigantes no
tienen sin embargo la disposición activa de aquéllos, o quizá
la tuvieron y fracasaron en su intento de sortear obstáculos.
Cuerpos desnudos, esenciales, crispados, se
inscriben en planos de pseudo películas perforadas distanciándose
de su propia tragedia, puesto que relegados a la mediatización de un
soporte, segunda instancia de representación de una realidad, a la
manera platónica. La idea de imagen fílmica o fotográfica
se refrenda con la compartimentación transversal en instancias rectangulares
equidistantes, apostando al concepto de fotogramas, con lo cual los cuerpos
resultan inscriptos en espacios pautados. Acompañando la eventual curvatura
o simplemente el decurso descriptos por la ficción de film, algunos
de ellos proyectan sus miembros fuera de los límites de ese plano,
pareciendo querer frenar su caída o tal vez escapar a su destino mediante
una expresión desgarrada. Gestos de contracción violenta, de
dolores inauditos, de resistencia inútil, emanan la poesía de
lo inefable tamizada por zonas difuminadas, de carácter casi onírico,
en tanto la imagen de cada obra parece describir una transición descendente
desplazándose desde las sombras hacia las sombras, proyectando sobre
los cuerpos en instancia intermedia golpes de luz deslumbrantes, aunque tal
vez sólo se trate de la representación de una película
transcurriendo en la oscuridad del espacio de proyección o de revelado.
Estos gigantes vencidos, cuya trágica
trascendencia se neutraliza en el planteo mediatizado por la ficción
fotográfica o fílmica - pautada por las perforaciones laterales
y las líneas de separación entre ellos - soportan sobre su imagen
la añadidura de otros elementos plásticos, que por su distancia
conceptual acrecientan el contrapeso a la carga dramática de los personajes.
Boletos de transporte, códigos de barras, inscripciones, especulaciones
numéricas, mediciones áureas, indicaciones relativas a las mismas
imágenes juegan un rol compositivo tan fundamental como cualquier otro
elemento plástico, constituidos en collage, texturas, ritmos, referentes
de un orden tácito.
Cuerpos evanescentes, desaparecidos por zonas
- en especial las anónimas cabezas -, se debaten envueltos en una niebla
agrisada, azulada o rojiza, en tanto algunos detalles se enfatizan a través
de líneas que circunscriben manos, miembros, tendones, huesos. El color
se restringe a gamas de rojos, marrones, blancos, grises, con total predominancia
del negro, planos compactos de sombras sobre los que se desarrolla una epopeya
silenciosa de imágenes translúcidas, ingrávidas a pesar
de su porte miguelangelesco. La estética general es expresionista,
con predominio de mancha, arrastre de materia, ocasionales chorreados, violentos
esgrafiados. Pocos elementos se constituyen en recursos gráficos y
pictóricos - acrílico, sanguina y carbonilla - para una obra
de tonalidad baja, asordinada, profunda tónica emotiva que surge espontánea
de las imágenes titánicas, para distanciarse ante su tratamiento
plástico. Verticales e impositivos, con acelerado ritmo interno denotado
por los límites de cada fotograma, las perforaciones de la pseudo película,
los trazados geométricos, los códigos sígnicos, las tensiones
de los miembros, el acelerado ensanchamiento hacia la base se comportan como
valores compositivos concluyentes en planteos fuertemente dinámicos.
Sin duda es objetivo evidente en las obras una
lectura de evaluación plástica prima facie, aun considerando
su densa carga narrativa, puesto que el dramatismo de las escenas se diluye
ante su batería de recursos tendentes a un tratamiento abstracto de
las imágenes, en que los valores se remiten a forma y color. Sus gigantes
caídos son minimizados en su enfoque axiológico, pues por definición
se trata de pinturas, corriendo parejas con la pipa de Magritte o las banderas
de Jasper Johns. Claro que en cualquiera de estos casos la fuerza significante
del ícono o la proveniente de su planteo compositivo se imponen, tratándose
de estereotipos formales. El mito de la caída tiene, por otra parte,
un notorio peso cultural en Occidente, manifestado en religiones y leyendas,
razón por la cual los titánicos personajes de Viroga - contando
per se con el magnetismo natural de la figura humana - se develan como imágenes
especialmente dominantes en el plano pictórico. Sin embargo el "cómo"
es factor decisorio no sólo para la recepción del mensaje, sino
para el conocimiento del lenguaje pictórico del artista, quien resuelve
su propuesta equilibrando concepto y orden en códigos plásticos.
Obra trascendente como construcción subjetiva
y significante, se articula metafórica con la realidad cotidiana en
imágenes de resonancias mítico - oníricas, representaciones
de sentimientos y emociones del individuo humano confrontado con el medio
e integradas naturalmente al arte. Si Hölderlin sentenció que
los dioses habían huido, librando al hombre a sí mismo, Nietzsche
reivindicó al artista como el único constructor de toda realidad,
suerte de demiurgo hacedor de universos a su imagen y semejanza.